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TERRITORIO NEGRO

El Chicle y el crimen de Diana Quer

El lunes 28 debía comenzar en Santiago de Compostela el juicio por la muerte de Diana Quer. A mediodía de este lunes supimos que se había aplazado hasta el próximo 11 de noviembre porque no se pudo conformar jurado.

M. Marlasca y L. Rendueles
 |  Madrid | 29/10/2019

No va a ser la primera vez, y tampoco será la última, que José Enrique Abuín se siente en el banquillo. Ya está condenado por tráfico de cocaína y por raptar y tratar de agredir a una joven que salvó su vida de milagro. Le llamaban El Chiclé. Ahora ya es el Chicle. Tiene 44 años y el 22 de agosto de 2016 asaltó y mató a Diana Quer, una joven madrileña de 18 años que pasaba sus vacaciones de verano en A Pobra do Caramiñal, en la provincia de A Coruña.

Vamos a reconstruir todo lo que sabemos hasta el momento de ese horrible crimen que se juzgará a partir del 11 de noviembre

No sabemos si lo mantendrá también en el juicio, cuando llegue, pero José Enrique Abuín, alias El Chicle, ya ha declarado en alguna ocasión que mató a Diana Quer casi sin querer

El Chicle es un delincuente curtido, veterano. Tiene 44 años y por ejemplo fue capaz de delatar a varios de sus familiares más cercanos, pertenecientes a un clan conocido en la zona como Os Fanchos, cuando fue detenido por tráfico de cocaína en lo que se llamó operación Piñata. Así, con ese paso digamos tan arriesgado, consiguió ser condenado solo a dos años de cárcel.

En cuanto al crimen de Diana Quer, Abuín primero lo niega, asegura que aquella noche había estado robando gasoil en compañía de su mujer a los feriantes que habían acudido a las fiestas del pueblo. Después, ya detenido admite que mató a Diana Quer, pero dice que fue un accidente de tráfico. Después de robar el gasoil a las caravanas de los feriantes, aquella madrugada, dio marcha atrás para salir zumbando de la zona y notó que golpeaba algo. Se bajó del coche y vio el cuerpo sin vida de Diana.

Y finalmente cuenta una tercera versión, se encontró con Diana, que volvía a casa, entabló conversación con ella, le pidió el teléfono móvil y se originó una discusión entre los dos que acabó con ella estrangulada. Luego, se asustó y la metió en el coche...

Vamos a situarnos en ese momento, con este delincuente detenido el 29 de diciembre de 2017, casi 500 días después de haber matado a Diana Quer. Los investigadores de la UCO se han llevado detenida también a su mujer, Rosario.

Rosario había dicho que no se había separado de su marido en toda la noche en que él mató a Diana Quer, de forma que los guardias civiles (aunque sabían que era mentira), utilizaron esa mentira de la mujer. Si estuviste toda la noche con tu marido y él mató a Diana esa noche, tú eres cómplice, no solo encubridora.

Y se la llevan al calabozo, como a su marido. ¿Qué buscaban los guardias civiles con ese movimiento? Tener una baza para sentarse frente a El Chicle. Abuín había mentido también sobre dónde estaba el cuerpo de Diana Quer. Primero dijo que lo había arrojado a la ría de Arousa; luego, que lo había dejado en un descampado cerca de la autovía AG-11, algo que se comprobó como falso. Había que encontrar el cadáver de Diana Quer para evitar que luego, como ha ocurrido en otros casos criminales, las cosas se complicaran.

Y tener a la mujer ahí encerrada con él fue una baza en esa partida de mus o de ajedrez que los investigadores mantienen con el asesino, que no acaba de doblarse como dicen en Galicia. La estrategia funcionó. Los guardias civiles, especialmente un oficial que ha tratado con los peores asesinos de España, primero le hicieron ver que su mujer lo tenía complicado. Podía ser acusada de complicidad en la muerte de Diana. Quién cuidaría entonces de la hija del Chicle y Rosario, con los dos en prisión. Después de casi dos días así, digamos en esa batalla psicológica, la Guardia Civil da un paso más. A las diez y cuarto de la noche del 30 de diciembre de 2017, le dicen a El Chicle que su mujer ha sido liberada y que vuelve a casa.

Y apenas 80 minutos después, el Chicle responde a ese movimiento. Desde el calabozo avisa al guardia civil. Va a contarle dónde está Diana Quer. Y esta vez va a decir la verdad

Primero quiso hablar con su abogado, al que le preguntó si era cierto que Rosario ya no estaba en los calabozos. Y solo entonces, a las doce menos veinticinco de aquella noche, dijo que había tirado a Diana Quer a un pozo de agua dulce tapado con una arqueta que había dentro de una nave abandonada en la parroquia de Asados, en Rianxo, muy cerca de donde viven los padres de El Chicle.

Entonces, los guardias civiles y El Chicle van a esa fábrica abandonada, que algunos jóvenes usaban para hacer botellón a veces y otros para tener encuentros íntimos, y les marca el lugar donde está la arqueta y el pozo, pero allí no se ve nada

Los Guardias Civiles tienen que llamar a sus compañeros de la unidad subacuática, que son los que esa madrugada encuentran casi a diez metros de profundidad el cuerpo sin vida y desnudo de Diana Quer, al que El Chicle le había colocado dos bloques de adobe con un peso total de 18 kilos y medio unidos por un cable para que el cuerpo se hundiera.

Y ese hallazgo, el del cuerpo desnudo de esa chica, es la prueba principal contra El Chicle en el juicio en el que no está acusada su mujer, que por cierto rompió con él cuando ya estaba en prisión

Rosario no cometió ningún delito en esta historia. La investigación de la Guardia Civil comprobó que su teléfono móvil no salió de su casa la noche del crimen de Diana. Ella, tampoco. Se quedó en su casa con su hija y sus dos cuñados, que entonces vivían con ellos. Eso sí, Rosario mintió a la Guardia Civil, encubrió a su marido, y le dio una coartada, algo que no es delito en España. Lo hizo posiblemente por miedo, aunque no era la primera vez que lo hacía, y en asunto tan grave o casi tan grave como el de la desaparición de Diana Quer.

En enero de 2005, la hermana gemela de Rosario, que se llama Vanesa y tiene entonces 17 años, acude a denunciar que su cuñado, El Chicle, la ha violado. Cuenta que mientras ella esperaba el autobús, su cuñado ha pasado con su coche y se ha ofrecido a llevarla al banco para sacar un dinero que tiene que entregarles. Ella sube al coche y El Chicle la lleva a un descampado cercano a una pequeña ermita. Allí saca un cuchillo de 20 centímetros que le pone en el pecho. Le quita el teléfono móvil, algo que luego repetiría en sus ataques, y la viola. Antes, le ordena que se desnude y se ponga un camisón, un picardías azul de su hermana, de la mujer de El Chicle. Después de violarla, la mujer contó ya entonces que la había amenazado. Si cuentas algo, te mataré y te tiraré a un pozo... Algo que parece casi una profecía de lo que hizo luego con Diana Quer

Pero esta chica, 17 años, es muy valiente. Y denuncia a su cuñado. Y El Chicle es detenido entonces, en 2005. Ocurren entonces cosas que hoy resultan incomprensibles y desgarradoras, aunque alguna vez hemos oído historias similares

Vanesa se lo contó a dos de sus hermanos y a sus padres. También a Rosario, la mujer de El Chicle. Pero ella decidió respaldar a su marido. Contra todas las pruebas, porque no fueron a ningún banco ni le dio ningún dinero, que era su coartada. Su mujer dijo que era falso y le dio una coartada. Y aquí interviene una pareja de psicólogos que hace un informe para el juzgado, tremendo, donde apuntan que la víctima no tiene ninguna credibilidad y que la víctima en esta historia es

El Chicle, que muy pronto queda en libertad y vuelve a casa. Su cuñada Vanesa desapareció de ese entorno durante algunos años, pero luego regresó a la zona. No hay que perder de vista que El Chicle era, entre otras cosas, integrante de un grupo de delincuentes conocido como Os Fanchos.

Y en el año 2017, ya detenido, El Chicle sigue insistiendo en que lo de su cuñada fue falso, que es inocente. Con esa baza también jugaron los investigadores de la UCO. Su mujer le había tapado ya en aquella historia y ellos lo sabían, pero a El Chicle, que niega ser un violador, tanto en el ataque a Diana Quer como en el de su cuñada, le hicieron creer que aquella historia antigua no les importaba, que ellos habían llegado a Galicia desde Madrid para resolver el caso de Diana y que ese viejo asunto de su cuñada era un caso cerrado para la justicia.

Era falso. El caso se ha reabierto en un juzgado de Noia, porque, contra lo que El Chicle y algunas otras personas fueron diciendo, su cuñada Vanesa no retiró jamás su denuncia por violación durante todos estos años, y ahora el asunto se ha retomado. Posiblemente Abuin será juzgado en el futuro por aquella violación enterrada en el pasado.

Volvamos a 2016. La noche del crimen de Diana Quer. Son las fiestas en A Pobra do Caramiñal y esta chica, 18 años, vuelve a la casa de verano donde están durmiendo su madre y su hermana pequeña...

Diana va sola, tiene algo de miedo, se sabe porque lo escribe por whatsapp a uno de sus amigos en Madrid. Tiene que cruzar por un descampado junto a una antigua discoteca, pasa junto a las caravanas de los feriantes que han acudido al pueblo. Y en ese momento un hombre que va en coche la llama y le dice, así lo contó ella en su whatsapp: "Morena, ven aquí". Le explica a su amigo que está acojonada y califica al hombre como "un gitano". Su amigo desde Madrid le contesta: "Y tú qué le has dicho". Ya no hay respuesta.

Diana no llega a casa y las investigaciones descubren muy pronto que es una desaparición de alto riesgo. No se ha llevado dinero, ni cargadores para el móvil, ni ropa... Es una chica joven y guapa, la señal de su teléfono móvil la sitúa volviendo a casa, muy cerca... No hay huellas de frenadas en la zona, no ha habido ningún accidente de tráfico... Y las primeras huellas son las del teléfono móvil de Diana, el recorrido que hizo después de que a ella se la tragara la tierra.

Esas huellas del teléfono móvil muestran que Diana tuvo que subirse a un coche, viva o muerta, no se sabe entonces aun, claro, porque el teléfono va dando señal, va pitando en puntos muy alejados en pocos minutos, nadie puede hacer esas distancias andando.

Diana y su móvil están parados tres minutos cerca de su casa, donde la atacan. Allí tuvo que ocurrir el secuestro de la joven. En apenas once minutos, desde las 2.47 hasta las 2.58 de la madrugada, el teléfono de Diana sale del pueblo y llega a la autovía junto a Taragoña, donde su móvil, un IPhone 6 de color blanco, muere y deja de dar señal (un mariscador lo encontrará allí, en la ría, el 27 de octubre). Es decir, alguien se ha llevado a Diana en coche hasta esa zona al menos. Luego, su rastro se pierde.

Y allí interviene una parte digamos tecnológica de la investigación, formidable. Se miran millones de datos de teléfonos móviles buscando otro móvil que hiciera un recorrido gemelo al de Diana. Su dueño, sería el secuestrador

Se miran también todas las cámaras de seguridad del tramo de la autovía que va de A Pobra a Rianxo, los coches, que no son más que puntos de luz muchas veces... Pero la ciencia, la tecnología, a veces también engaña. Cuando los investigadores ya tenían a El Chicle en la retina, por su historial con su cuñada, por su pertenencia a un grupo de delincuentes, porque estuvo en el lugar del crimen aquella noche, porque su recorrido era parecido al del móvil de Diana, la ciencia les desmonta esa posibilidad.

Esto es tremendo, los informes de los repetidores de telefonía móvil indican que El Chicle salió con su móvil del pueblo, de A Pobra, por otro lugar diferente al que salió el móvil de Diana, por otro recorrido, dan señal en repetidores distintos...

Fue un mazazo para los investigadores, que perdían a su principal sospechoso. Así lo entendió el juez, Félix Alonso, que en abril de 2017 decidió archivar provisionalmente el caso porque no había indicios para acusar a nadie. El Chicle era ya el principal y casi único sospechoso y los teléfonos, se dijo, entonces, no engañaban y le descartaban.

Pero los guardias civiles de la UCO siguieron teniéndole en su retina, como dicen ellos. No lo olvidaron. Incluso le seguían día y noche. Y El Chicle, un delincuente de sangre muy fría, hizo un movimiento astuto.

Había colaborado con la Guardia Civil para condenar a algunos familiares suyos por tráfico de drogas y presumía de ayudarles en otras operaciones. Fue a verlos y les dijo que le estaban siguiendo, que si podía correr peligro... En realidad, fue a enterarse de si había algo contra él.

Los guardias se lo comunican a sus compañeros de la UCO, que deciden intentar con El Chicle lo que tiempo después harían con Ana Julia Quezada en el caso del niño Gabriel. Van a mandarle mensajes falsos a El Chicle a ver si se confía y da un paso en falso.

Utilizan a esos guardias civiles a los que El Chicle conocía de años atrás para decirle que él no es objetivo de nada, que esté tranquilo, que creen que el sospechoso es de Madrid... Pero El Chicle no se mueve, sigue haciendo su vida. No comete ningún error hasta las navidades de 2017, cuando asalta a otra chica joven que sale de una discoteca en Boiro. La intenta meter en el maletero, la empuja, le quiere quitar el móvil. La chica se aferra a su teléfono y sin querer, con su pecho activa la grabación que fue una prueba contra él en el juicio en que le condenaron a cinco años y un día de prisión.

Los guardias civiles que están investigando a El Chicle conocen la noticia del ataque a una chica en Boiro. Escuchan la grabación y se dan cuenta que la voz es la de su objetivo, la del asesino de Diana Quer. Lo detienen el 29 de diciembre de 2017 y logran que les lleve al cuerpo de Diana Quer. Ahora, en el juicio por ese crimen, lo que se va a discutir sobre todo es si El Chicle violó o no a Diana.

Parece evidente que el asalto tuvo un móvil sexual, pero no hay pruebas digamos científicas determinantes. Después de casi 500 días sumergido, el cuerpo de Diana estaba saponificado como dicen los forenses. La autopsia mostró que había sido estrangulada y tenía rotas algunas vértebras, pero no se encontró ADN del Chicle por decirlo sin entrar en detalles. Sí que hay indicios de ese ataque sexual. El cuerpo de Diana fue arrojado desnudo a un pozo, junto a su tanga. En el agua, junto a ella, está una brida plástica de unos 47 centímetros de longitud, que su asesino le colocó alrededor del cuello. Las acusaciones sostienen además que El Chicle pasó mucho rato en la fábrica abandonada, donde había varios colchones viejos, y que allí estuvo, con Diana atada y sometida, desnuda, antes de matarla y arrojarla al pozo.