En Mäs de uno Pamplona hemos querido hoy analizar las causa de las últimas avalanchas de nieve que se han cobrado varias vidas en las últimas semanas en los Pirineos y para ello, hemos contado con Sergio Gutiérrez, especialista del GREIM de Pamplona, los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil.
Según explica Gutiérrez, la situación no se debe tanto a una acumulación extraordinaria de nieve como a la mala calidad del manto nivoso. Este año la nieve llegó antes de lo habitual y lo hizo con temperaturas relativamente suaves, lo que provocó la formación de una base débil y de baja cohesión. Posteriormente, nuevas nevadas de mejor calidad cubrieron esa capa inestable, creando lo que los expertos denominan una “capa débil persistente”, invisible a simple vista y extremadamente peligrosa.
Esta base permanece bajo capas más compactas y puede fracturarse con el simple paso de una persona, desencadenando avalanchas difíciles de prever incluso para montañeros experimentados. A diferencia de las avalanchas de placa provocadas por el viento —más visibles y evitables—, este tipo de aludes no ofrece señales claras en el terreno, lo que explica que haya afectado tanto a personas expertas como a aficionados.
El especialista del GREIM advierte además de un factor añadido: la influencia de las redes sociales, que muestran imágenes atractivas de esquí fuera de pista y actividades de riesgo, generando una falsa sensación de seguridad. Muchas personas se lanzan a la montaña con buena forma física y técnica deportiva, pero sin el conocimiento necesario sobre meteorología, tipos de nieve o análisis del terreno.
Gutiérrez insiste en que la montaña exige algo más que preparación física: requiere formación, información y prudencia. Recomienda consultar siempre los boletines de aludes, extremar las precauciones a comienzos del invierno y, si es necesario, renunciar a la actividad o darse la vuelta. “No pasa nada por volver al coche”, subraya.
En cuanto a la seguridad, el GREIM recuerda la importancia de llevar siempre equipo de autosocorro: detector de víctimas de avalanchas (DVA), pala y sonda. Estos elementos pueden marcar la diferencia en los primeros minutos tras un sepultamiento, ya que el margen real de supervivencia rara vez supera los 18 minutos. Sin este material, las probabilidades de rescate con vida son mínimas.
Por último, Gutiérrez reconoce la tensión que estas situaciones generan también en los equipos de rescate, que trabajan en condiciones extremas y asumen riesgos elevados. Su mensaje final es claro y contundente: la prudencia salva más vidas que la experiencia o la forma física, y ninguna actividad en la montaña justifica poner la vida en juego.
