Hoy comparto mesa, con un hombre al que podría invitar a un café por un millón de motivos. Y eso que nunca nos hemos visto en los bares. Hijo de un capitán de la Guardia Civil, padre de familia, y relacionado familiarmente con Tejero, Jesús Hernández Cifuentes estudió Trabajo Social pero ha sido, es y será la música, su única obsesión. Al menos, que sepamos.
Con cuatro décadas de trayectoria, este pucelano y su banda, se han ganado el título de corredores de fondo de una industria no siempre dispuesta a garantizar la supervivencia de sus moradores.
Cuarenta años que celebran tirando la casa por la ventana. Una gira y solo diez plazas. La próxima, este sábado en el Gijón Arena.
Tras un 2025 que se llevó a voces tan icónicas como Robe Iniesta o Jorge Ilegal, y que nos dejó el sabor de boca de que ya no queda casi nadie de los de antes, es un gusto y un placer comprobar cómo, pese a todas las injusticias del mundo, los que hay, los que perduran, no han cambiado.
