Como en las relaciones abusivas, en la que el abusador culpa a la víctima mientras oscila entre la violencia y las palabras bonitas, para que vuelva a bajar la guardia, Marco Rubio ha venido a Europa este fin de semana a revitalizar la relación con EEUU. El secretario de Estado de Trump se mostró mucho más educado en Munich, que el vicepresidente Vance el año pasado. Esta vez no nos insultó. Venía a tranquilizar después de las últimas broncas trasatlánticas.
Un día te humillo, te insulto y te amenazo con invadir Groenlandia, otro te digo sonriendo que tenemos que recuperar nuestra relación. Un tóxico de manual, vaya. "No buscamos separarnos", dijo Marco Rubio al auditorio europeo en la Conferencia de Seguridad de Munich. El trumpista más diplomático dice que EEUU cree que Europa debe sobrevivir y "renovar la mayor civilización de la historia".
¿Reconciliación o manipulación? La lista de perjuicios contra Europa es larga. Donald Trump ha amenazado con anexionarse Groenlandia por la fuerza, impuesto aranceles a los aliados que se han resistido, insultado a la UE de mil formas, acusándola de haberse creado para 'joderles' (palabra presidencial). Y ha reducido la ayuda estadounidense a Ucrania prácticamente a cero, con guiños a Putin incluidos; además de los constantes ataques contra la UE por la regulación de sus amigos de los gigantes digitales.
En psicología lo llaman refuerzo intermitente. Alternar insultos y agresiones con cariño, disculpas y promesas. Así mantiene a la víctima confundida y emocionalmente dependiente, porque nunca sabe qué esperar. Y, cuando baja la guardia, vuelta a empezar.
Y el trumpismo insiste en que si no les obedecemos corremos el riesgo del supuesto 'borrado de la civilización'. Eso que Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea, criticaba ayer como el 'euroataque de moda'. Ayudar a que Putin gane en Ucrania o amenazar con invadir Groenlandia, muy civilizado no parece.
Rubio vino a Munich a decir que quiere Europa fuerte. No es un cambio. Es más de lo mismo. En el diccionario trumpista, fuerte significa que la quiere blanca, cristiana y nacionalista. No quiere una Europa democrática, independiente y plural. Quiere, sobre todo, obediencia al trumpismo.
¿Moraleja?
Una civilización que no defiende la democracia
no es reconciliación, es una falacia

