Fernando Ónega se despidió de los micrófonos el 1 de septiembre de 2022. Hoy, tras su fallecimiento a los 78 años, aquellas palabras adquieren un significado especial. No fue una retirada abrupta ni forzada. Fue una decisión meditada, íntima y coherente con su forma de entender la vida y el periodismo.
Tras más de 30 años en Onda Cero y más de cuatro décadas de análisis político diario en la radio, el cronista de la Transición decidió que era el momento de "recordar que se puede vivir".
"Es un momento dulce y triste al mismo tiempo porque he cometido un acto de supremo egoísmo", confesó aquel día en Más de uno. Acababa de cumplir años y, acompañado por la canción Me olvidé de vivir, de Julio Iglesias, llegó a una conclusión que resumió con su habitual ironía: "Me he olvidado de que había fines de semana, me he olvidado de que había puentes. No he disfrutado de un solo puente en toda mi vida".
Ónega explicó que se había mandado un mensaje a sí mismo: "Querido Fernando, necesitas recordar que se puede vivir. La radio es muy bonita, pero la radio era muy esclava, muy permanente".
Su voz llevaba sonando a diario desde mayo de 1978, cuando inauguró el comentario político en Hora 25. Desde entonces no dejó de analizar la actualidad, primero en la SER, después en la COPE y finalmente en Onda Cero, donde fue director general en dos etapas y uno de los pilares de programas como Protagonistas, La Brújula o Más de uno.
"Siempre se puede volcer"
Carlos Alsina recordó aquel día que llevaba pronunciando su nombre todos los días desde 2005. "Es un nombre, una voz, una forma de ser y una forma de entender la actualidad", dijo entonces. Y Ónega, fiel a su modestia, restó épica a su despedida: "No le pongas puertas al campo. Lo importante es saber que siempre se puede volver".
En aquella conversación repasó su primer artículo, publicado con 13 años en La Noche de Santiago, sus entrevistas adolescentes en El Progreso de Lugo y su histórico papel durante el 23F como director de informativos de la SER. También dejó una declaración que hoy suena a legado: "No soy mayor, tengo los años que tengo. Y me encuentro en uno de los mejores momentos de mi vida".
Habló entonces de sus proyectos, de su voluntad de impulsar la llamada "revolución sénior" y de dar voz a los mayores desde 65YMÁS. No se despedía del periodismo, solo del micrófono diario.
Aquella frase con la que cerró su intervención sigue resonando como una despedida elegante y luminosa: agradecimiento, cariño y la puerta siempre abierta a la radio que fue, hasta el último día, su verdadera casa.

