"DE LA SILLA A...Con Marta Sevilla"

Marta Sevilla: "Para nosotros, disfrutar de un festival empieza mucho antes de que suene la música"

"De la silla a… un festival", la sección sobre accesibilidad de la joven mallorquina Marta Sevilla que hoy nos explica las barreras que todavía encuentran las personas con movilidad reducida para disfrutar del ocio, en este caso, de los conciertos y festivales.

Redacción

Mallorca |

Hay quienes solo tienen que comprar una entrada, quedar con sus amigos y acudir a un festival. Para una persona con movilidad reducida, el plan empieza mucho antes: comprobar si hay aparcamiento adaptado, cómo es el acceso, si el suelo permite desplazarse con una silla de ruedas, si existe una plataforma con buena visibilidad o si los baños están realmente preparados. En esta nueva entrega de “De la silla a…”, la sección de 'Más de Uno Mallorca', con Elka Dimitrova, Marta Sevilla relata cómo es enfrentarse a un festival desde una silla de ruedas y reclama algo tan sencillo como poder salir, divertirse y disfrutar sin tener que convertir cada plan en una prueba de obstáculos.

Esta joven mallorquina que ahora tiene 26 años de edad, que utiliza una silla de ruedas desde que hace tres años, sufrió una infección le provocó de forma repentina una movilidad reducida: mielitis transversa. Ahora Marta cuenta cada una de sus historias, su día a día, que suponen en sí una historia diaria de superación.

Ese es precisamente el punto de partida de “De la silla a… un festival”, una conversación con Marta que hoy acerca a los oyentes de Onda Cero Mallorca la experiencia de quienes se encuentran cada día con barreras que para el resto pasan inadvertidas, como es el caso de disfrutar de un concierto o un festival.

Marta explica que, antes de comprar una entrada, necesita comprobar si el recinto es accesible, dónde puede aparcar, cómo será el recorrido hasta el festival, si existe una zona reservada para personas con movilidad reducida y si podrá utilizar los baños. "Para las personas que tenemos movilidad reducida todo empieza muchísimo antes que el evento en sí."

Una planificación que, reconoce, puede terminar restando espontaneidad a algo tan sencillo como salir a disfrutar con los amigos. "Cuando quieres ir a un evento y quieres disfrutar del evento no quieres estar pensando en estas cosas. Quieres que esté lo más atado posible para solo centrarte en llegar y disfrutar."

El aparcamiento, la primera barrera

Una de las primeras dificultades aparece incluso antes de entrar en el recinto. Las plazas reservadas para personas con movilidad reducida no siempre están diseñadas pensando en las necesidades reales de quienes utilizan una silla. Marta Sevilla explica que no basta con que exista una plaza señalizada: debe haber espacio suficiente para abrir la puerta del vehículo, sacar la silla y poder desplazarse desde el aparcamiento hasta la entrada.

Aunque pueda parecer una cuestión menor, esa falta de planificación condiciona toda la experiencia. "Para nosotros, disfrutar de un festival empieza mucho antes de que suene la música." Una vez dentro, tampoco todas las superficies resultan accesibles. Marta recuerda especialmente las dificultades que puede provocar la gravilla, un tipo de suelo habitual en determinados espacios al aire libre.

"La gravilla es lo peor"

¡Qué importante es la superficie del suelo! En el caso de Marta, ella utiliza un pequeño motor adaptado a su silla que le permite desplazarse sin depender constantemente de que sus acompañantes tengan que empujarla. Pero incluso con esta ayuda, el terreno puede convertirse en un obstáculo.

Por eso plantea soluciones tan sencillas como colocar tarimas o pasarelas en determinadas zonas. "No tiene que estar todo adaptado porque no todos los espacios dan de sí y pueden hacerlo, pero algo más compacto, que no tenga arenilla."

Poder ver el escenario y disfrutar del concierto

La accesibilidad tampoco termina en poder entrar. Para Marta es fundamental que las personas con movilidad reducida puedan ver el espectáculo en condiciones similares al resto. En un festival, donde el público permanece de pie y se concentra frente al escenario, una persona que está sentada en una silla de ruedas difícilmente puede colocarse entre la multitud y mantener una buena visibilidad.

Por eso, reclama plataformas elevadas específicamente habilitadas para estos espectadores. "Un sitio que tenga buena visibilidad va a ser el idóneo. Al final el tema es que no podemos estar donde está toda la gente a ras de suelo."

También considera importante que estas zonas permitan acudir acompañados. La accesibilidad, sostiene, no debería traducirse en aislar a las personas con discapacidad del resto de su grupo.

"Los baños son súper importantes"

Hay otro elemento que puede determinar si una persona puede permanecer varias horas en un festival: los baños. Marta explica que ha encontrado en ocasiones instalaciones que contaban con determinadas medidas de accesibilidad pero que no disponían de baños realmente adaptados. En su caso, además, necesita utilizar sondas, por lo que las condiciones de estos espacios tienen una importancia especial.

"Hasta que no te sientas en una silla, no te lo imaginas." Marta insiste en que muchas de las barreras no son evidentes para quien no utiliza una silla de ruedas. Lo que puede parecer un pequeño bordillo, una superficie de gravilla o una rampa demasiado inclinada puede cambiar por completo la experiencia.

Recuerda, por ejemplo, un festival al que acudió después de haber preguntado previamente a la organización si el recinto estaba adaptado. La respuesta fue afirmativa. Sin embargo, al llegar se encontró con un bordillo que dificultaba el acceso.

Salir, también es una cuestión de igualdad

Las dificultades se repiten en otros ámbitos del ocio. Marta relata también experiencias en bares y restaurantes en los que, pese a haber preguntado previamente si eran accesibles, al llegar se encontró con rampas demasiado inclinadas o baños que no estaban adaptados.

Por eso reconoce que, si tuviera que acudir únicamente a establecimientos completamente accesibles, su vida social sería mucho más limitada. "Yo no siempre voy a sitios que están 100% adaptados porque es que si no, no saldría a ningún lado."

Su reivindicación no pasa por pedir espacios exclusivos ni un trato de favor, sino por conseguir que la accesibilidad se incorpore desde el principio al diseño de los espacios de ocio. También anima a los empresarios a entender que adaptar un establecimiento puede ampliar su público. Una persona con movilidad reducida rara vez acude sola: detrás hay familiares, parejas o grupos de amigos.

"Si no lo tengo, hay gente que no está viniendo a mi establecimiento porque saben que no lo tengo." En definitiva, la silla no debería decidir quién puede disfrutar de un festival.