Las ONG se encuentran en una calle sin salida. Según revelan los datos, desde el año 2020 ha bajado el número de donaciones a organizaciones dedicadas a la ayuda humanitaria. Concretamente, este último año solo se ha recaudado el 29% de los ingresos necesarios para salvar millones de vidas.
En el programa La Rosa de los Vientos, conducido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola, han abordado este tema de la mano de Patricia Rodríguez Blanco, periodista y experta en relaciones internacionales. Como explica, este declive se puede deber a múltiples razones, como los recortes masivos en la cooperación internacional o las campañas de desinformación, aunque recalca la importancia del cierre en 2025 de la agencia estadounidense USAID. "El gran golpe se produjo en el año 2025 con el cierre de USAID, que era el mayor donante del mundo. Aproximadamente sostenía como el 40% de la inversión en la ayuda oficial al desarrollo", explica. La situación, cuenta, es realmente preocupante.
Un retroceso histórico en la mortalidad infantil
Las cifras son alarmantes. Según los datos expuestos, en el próximo año podrían morir 4,8 millones de niños en el mundo, frente a los 4,6 millones del ejercicio anterior. Es la primera vez en mucho tiempo que la cifra aumenta. El propio Bruno Cardeñosa resumió la magnitud del impacto: "La crisis provocará 22 millones de muertes más entre las previstas de aquí a 2030, cinco millones cada año, algo así como una ciudad como Madrid".
En 2025, las ONG necesitaban 45.000 millones de euros para atender emergencias humanitarias globales. Solo han conseguido recaudar el 29%, el porcentaje más bajo registrado. "La retirada de fondos ha sido tan abrupta que ha habido que priorizar qué crisis se atienden y cuáles no", explicó la periodista. Y detalló un ejemplo demoledor: "Se retiran fondos para asistir a las personas que están en fase tres de inseguridad alimentaria para dárselos a los de fase cuatro y cinco. Es decir, le quitas recursos a los que tienen hambre para dárselos a los que tienen todavía más hambre".
El impacto no se limita a las cifras macroeconómicas. Solo en 2025, 31.000 trabajadores perdieron su empleo en ocho grandes ONG internacionales, varias agencias de la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja. "Cerrar una clínica significa dejar a miles de personas desatendidas", advirtió Rodríguez Blanco. Durante un viaje reciente a Kenia, pudo observar una consecuencia directa de los recortes: "Lo primero que me sorprendió es que no había vacunas de polio. Los niños que estaban naciendo en Kenia no estaban siendo vacunados por los recortes".
El retroceso en vacunación y prevención sanitaria puede tener consecuencias transfronterizas. La periodista recalcó que "los virus no necesitan una visa para ir de un país a otro", recordando las lecciones aprendidas durante la pandemia. En países como Kenia, la suspensión de campañas de inmunización convierte la situación en "una bomba de relojería".
Un futuro incierto
La crisis financiera de las organizaciones no gubernamentales coincide con un clima de hostilidad creciente. Rodríguez Blanco cuenta que "hay enormes campañas de desinformación no solo contra las ONG, sino también contra el sector humanitario, a los que se les tilda de corruptos y de ineficaces". Paradójicamente, insistió, el sector es hoy más transparente que nunca: "Es el momento en el que más auditadas están las ONG, se mide exactamente qué se invierte, cómo se invierte y qué impacto real tiene en vidas salvadas".
La periodista barrunta una situación "aún peor para este 2026". "Las previsiones es que en 2026 va a continuar esta tendencia", reconoció. El lado positivo, apuntó, es que algunos gobiernos africanos trabajan ya en estrategias de soberanía sanitaria para reducir la dependencia exterior.
La periodista apeló a un cambio de enfoque público como solución principal. "Es fundamental recuperar el relato de la solidaridad global e incluir en el debate público que la ayuda oficial al desarrollo salva vidas. Pero además, en un mundo interconectado, todos nos beneficiamos", explica. La advertencia es clara: sin una reacción política y social, la actual sangría de la ayuda humanitaria no solo agravará el sufrimiento en las regiones más vulnerables, sino que terminará afectando a la estabilidad global en su conjunto.

