El Ministerio de Sanidad ha anunciado que el Gobierno ha llegado a un acuerdo con la OMS para que el MV Hondius, el barco en el que hay pasajeros contagiados de hantavirus, haga escala en las Islas Canarias, en cumplimiento "del derecho internacional y del espíritu humanitario".
Según el mismo comunicado, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) está realizando un "examen exhaustivo" del barco para ver qué personas tienen que ser evacuadas en Cabo Verde. El resto llegará a las islas dentro de tres o cuatro días, aunque todavía no se sabe a qué puerto.
Una vez en las islas los pasajeros serán examinados, atendidos y trasladados a sus países. El comunicado señala que es una operación conjunta entre la OMS y el ECDC y que se evitará "todo contacto con la población local". Este protocolo será dado a conocer "tan pronto sea definido".
El crucero tiene que llegar a Canarias porque "Cabo Verde no puede realizar esta operación" y las islas son "el lugar más próximo con las capacidades necesarias" y España tiene "una obligación moral y legal de auxiliar a estas personas".
La OMS cree que la infección se produjo fuera del crucero
La Organización Mundial de la Salud ha dicho que la hipótesis más plausible es que la infección de hantavirus se produjo fuera del crucero en el que se declaró el brote infeccioso que ha causado tres muertes, mientras que 147 personas permanecen en la embarcación que está frente a la costa de Cabo Verde.
"Teniendo en cuenta la duración del periodo de incubación del hantavirus, que puede oscilar entre una y seis semanas, nuestra hipótesis es que se infectaron fuera del barco", dijo la directora de prevención y preparación de epidemias y pandemias de la OMS, Maria Van Kerkhove.
Prohibir el desembarco de enfermos no es ético
El infectólogo Eduardo López ha explicado a Carlos Alsina en Más de uno que la enfermedad suele comenzar con síntomas similares a los de una gripe, pero a los pocos días puede derivar en un compromiso pulmonar y cardíaco severo, lo que explica su elevada tasa de mortalidad, que según López está "situada entre el 30% y el 35%, comparable a la de la fiebre amarilla". En Argentina se registran entre 37 y 100 casos al año, principalmente en zonas rurales o boscosas del suroeste del país.
