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Por qué ver maratones de series puede afectar a tu memoria, atención y capacidad crítica

Expertos de la Universitat Oberta de Catalunya destacan el riesgo de no ser conscientes de nuestro consumo y dejarnos llevar por el algoritmo, cuyos patrones generan un fenómeno de 'memoria de pez' y 'efecto túnel'.

ondacero.es

Madrid |

Mujer viendo una serie
Mujer viendo una serie | Freepik

Las plataformas de streaming ya son parte de nuestro día a día, muchas veces las consumimos de manera inconsciente y con 'atracones' de temporadas enteras, comportamientos que nos podrían afectar cerebralmente. Investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) advierten sobre dos consecuencias preocupantes asociadas al uso intensivo de servicios de streaming: la llamada 'memoria de pez' y el 'efecto túnel'. Ambos fenómenos, explican, tienen un impacto directo no solo en los procesos cognitivos —como la memoria y la atención—, sino también en la manera en que los espectadores construyen su criterio cultural.

La primera consecuencia: la 'memoria de pez'

La profesora Elena Neira, especialista en comunicación audiovisual e investigadora del grupo GAME, señala que la 'memoria de pez' describe la dificultad recurrente de los usuarios para recordar lo sucedido en temporadas anteriores de una serie, especialmente cuando estas se estrenan con largos intervalos de tiempo. Según Neira, este vacío de memoria está estrechamente relacionado con los estrenos en bloque y el consumo maratoniano de contenidos, un modelo que las plataformas han consolidado.

Neira, investigadora interdisciplinar en distribución de contenidos audiovisuales en plataformas de streaming, como Netflix, Amazon Prime o MAX, explica que "ver muchos capítulos de golpe influye sobre dos procesos básicos sobre los que se construyen nuestros recuerdos".

Por un lado, "afecta a los procesos de codificación de la memoria que lleva a cabo nuestro cerebro cada vez que recibe una nueva información de interés, a los efectos de almacenarla correctamente y poder recuperarla más tarde". Y, por otro, se pierde el proceso de enlazar esa información con lo que ya está presente en la memoria, ya que "comentar la serie, reflexionar sobre ella mientras esperas la siguiente entrega, leer artículos, etc todas estas actividades contribuyen a cimentar la memoria a largo plazo sobre bases más sólidas porque las conexiones entre esos estímulos recién recibidos y el backup de tu cerebro son más fuertes". Cuando el espectador se entrega a un maratón, Neira concluye que "las conexiones son más débiles y, por tanto, es mucho más fácil olvidarlas".

Además, añade, esto impide lo que los psicólogos denominan 'efecto de memoria espaciada'. "Los que han intentado preparar un examen el día antes a toda prisa seguro que han podido constatar cómo la memoria juega malas pasadas cuando se trata de recordar mucha información que has almacenado en poco tiempo", ejemplifica. Así lo prueba un estudio de la Universidad de Melbourne realizado en 2017 con tres grupos de espectadores, que confirmó que quienes veían un episodio al día o uno por semana recordaban más y mejor que quienes lo hacían en atracón.

Desde la neuropsicología clínica, Juan Luis García Fernández, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigador del grupo NeuroADaS Lab, confirma que este olvido no es casual. "No es que tengamos mala memoria, sino que estamos saturando el cerebro con demasiada información, sin darle tiempo a procesarla bien".

Explica que "para que algo se nos quede en la memoria a largo plazo, necesitamos prestarle atención, entenderlo, relacionarlo con otras cosas de nuestra vida y vincularlo con aspectos emocionales". Pero si se consume contenido en modo maratón o mientras se hacen otras tareas, "ese contenido no se consolida en la memoria, y se olvida rápido". Por tanto, se pierde la implicación necesaria en el procesado y almacenamiento, y "aunque tengamos algo de información almacenada, tampoco la podremos recuperar de manera correcta. Es un poco como comer muy rápido sin saborear: al final, no recuerdas ni lo que has comido", añade el experto.

Efecto túnel

El segundo fenómeno, el 'efecto túnel', tiene que ver con cómo el algoritmo de las plataformas condiciona lo que vemos. Neira sostiene que "el streaming ha originado un nuevo modelo de espectador, activo en el consumo y pasivo en la elección, a pesar de tener libertad absoluta para elegir". Y apunta directamente al papel de los algoritmos: "La personalización algorítmica no deja de ser un filtro que hace predicciones sobre lo que cree que va a gustar".

García Fernández lo explica desde una perspectiva cerebral: "El 'efecto túnel' ocurre cuando, al usar plataformas acabamos viendo siempre lo mismo o muy parecido, sin explorar otras opciones del catálogo". Esto responde a una tendencia natural del cerebro a repetir patrones que ya han funcionado: "Buscamos ver cosas que nos gusten, y qué mejor manera que cosas parecidas a las que nos han gustado", apunta.

Esto se refuerza por el sistema de recompensa: "El poder tener delante títulos o imágenes que nos llamen la atención activa el sistema de recompensa del cerebro, especialmente una sustancia llamada dopamina, que está asociada al placer y la motivación". Además, "nuestro sistema atencional selectivo, mediado por las redes atencionales frontoparietales, está interferido por la motivación y las experiencias previas", y tiende a enfocarse "en lo que espera que le va a gustar, y deja fuera lo que considera irrelevante". Todo esto, concluye el experto, genera esa especie de "visión en túnel, donde solo vemos una parte del catálogo, la que el algoritmo nos sugiere, pero también la que más encaja con nuestros gustos".

Algoritmo o voluntad propia

García Fernández distingue entre dos tipos de atención: la dirigida por los algoritmos (bottom-up) y la voluntaria (top-down). "Este tipo de atención es de tipo bottom-up, es decir, del catálogo de títulos que nos gustan, al buscar, algo 'resalta' por encima de lo demás, una serie que hemos escuchado, que hemos visto promocionada, o cuyo título o cartel de promoción nos pueden gustar, y ahí le damos al play". En cambio, la atención voluntaria requiere esfuerzo y se activa "cuando decidimos conscientemente buscar algo nuevo, comparar opciones o explorar el catálogo".

Según el neuropsicólogo clínico, "la plasticidad cerebral depende de las cosas a las que nos enfrentamos y a los nuevos aprendizajes que tengamos en nuestra vida". Ver contenido similar no la bloquea por completo, pero sí puede limitarla: "Si todo lo que vemos es predecible, la adaptación a nuevos retos y aprendizajes se reduce". Y añade que ver contenidos fuera de la zona de confort "también permite activar regiones frontales relacionadas con el pensamiento crítico, el aprendizaje de nuevas informaciones, e incluso potenciar nuestra reserva cognitiva".

Como escapar

Ambos expertos concluyen que "hay que recuperar el control. Espaciar el visionado, elegir de forma consciente, explorar más allá de lo sugerido y comentar lo visto mejoran tanto la experiencia como la salud cognitiva. Porque ver menos, y mejor, también es una forma de resistir. Y quizá así, dentro de un año, sí recordemos lo que pasó en la temporada anterior", sugieren.