"Alcalde, ¿cuándo ya no estemos en esta responsabilidad me darás tu cuaderno de notas?" Le decía machaconamente cada vez que le veía anotar concentrado una idea, una reflexión o una visión en cada reunión que teníamos.
Y es que rara vez lo hacía, rara vez anotaba en su cuaderno, ya que casi todo iba en dosieres o a pie de página, en discursos o documentos anexos en los que escribía concienzudo y con permanente vocación de profesor, corrigiendo y matizando.
Contrario a aquel personaje de Unamuno en su novela "Niebla" que decía ¡No metáis en la cabeza lo que os quepa en el bolsillo! Ballesta era un cráneo privilegiado, preparado y entrenado en las ciencias, pero aún más si cabe en las humanidades. Con la capacidad para recuperar cada aprendizaje y lectura para el momento justo, para la palabra adecuada y la instrucción concisa y clara sin necesidad de llevarlo escrito o anotado.
¿Sabéis esa sensación de calma de quien escribe y rasga en el papel con reflexión, pero decidido, analítico y clarividente? Pues así escribía Ballesta en su cuaderno de notas.
Mientras desde el otro lado de la mesa yo alargaba la mirada e intentaba adivinar leyendo del revés lo que esperaba a la ciudad, lo que quería de la vida futura de los murcianos o simplemente lo que sentía en ese momento.
Alcalde ¿me darás tu cuaderno de notas? Y el me miraba por encima de las gafas con media sonrisa, enigmático y paternal.
Ahora se, que me dio mucho más que su cuaderno de notas. Me dio su confianza para largas conversaciones con las que aprendí de cada reflexión. Me dio ejemplo incontestable de trabajo permanente por los demás, me enseño que los valores deben ser inquebrantables y además hay que transmitirlos. Me dio espacio y dirección para ejercer la responsabilidad desde la mañana a la noche con tolerancia al fracaso, pero exigencia para el éxito. Me enseño que el bien común es un objetivo compartido sin mirar régimen ni condición. Me dio grandes consejos de vida y de experiencias vividas.
Me dio lecciones impagables de entrega a los demás, de respeto y amor a la familia, la suya y la mía.
Ballesta anotaba en su cuaderno de notas y yo prestaba más atención a lo que el escribía sin saber que mientras tanto realmente lo que ocurría es que yo estaba recibiendo enseñanzas y valores que no están en un cuaderno de notas, que están en la cabeza, en el alma y en el corazón. Frases repetidas que me acompañan permanentemente como la lección oportuna para cada decisión.
Ahora sé que soy yo el que le debe un cuaderno de notas, notas infinitas de agradecimiento, respeto y admiración.
Lo mejor de todo es que no sólo yo lo pienso. Es que he visto con mis ojos que los murcianos de su alma lo han despedido con la misma sensación que la mía y además lo han dejado escrito en miles y miles de notas anónimas que reconocen la referencia vital en la que se ha convertido Ballesta para la historia de la ciudad.
Portavoz del gobierno del Ayuntamiento de Murcia
Teniente de alcalde y concejal delegado de Movilidad, Gestión Económica y Contratación.
José Francisco Muñoz Moreno

