Vista Bella no es solo un barrio, es un pequeño universo urbano con alma de pueblo, una Ciudad Jardín surgida entre los años 40 y 60 en el este de Murcia. Ahora, su historia y su esencia quedan recogidas en el libro 'Vistabella. Ciudad Jardín', obra de Rafael Fresneda y Rafael García Mira, dos vecinos de infancia que decidieron rendir homenaje a ese lugar que los vio crecer.
Habíamos vivido nuestra infancia allí. Eso fue lo que nos impulsó a escribirlo
Un barrio con raíces profundas
El libro —resultado de cuatro años de investigación— ofrece un recorrido por los orígenes y evolución de Vistabella. Incluye documentación histórica, planos originales, fotografías inéditas y testimonios de vecinos. Todo ello configura un retrato íntimo de un barrio construido con un propósito muy definido: ofrecer viviendas dignas y una vida comunitaria armónica a familias trabajadoras.
El proyecto fue una promoción directa del Ayuntamiento de Murcia, algo único en la ciudad. Los arquitectos municipales José Luis León y Daniel Carbonell diseñaron el barrio con esmero, dando lugar a una mezcla equilibrada de casas bajas unifamiliares y bloques en altura, siempre rodeados de zonas verdes.
La Plaza de los Patos, corazón del barrio
El eje vertebrador de Vistabella es su mítica Plaza de los Patos, una especie de plaza mayor donde se concentraban los juegos infantiles, la iglesia y servicios municipales. “Era como un pueblo dentro de la ciudad. No necesitábamos salir de allí para nada. Íbamos ‘a Murcia’ solo cuando cruzábamos al centro”, recuerda el autor.
Este diseño, inspirado en el movimiento de las ciudades jardín de finales del siglo XIX, apostó por un urbanismo amable, rodeado de huerta y con jardines cuidados al detalle. De hecho, el Ayuntamiento llegó a traer a un jardinero desde el Parque del Retiro de Madrid para diseñar la vegetación de la zona.
Un modelo de vida
Más que un barrio obrero, Vistabella fue hogar de una clase media modesta pero estable, integrada mayoritariamente por funcionarios y empleados públicos. “Con el sueldo del padre y la madre en casa, se sacaba adelante una familia numerosa. Era una vida sencilla, pero digna”, dice Fresneda.
El Ayuntamiento también cuidó la convivencia: se seleccionó cuidadosamente a las familias que entrarían a vivir allí. El resultado fue una comunidad cohesionada, con sentido de pertenencia y un entorno urbano pensado para perdurar.
Vistabella hoy
Pese a los cambios inevitables, Vistabella ha sabido envejecer con dignidad. Muchas de sus estructuras originales se mantienen, al igual que parte del arbolado, con especies como el exótico Ginkgo Biloba. Aun así, sus autores reconocen que el barrio necesita cierta renovación, especialmente en su jardinería.
“Echamos de menos el mimo con el que se cuidaban antes los jardines, pero Vistabella sigue teniendo alma”, asegura el autor.
Una memoria necesaria
El libro Vistabella. Ciudad Jardín se presenta como una obra necesaria para entender no solo la historia de un barrio, sino una parte fundamental de la Murcia del siglo XX. Coincide con el 70 aniversario de Vistabella.
