Con Puri Cánovas

Más mujer: María Teresa Marín, 22 años al frente del Museo Salzillo: «Yo hablo mucho con él»

La catedrática de Historia del Arte y directora del museo murciano repasa en Más mujer, con Puri Cánovas, su vocación temprana, los retos de conservar la imaginería barroca y el reconocimiento nacional que vive Salzillo con la exposición de Valladolid

Julián Vigara

Murcia |

María Teresa Marín, directora del Museo Salzillo de Murcia

La sección «Más Mujer», que cada quince días conduce la colaboradora Puri Cánovas dentro de «Más de uno Murcia», ha tenido esta semana una invitada de excepción: María Teresa Marín, catedrática de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, experta en gestión documental de museos y directora del Museo Salzillo desde hace veintidós años.

Marín recordó cómo se aficionó al arte siendo niña viendo a su tía estudiar con sus enciclopedias y gracias a los profesores que tuvo en el colegio, una pasión que sus padres no entendieron al principio —«¿a dónde vas?», le decían— pero que con el tiempo aplaudieron. Curiosamente, de pequeña ya visitaba el Museo Salzillo con sus compañeras de clase y no perdía detalle de la procesión del Viernes Santo, sin imaginar entonces que años después acabaría dirigiéndolo.

Una institución que depende del público

Sobre la gestión del museo, la directora reconoció que no ha sido un camino fácil. El Museo Salzillo depende en gran medida del público y de la taquilla, por lo que las crisis económicas y la pandemia de COVID le afectaron de lleno, aunque celebró que los últimos años «están siendo buenos».

Marín, que también imparte clase en la Universidad de Murcia y ahora coordina el máster de Educación y Museos, defendió con firmeza la necesidad de acercar el arte a la infancia. Lamentó que muchas familias no tengan el hábito de visitar museos, aunque percibe un cambio: en la reciente Noche de los Museos, el Salzillo se llenó de familias y niños. También reivindicó el valor de pagar una entrada modesta —«3 o 5 euros»— cuando fuera de España nadie protesta por hacerlo.

Para enganchar a los estudiantes nativos digitales con el Barroco, la catedrática apuesta por proyectos de innovación educativa que trasladan la materia a las redes sociales: este curso, sus alumnos han elaborado «Instagram ilustrados del siglo XVII» e incluso ejercicios de «tiktokers de museos».

«Yo hablo mucho con él»

Uno de los momentos más entrañables llegó al hablar de Francisco Salzillo como persona. Preguntada por qué le diría si pudiera tenerlo delante, Marín confesó con naturalidad: «yo hablo mucho con él». Explicó que en la biblioteca donde trabaja se detiene a menudo ante el retrato del imaginero y le pregunta, en sus proyectos, si le gustarían o no. De su figura destacó su genialidad y su enorme capacidad creativa al frente de un taller del que salieron tantas obras maestras.

La directora también abordó el temor que siente cada Viernes Santo cuando los pasos salen a la calle: su mayor miedo es que se caiga un paso, algo que solo ha ocurrido una vez, con la Verónica, hace más de un siglo. Restó dramatismo al desgaste de las tallas —«están pensadas para eso»— y subrayó el trabajo de la conservadora Amparo Muñoz, que elabora informes antes y después de cada procesión. Entre las imágenes que más la emocionan citó el Prendimiento, la Caída, la Cena, la Dolorosa o el San Jerónimo de la Catedral, aunque confesó su debilidad por su propio paso como cofrade del Huerto.

Salzillo, de Murcia a Valladolid

La entrevista coincide con un momento dulce para la proyección del imaginero. El pasado 4 de mayo se inauguró en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid la exposición «Salzillo. El instante detenido», una muestra comisariada por el conservador Miguel Ángel Marcos que reúne 26 obras —más de medio millar de figuras— y que permanecerá abierta hasta el 23 de agosto. Entre las piezas cedidas viaja el paso del Prendimiento, que allí puede contemplarse «en redondo». Marín recordó que el año pasado el San Juan de Salzillo ya brilló en el Museo del Prado y reivindicó que el museo vallisoletano consideraba a Salzillo «un capítulo que le faltaba», hasta el punto de programar dos muestras seguidas dedicadas a La Roldana y al murciano.

Pese a todo, la directora cree que en la Región aún no se valora del todo la magnitud del artista: «a veces no somos conscientes, en Murcia, del gran artista que tenemos». Antes de despedirse, lanzó una invitación abierta a visitar el museo «para disfrutar del arte de un genio».