Carolina Marín deja definitivamente el bádminton tras una carrera repleta de éxitos y plagada de lesiones. "Mi camino en el bádminton profesional ha terminado", comunicaba en sus redes sociales.
"Quería que nos viéramos por última vez en una pista, pero no quería poner a mi cuerpo en riesgo por ello", explicaba. Aunque la atleta no lo hará de la manera que le habría gustado, concretamente en el Europeo de Huelva, sí se despedirá en su ciudad natal: "Mi despedida será en el lugar que me vio nacer. Estaré ahí para devolveros toda esta energía que me habéis dado durante todo este tiempo".
Las lesiones han marcado la recta final de su carrera. En 2024 sufrió una grave lesión de rodilla durante los Juegos Olímpicos de París, a la que se sumaron nuevas intervenciones en 2026 que dificultaron su regreso a la competición al máximo nivel.
"Aunque la ilusión de competir en su casa era un motor emocional inmenso, la salud y la calidad de vida futura prevalecen sobre la alta competición", ha indicado el comunicado.
Marín, quien llevaba tiempo priorizando su salud y su bienestar personal tras una etapa complicada tanto física como mentalmente, puede presumir de un amplio palmarés a sus espaldas:
- Oro olímpico en Río 2016
- Tres campeonatos del mundo (2014, 2015, 2018)
- Siete campeonatos de Europa (2014, 2016, 2017, 2018, 2021, 2022, 2024)
- Número 1 del ranking mundial
Un adiós con impacto
La retirada de Marín supone un duro golpe para el deporte español, pero también el cierre de una etapa dorada para el bádminton nacional, disciplina que ella misma ayudó a popularizar en España. Además, es la única jugadora no asiática en alzarse con un oro olímpico.
Su legado, sin embargo, va más allá de los títulos: su carácter competitivo, su resiliencia ante las lesiones y su influencia en nuevas generaciones la convierten en una figura histórica del deporte.

