MENTES DIVERGENTES

Bárbara Díez alerta sobre los ‘curis’: «Cuando el que observa no actúa, se convierte en cómplice»

La psicóloga analiza en ‘Mentes Divergentes’ el auge de cuentas anónimas utilizadas para ridiculizar a alumnos y profesores y advierte de las consecuencias que la humillación digital puede tener sobre la autoestima y la salud mental de los adolescentes

Onda Cero Cuenca

Cuenca |

Bárbara Díez

La sección Mentes Divergentes ha abordado el fenómeno de los denominados “curis”, cuentas anónimas —principalmente en TikTok— que recrean situaciones de colegios e institutos y que pueden pasar de la parodia al insulto, la humillación o el ciberacoso. Para la psicóloga Bárbara Díez, el límite entre una broma y una agresión debe medirse también desde la perspectiva de quien la recibe: “La persona que es objeto de ese supuesto humor es la que define si eso es humorístico para él o para ella”. Díez advierte de que convertirse en objetivo continuado de burlas puede afectar gravemente a la autoestima y favorecer problemas de ansiedad, depresión y deterioro de las relaciones sociales.

La psicóloga relaciona estas conductas con factores como la necesidad de dominio, una autoestima frágil y la sensación de impunidad que proporciona el anonimato. Esa distancia tras una pantalla puede producir lo que denomina “difusión de la responsabilidad”, haciendo que los agresores minimicen las consecuencias de sus actos. Pero esa responsabilidad no termina en quien publica: Díez insiste en el papel de quienes comentan, difunden o permanecen pasivos ante estas situaciones. “Cuando hay un fenómeno grupal, los fenómenos grupales de violencia existen porque existen observadores. El que observa y no actúa se convierte en cómplice”.

Ante estas situaciones, reclama una intervención rápida de familias y centros educativos y una política de tolerancia cero frente a la violencia. La recomendación para quienes sufran este tipo de ataques pasa por conservar capturas y pruebas de las publicaciones, denunciarlas en las propias plataformas, bloquear a quienes hostigan y, en el caso de menores, comunicarlo inmediatamente a un adulto de confianza y al centro educativo. En los casos más graves, las familias pueden acudir también a las fuerzas de seguridad.