Durante la homilía de la misa celebrada en la isla italiana de Lampedusa, una de las principales localizaciones de llegada de migrantes a Europa, el pontífice estableció un paralelismo entre la crisis humanitaria en el Mediterráneo y la parábola del buen samaritano. También advirtió que la indiferencia, los intereses económicos y la falta de políticas eficaces continúan alimentando el sufrimiento de quienes emprenden la peligrosa travesía en búsqueda de un futuro mejor lejos de sus países de origen.
León XIV señaló que el drama migratorio está marcado por factores como la corrupción, la pobreza o la exclusión, pero también por la pasividad de aquellos que consideran que este problema "no va con ellos" y por quienes obtienen beneficios del sufrimiento ajeno.
Durante la celebración, el papa recordó especialmente a aquellas personas que han perdido la vida intentando llegar a las costas europeas. Asimismo, agradeció a los habitantes de Lampedusa su hospitalidad y solidaridad mostrada hacia los migrantes que han llegado a la isla a lo largo de los años.
Un llamamiento a Europa
El pontífice reclama a Europa una estrategia común que haga frente a esta crisis humanitaria y permita acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, y que al mismo tiempo impulse el desarrollo de sus países de origen con el fin de reducir las migraciones involuntarias y forzadas.
También advirtió de que la actividad turística no debería fomentar la indiferencia hacia aquellos que arriesgan sus vidas en el Mediterráneo y animó a construir una sociedad más unida, basada en la solidaridad y la empatía hacia los demás.
La visita concluyó con un reconocimiento al trabajo de las autoridades, las fuerzas de seguridad y las organizaciones humanitarias que operan en Lampedusa, así como un comunicado dirigido a los propios migrantes, de quienes destacó su capacidad para seguir hacia adelante a pesar de las dificultades que les ponga la vida y de ayudarse mutuamente en las circunstancias más complejas.

