Cuando llega el verano, los hospitales españoles no bajan el ritmo: cambian los paisajes, se vacían las aulas y las calles se llenan de sol, pero dentro de muchas habitaciones hay niños que siguen peleando, esperando, curándose. Y ahí aparecen ellos: los voluntarios, esa energía luminosa que consigue que una tarde de hospital se parezca un poco más a una tarde de vacaciones. Desde Juegaterapia acuden todos los días para hacerles las tardes más amables, incluso crean una playa artificial para que estos niños no se queden sin esa experiencia: “Playaterapia se ha montado en nuestras oficinas centrales en Madrid. Allí los críos entran y simulamos que están en la playa. Es una manera de acercarles a lo que van a poder disfrutar de verdad cuando estén buenos”, ha indicado María Andrés Pérez, coordinadora de voluntarios de Juegaterapia en el hospital de La Paz.
Esas manos que acompañan convierten el juego en una forma de cuidado, de respiro y de alegría. “Los voluntarios no podemos perder la sonrisa porque nosotros, al fin y al cabo, venimos para alegrarles el día. Cuando alguna vez flaqueamos avisamos a otro compañero, nos damos una vuelta, respiramos y volvemos con lo mejor de las sonrisas”, ha explicado Pérez en ‘En la onda’.
Con videoconsolas, actividades, imaginación y mucha cercanía, ayudan a que los niños hospitalizados se olviden por un rato de batas, tratamientos y pasillos. Pero estos voluntarios también son aire fresco para los padres: “Cuando van viendo cómo se ríen, nos dicen que se van a tomar un café o hacer un recado, incluso interactúan los padres entre sí mientras los niños están jugando”.
