Las dos súper potencias se lanzan aranceles al rostro, generan inquietud, la confianza retrocede y las inversiones se paralizan.
Las bolsas son las primeras en dar la alerta pero los sectores tecnológicos, acero, automóvil, textil, notan también el impacto y puede llegar a los productos agrícolas y se puede incrementar los cereales.
Los productos que China no pueda vender en EEUU los desplazará a Europa, por lo que habrá más competencia para la industria. Habrá menos ventas a China, lo que supone problemas para Alemania, y por tanto para los proveedores españoles. Y con la devaluación de la moneda china, las 15 mil compañías españolas asentadas en el país asiático verán recortar sus resultados.
