Por si quedaba alguna duda de que las cosas no están saliendo como Trump había planeado, sea lo que sea lo que significa planear para alguien tan impulsivo, Estados Unidos se está planteando levantar las sanciones a millones de barriles de petróleo iraní. Aun así, los mercados bajaron ayer, después de mucho vaivén.
Cómo no van a bajar. El mensaje que lanza Trump al mercado levantando sanciones al petróleo iraní, más que tranquilizar a los mercados por la liberación de barriles, inquieta por lo desesperado que resulta. Tan desesperado que está dispuesto a enriquecer al enemigo que intenta ahogar para poder seguir atacándole.
Está dispuesto a enriquecer al enemigo que intenta ahogar para poder seguir atacándole
Pero Trump insiste en que esta guerra está casi ganada. Qué digo casi. Ganada ya. Que no durará mucho. O sí. Y pide apoyos a los aliados. Bueno no, ahora dice que ya no.
Antes una palabra de Trump tranquilizaba a los mercados. Decir que la guerra había terminado, fuera arancelaria, energética o militar, bastaba para calmar las bolsas. Los inversores le atribuían al presidente el pragmatismo de un hombre de negocios. Ya no. Trump insiste en que la guerra durará poco, pero los mercados no se fían.
Dice Anne Applebaum que al mundo le ha costado muchos meses aceptar que tengamos un presidente de EEUU que no piensa estratégicamente. Ni históricamente, geográficamente ni siquiera racionalmente. No relaciona sus acciones de un día con sus consecuencias semanas después. Ni siquiera previó que atacar el Golfo puede descontrolar el precio de la energía. Ni eso.
Intentamos darle sentido a sus actos con sesudos análisis sobre aislacionismo e imperialismo. Que si la doctrina Monroe, que si neopopulismo. Y no tiene más estrategia que sus impulsos. A ver, que es el presidente que aumentó los aranceles a Suiza porque no le caía bien su presidente, pero los redujo después de que unos empresarios suizos le regalaran un Rolex.
Hacerle la pelota tenía más sentido cuando sus acciones parecían seguir una lógica. Pero su comportamiento se ha vuelto tan arbitrario que los aliados, y los mercados, empiezan a dudar que sirva de algo. Para qué, si en semanas, o en horas, cambiará de idea sin pensar en las consecuencias.
¿Moraleja?
Crece el temor de crisis energética
Quitarle sanciones a Irán es una medida patética
