El 17 y 18 de septiembre de 1936 se produjo uno de los sucesos más importantes y, a la vez, más dramáticos de la historia contemporánea de Extremadura: tras el golpe de estado fascista del 17-18 de julio de ese mismo año, dos meses después, los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por las tropas del ejército golpista. Tras una resistencia inicial, la población y las fuerzas de la república no pudieron hacer frente ante el avance de las tropas fascistas por la provincia de Badajoz. La columna de la muerte fue tomando la misma desde el sur, con el objetivo de ocupar todos los pueblos y sembrar el terror con miles de asesinatos en nuestra región, persecuciones, etc. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte, huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchas personas huían de sus pueblos por sus ideas políticas y su militancia y compromiso, tanto político, sindical, como social; otras simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba a muchas de ellas.
Formaron lo que se denominó ‘la columna de los 8000’: el primer gran éxodo de personas que provocó el golpe de estado y la posterior Guerra Civil. La columna la conformaron, sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas, andando y cargadas con algunos enseres en carros y animales. La mayoría iban desarmados. La huida fue a través de un centenar de kilómetros, partiendo desde Valencia del Ventoso y pretendiendo llegar al enclave republicano de Azuaga, una de las pocas zonas de la provincia que no había sido ocupada aún por el ejército fascista, y donde podían estar a salvo.
Cuando estaban ya cerca de la libertad, la columna fue atacada en un paraje cercano a Reina y Fuente del Arco, siendo asesinadas más de un centenar de personas. Tras este ataque, muchos miembros de la columna acabaron huyendo de nuevo hacia sus pueblos, donde fueron asesinados, y unas 1.200 personas de la columna fueron hechas prisioneras y una buena parte fusiladas en los días y semanas posteriores a su captura.
Sin embargo, a pesar de que estos hechos forman parte, junto con la matanza de Badajoz, de uno de los sucesos represivos más importantes de la Guerra Civil, estos hechos pasan desapercibidos para la mayoría de la población extremeña, sobre todo para los más jóvenes. Pero esto no es casual, ya que hasta ahora ha sido silenciado por los distintos poderes y sus instituciones, los de antes y los de ahora, intentando que un manto de olvido, injusticia e impunidad cubra nuestra historia popular extremeña.
Esto, unido a que Badajoz es la segunda región del país con el mayor número de personas asesinadas por el franquismo (en torno a 14.000 son las víctimas extremeñas y 12.000 las pacenses) y a que en la actualidad todavía más de 13.700 extremeños y extremeñas continúan desaparecidas en cunetas y en fosas comunes, hace que sea necesario poner en pie iniciativas para reconstruir nuestro presente a través de nuestro pasado.
En pleno 2026, 90 años después de este hecho histórico, nos encontramos ante el auge de mensajes reaccionarios e incluso de negacionistas de nuestra propia historia como extremeños y extremeñas. Mensajes que pretenden negar el genocidio cometido por el franquismo en nuestra tierra, y que han llegado al actual gobierno de la Junta de Extremadura, aplicando una política ultra y agresiva contra nuestra memoria e historia, y las mayorías sociales, llegando ya a cumplir con su amenaza inicial de derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Extremadura, cuando en realidad lo que necesitaba nuestra región es su aplicación real y una mejora de la misma, que no había llevado a cabo ningún gobierno desde su creación, con el objetivo de encontrar la luz al final de este largo túnel, demostrando que las ‘prioridades’ de este gobierno no eran otras que las de generar problemas en lugar de soluciones, generando así un amplio malestar en los familiares de víctimas del franquismo y en las personas sucesoras de sus luchas y reivindicaciones a día de hoy.
Por todo ello, nuestra región se levanta para decir alto y claro que ‘Extremadura tiene memoria’, a través de la ‘III Marcha Columna de los 8000’, con el objetivo este año en el que se cumple el 90º aniversario de estos hechos de superar el éxito de las dos primeras ediciones de la marcha, donde alrededor de un millar de personas participaron en cada una de ellas.
Esta jornada de lucha y memoria, impulsada por la Asociación 25 de marzo, Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ‘José González Barrero’, Asociación de Memoria Histórica Campiña Sur de Badajoz, Asociación Cultural Morrimer, Asociacion de la Memoria Histórica José Lorenzana, Asociación Cultural y Naturalista ‘La Corujá’, ASTOLL (Asociación de Senderismo Tomillo y Orégano de Llerena), Antifascistas Zafra y la asociación sevillana Somos La Huía, además de personas a título individual, se celebrará el próximo domingo 20 de septiembre, en una ruta circular que comenzará y finalizará en el pabellón municipal de Fuente del Arco, con un recorrido de alrededor de 10 kilómetros, para transitar una parte de los senderos que recorrieron estas miles de personas. Nuestro objetivo sigue siendo una vez más el rescatar a la luz del presente este hecho histórico de nuestra región y denunciar los discursos negacionistas y revisionistas de la Memoria Histórica y Democrática.
Caminaremos, no sólo para rescatar la memoria de esas 8.000 personas, sino también para ser vacuna contra el machismo, el clasismo, el racismo y la lgtbifobia y, en definitiva, contra el fascismo, para las generaciones del presente, con el objetivo de seguir construyendo una cultura popular extremeña crítica, tolerante, diversa y progresista que traiga por fin Verdad, Justicia y Reparación, y garantía de no repetición, así como traer al presente el ejemplo de las luchas que encarnaban estas miles de personas que fueron borradas de la historia de un plumazo.

