Madrugo para hablarte de Kilyan Mbappé. Ayer en la rueda de prensa previa al partido de esta noche, que es un partidazo, un Real Madrid-Inter en el Bernabéu, salió el francés. Y sorprendió. A nosotros, digo. Porque, escuchándole, percibes que Mbappé no habló por casualidad, lo hizo por decisión propia.
Dividiría la rueda de prensa en dos partes. Una, la del Mbappé más reivindicativo, más arrogante te dirán algunos, porque sacó pecho de sus números desde que llegó al Real Madrid.
Frente a quienes le exigen más implicación en el juego defensivo, en comparación con otros delanteros como Raphinha o Dembelé en sus equipos, él defiende que son distintos. Que también él marca muchos más goles. Y es cierto, pero eché de menos un poco de autocrítica. No de autoflagelación, pero algún ‘mea culpa’ porque al final a Mbappé se le exigirán goles, pero los goles se quedarán únicamente para engordar sus estadísticas si no sirven para ganar títulos. Marcó casi 90 en estas dos temporadas, pero han sido dos temporadas sin Ligas ni Champions ni Copas. Mal asunto para la vitrina blanca.
Y está bien esa especie de ‘yo he cumplido con mi parte’, pero con ese mensaje señala, voluntaria o involuntariamente, que otros no han cumplido con la suya. Y eso queda mal decirlo de uno mismo, salvo que exhibir tu ego no te suponga un problema.
Y luego está la campaña por el Balón de Oro. Y en eso sí se implican Mbappé y el Real Madrid. Pronto se cierran las votaciones y todos piden el voto, como en las elecciones generales. Fíjate que hoy en Barcelona hablará Lamine. ¿Se pondrá también entre los candidatos o pedirá el Balón de Oro para Rodrigo? Mañana te cuento.
