- Has tenido ya tiempo para dejar reposar la experiencia del Mundial de Seúl. Más allá de los resultados, ¿has vuelto pensando que ahora eres una jugadora mejor?
- La verdad es que sí. Creo que en este deporte también es muy importante la cabeza, la mente. Psicológicamente era un paso, porque ya no me hago tan pequeñita frente a rivales con tanto nivel y tanta experiencia. Y vuelvo con ganas del siguiente, que lo tengo en menos de un mes, con un Challenger en Cerdeña, en Olbia. Sé que va a haber gente potente, pero sí creo que he dado un pasito más y que puedo hacer cositas a partir de ahora.
- ¿Medirte a las grandes de este deporte es también la manera de ir curtiéndote hasta poder competirles de tú a tú?
- Sí. Al final, en cualquier deporte, las competiciones son donde realmente importa medirte con gente de mayor nivel y donde más aprendes. Para mí es más importante perder y aprender que ganar y que sea sin más. Obviamente todo el mundo quiere ganar y es lo que suma, pero hay que entender que esto es un proceso. Estoy en ello y al final acabará llegando la victoria.
- Y prácticamente sin descanso entre competiciones.
- Sí. Hemos tenido un final de temporada en el que la gente ya está empezando prácticamente la siguiente. Tengo muchísimas ganas de ir a Olbia. Tendremos algo menos de nivel que en el Mundial, donde estaban las mejores del mundo, aunque si yo estaba allí también es por algo. Quiero alguna competición en la que pueda llegar esa victoria que me dé también ese impulso. Todo el mundo quiere ganar y eso te anima a seguir.
- Si miramos atrás, a aquella Sara que comenzaba a competir internacionalmente, ¿en qué ha cambiado la deportista?
- Te diría que en todo. A mí el deporte me ha dado una vida y he cambiado muchísimo tanto mental como físicamente. Para este Mundial llevaba preparándome desde principios de año en Clínica Presa, en mi pueblo, con una preparación física bastante potente en el brazo y buscando ganar fuerza. Quería comprobar si podía vivir las competiciones de otra manera, porque el alto rendimiento es muy exigente y mi discapacidad, en determinados momentos, también la sufro en forma de dolores o de aguante.
Además está la mente. Trabajar con Yoli, en Focus, con preparación psicológica, también me ayuda a vivir las competiciones de una forma distinta. Cuando hay muchas derrotas es complicado. En parejas no ha sido así, porque es donde conseguimos la plaza para las preolimpiadas y donde hemos logrado medallas, pero la parte individual también es importante. La victoria no acaba de llegar y veo que ya tengo el nivel para ganar. Estoy tocando teclas para que termine llegando.
- Y el cambio no ha sido únicamente deportivo.
- No. Personalmente también he cambiado mucho. He derribado barreras que nunca pensé que pudiera derribar de otra manera y he conocido a gente maravillosa. El deporte es vida para todo el mundo y, para las personas con discapacidad, creo que nos abre también un mundo a la hora de estar dentro de la sociedad, de sentirnos incluidos, con ánimo, con ganas de superarnos y mejorando físicamente. Para mí lo es todo.
- Ahora estás enamorada de la boccia, pero la primera vez que la probaste no te convenció demasiado.
- La primera vez que la probé fue aquí en León, en una jornada deportiva en el CRE, y no me llamó la atención. También se me caían las bolas y lo vi como un deporte muy parado. Después tuve la llamada de la selección y, cuando lo probé a un nivel alto y me lo explicaron de una manera diferente, me enamoró. Lo definimos como el ajedrez de las bolas.
La primera vez que fui a probarlo fue todo un reto porque se me caían las bolas a los pies y no conseguía ni superar la V. Así que me pasaba día tras día en mi habitación intentando cogerlas. Y mira hasta dónde hemos llegado. ¿Quién lo iba a imaginar?
- Precisamente lo defines como «el ajedrez de las bolas». ¿Dónde está la verdadera complejidad de la boccia?
- Tienes que pensar en todo. Ahora tenemos tres minutos y medio para lanzar las bolas —antes de París eran cuatro— y tienes que decidir qué tipo de bola coger, si intentar romper la jugada, jugar de una manera más agresiva, separar la blanca de las bolas del rival, acercarte con una de las tuyas, defender, en qué momento hacerlo, cuántas bolas te quedan a ti y cuántas al rival...
Son muchísimas cosas. Dependiendo de cómo esté la situación tienes que pensar unas u otras. Eso es precisamente lo que engancha a la gente. Cuando estoy entrenando y pasa gente por el gimnasio les digo que entren a probarlo. Y cuando la gente lo prueba es cuando realmente comprende la complejidad y el enganche que tiene este deporte.
- Tu compañero en parejas, Vasile Agache, no entrena contigo habitualmente. ¿Cómo conseguís después coordinaros en una competición internacional?
- Vasile y yo nos llamamos por teléfono. Nos contamos qué tal nos van los entrenamientos, qué tal nos va la vida... Nos contamos nuestro día a día y ahí vamos ganando complicidad. Y luego, cuando llega la competición, lo hablamos todo. Yo le digo que piense las jugadas en alto, igual que hago yo. Comentamos todo y así es como nos estamos entendiendo.
Este año hemos tenido un par de concentraciones y son muy importantes. Otros países tienen más facilidades para juntarse, concentrarse y entrenar juntos. Nosotros tenemos lo que tenemos y con ello vamos a tope.
- Precisamente hablando de esas facilidades, ¿están mejorando las ayudas y los apoyos al deporte paralímpico?
- Este año Vasile y yo hemos entrado en el Team España y tenemos una beca hasta finales de año. Vamos a ir a Olbia y queremos ver si después podemos juntarnos para hacer una concentración conjunta. De cara a la próxima temporada tenemos el Europeo, que es súper importante, y necesitamos ganar experiencia y poder entrenar juntos, porque es lo que enriquece a la pareja.
Pero, por supuesto, seguimos pidiendo ayuda. Cualquier patrocinador que quiera colaborar o cualquier ayuda que podamos recibir es bienvenida. Toda ayuda es bienvenida.
- Estamos todavía en 2026, pero después llegará 2027 y después Los Ángeles 2028. ¿Miras ya hacia esa fecha?
- He de decir que sí. Creo que es el objetivo de todo deportista. Pero queremos ir competición a competición, que es como hay que hacerlo. Los Ángeles es el futuro. Yo tengo tatuado en la piel «aquí y ahora» y es así como vivo las competiciones.
Es verdad que ilusiona y que es una fecha marcada, obviamente, pero lo importante es vivir competición a competición. Si no, el ansia te puede jugar una mala pasada. La ilusión también puede motivarte, pero hay que ir poquito a poquito.
- Y detrás de todo ese camino hay también un equipo.
Sí. Quiero agradecer a mis entrenadores, porque gracias a ellos estoy donde estoy, a Sandra y a Juanjo; a Clínica Presa por la preparación física; a Yoli por la parte psicológica; y a los entrenadores de la selección por la confianza y la planificación. Al final todo esto es un equipo y quería dejar también ese agradecimiento.
