Hoy en nuestro espacio “Psicología de andar por casa” traemos un tema que, aunque se escucha mucho, sigue estando rodeado de mitos y falsas creencias: el autismo.
Edgar Bresó, nuestro psicólogo de guardia, bienvenido un día más. A veces parece que usamos la palabra con mucha ligereza, pero ¿qué es exactamente el autismo?
Hola, Luís. Lo primero es entender que el autismo no es una enfermedad que se cura con un tratamiento. Se trata de una condición del neurodesarrollo. El cerebro de una persona con autismo está "cableado" de una forma distinta (como un Mac y un PC en sus orígenes). Hoy en día ya son muy parecidos pero en sus orígenes había muchos problemas de incompatibilidad entre un sistema operativo Macintosh y un Windows. Y esto, en el caso del autismo afecta principalmente a dos áreas:
●La comunicación y la interacción social: Les cuesta leer las señales no verbales o entender las "reglas no escritas" de una conversación.
●La flexibilidad del pensamiento: Suelen tener intereses muy profundos y una necesidad de rutina para sentir seguridad en un mundo que a ellos les resulta caótico.
Siempre se oye hablar de "tipos" de autismo, ¿es correcto?
Sí. Hoy en día preferimos hablar del Trastorno del Espectro Autista (TEA). La palabra "espectro" es clave porque no hay dos personas con autismo iguales. Es como un abanico. Por ejemplo:
●Hay personas con grandes necesidades de apoyo y dificultades en el lenguaje.
●Y otras con una inteligencia muy alta y un lenguaje fluido (lo que antes llamábamos Asperger), pero que sufren mucho estrés al intentar encajar socialmente.
¿Y qué papel jugamos los demás en la vida y la condición de estas personas? Porque, a veces juzgamos sin saber.
Exacto. A menudo, el problema no es el autismo, sino nuestra falta de flexibilidad. Si vemos a un niño teniendo una crisis en un supermercado, tendemos a pensar que es una "rabieta" y que no está bien educado cuando, en realidad, suele ser una sobrecarga sensorial: exceso de luces, ruidos o gente.
La sociedad debe aprender a mirar con menos juicio y más paciencia.
Es muy común escuchar que las personas con autismo no tienen sentido del humor, que no entienden los chistes y que les gusta mucho todo lo relacionado con los planetas, la astronomía, etc.¿Eso es cierto?
Les cuesta detectar la ironía o el sarcasmo porque estas formas de comunicación dependen de "reglas no escritas" que su cerebro no filtra de forma automática. Para una persona con TEA, si dices "me estoy muriendo de hambre", su cerebro puede registrar una alarma real porque se centra en el significado estricto de las palabras.
Sin embargo, suelen disfrutar mucho de los juegos de palabras o de un humor más lógico y estructurado.
Por otro lado, mencionabas la astronomía, y es un ejemplo clásico. En psicología lo llamamos intereses restringidos o hiperfoco.
No es solo que les guste un tema, es que se convierten en verdaderos expertos. Esto les da una sensación de orden y control en un mundo que a menudo les resulta impredecible y genera ansiedad.
Estos intereses funcionan como un ancla emocional. Al sumergirse en los datos de los planetas o en horarios de trenes, reducen su malestar y se sienten eficaces.
Para ellos, conocer cada detalle de un tema no es una obsesión vacía, sino una forma de disfrutar y de dar sentido a su entorno.
Edgar, danos algunas pautas para el día a día, tanto para familias como para educadores.
: Por supuesto. Como siempre 5 claves para tratar con personas con TEA (adaptándonos al grado de cada caso)
El primero, la anticipación: La incertidumbre genera mucha ansiedad. Es vital decirles qué va a pasar: "Primero iremos al médico y luego al parque". Esto les da una sensación de orden y calma.
En segundo lugar, la Validación: No hay que castigar sus movimientos repetitivos si no son peligrosos; es su forma de autorregularse emocionalmente.
En tercer lugar, el uso de apoyos visuales: Una imagen vale más que mil palabras. Los pictogramas ayudan a procesar la información mejor que las instrucciones verbales largas.
El cuarto: Ambientes estructurados: Reducir el ruido visual y auditivo ayuda a que su capacidad de aprendizaje y su autoeficacia florezcan.
Y finalmente quererlos. Mostrar amor hacia ellos. Tal vez no lo van a entender pero lo van a sentir. El procesamiento cognitivo de las emociones para un atusta es complicado pero eso no quiere decir que no sientan. Hay que aceptarlos y quererlos.
Yo siempre digo que el mundo se mueve solamente con dos emociones. El amor y el miedo así que es fundamental aprender a dar amor y gestionar el miedo para hacer avanzar el mundo (especialmente, el mundo de las personas que son diferentes como los autistas).
Para terminar, Edgar, ¿con qué idea nos quedamos hoy?
Que el verdadero poder no está en las etiquetas, sino en nuestra capacidad de comprender al otro. El autismo no es un mundo aparte, es una parte más de nuestro mundo. Si aprendemos a celebrar la diversidad, todos ganamos en humanidad. Y la herramienta más potente que tenemos es nuestra empatía.
A menudo nos empeñamos en que el mundo sea un lugar uniforme, cuando la verdadera riqueza está en esa diversidad. Si algo hemos aprendido hoy es que, para una persona con TEA, un gesto de anticipación, un ambiente estructurado o simplemente el respeto por su silencio no son "favores", sino las herramientas básicas para que puedan sentirse seguros y eficaces en su día a día.
Como bien apunta la canción de Coldplay, nuestro papel no es intentar "arreglar" lo que no está roto. No se trata de cambiar a la persona para que encaje en nuestro molde, sino de ampliar nuestro molde para que quepan todos. A veces, basta con saber estar ahí, validando sus emociones y encendiendo esa luz de comprensión cuando el entorno se vuelve demasiado ruidoso o caótico
