Me llama la atención que en España se quiten la vida entre 10 y 11 personas al día. Son datos del INE. Sin embargo, no me asombra tanto que sea un secreto a voces, porque no suelen salir en los medios. Solo lo escuchas. Es un boca a oreja que todos constatamos en nuestros municipios. Sí, la gente se suicida, y de todas las edades. Es un signo evidente de que nuestra sociedad está enferma y por ello los institutos tienen un protocolo para prevenirlo. Ver para creer. En el continente de mayor bienestar del mundo.
Si un extraterrestre aterrizara en España y constatara que la eutanasia interesa más que el suicidio a nivel mediático, no entendería a nuestra especie. En nuestro país estamos más preocupados por que los jóvenes se puedan suicidar con asistencia del estado que por evitarlo, denunciarlo y luchar contra este sinsentido. Por eso la madre de Noelia Castillo, la joven de 25 años a la que recientemente se le practicó la eutanasia, publicó un vídeo en redes sociales denunciando la indefensión ante la que se vio en el proceso que desembocó en la muerte de su hija. “Tenía 25 años y estaba deprimida”, dijo ella. La mujer manifestaba que creía que la eutanasia estaba pensada para acompañar a enfermos terminales, con gran sufrimiento. Pero su hija solo estaba deprimida y un comité de médicos expertos decidió por ella, por la madre. Ellos sí saben. No sé si se trata de un comité de expertos creado a dedo, pero lo que importa es que tienen el poder para bajar el pulgar y dar el visto bueno en la arena de este mundo. Noelia quería morir, como tantos otros que se tiran a las vías del tren, se lanzan desde un edificio o se atiborran con pastillas. Noelia quería irse y el estado le echó una mano.
Hay discursos estériles, hay discursos sin sentido y también los hay superficiales y mediáticos, cargados de sentimentalismo simplón y oportunista. Cuando la ideología la carga la demagogia y la oportunidad, entonces pierde su conexión con la realidad. Al fin y al cabo, se trata de ser progresistas, de abogar por los derechos de una minoría… para que se puedan quitar la vida en un suicidio asistido. Mientras tanto, nuestra sociedad está anestesiada. Es un tabú cuestionar la eutanasia y un pequeño grupo impone su relato y el resto mira hacia otro lado.
Para mí no se trata de impedir una muerte digna, ni de evitar paliativos, ni de alargar un final inevitable. Para mí no se trata de eso, sino de no empujar a nuestros jóvenes al suicidio, como le sucedió a Noelia Castillo, con una mochila vital triste y complicada.
Es por ello que nuestro Ministerio de Sanidad está impulsando una modificación de ley para remarcar que siempre prevalezca la voluntad del paciente deprimido y evitar que familiares o jueces bloqueen el suicidio asistido reduciendo plazos y trámites. Es una de las realidades que más preocupa a la sociedad española: cómo dar trámite exprés a quienes quieren caer con prisas del tablero de la vida.
Yo propondría a nuestro gobierno que promoviera campañas de diálogo, de mindfulness, de meditación o de acciones solidarias y altruistas que diesen verdadero sentido al ser humano. Le propondría que hiciese un esfuerzo honesto y exento de politización para llegar a la raíz del problema antes que podar la planta cuando está enferma. Lo único que no haría es promover para que la gente se pueda quitar la vida, sobre todo atendiendo a tantas y legítimas manifestaciones a favor de la vida y el no a la guerra.
A veces me sorprende que haya tanto silencio sobre todo esto… Y no sé si es miedo, cobardía o un egoísmo social que mira hacia otro lado mientras no les toque a ellos.
