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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "¿Es capaz de citar Pablo Iglesias a cada una de las personas asesinadas por ETA?"

Dirigentes políticos todos, hagan ustedes hoy los homenajes anunciados a Miguel Ángel Blanco y aparten sus cálculos y sus tácticas de nuestra memoria porque el bochorno ya ha durado bastante.

Carlos Alsina | @carloa__alsina |  Madrid |  Actualizado el 12/07/2017 a las 08:27 horas

Han logrado llegar a esta jornada, veinte años después de la imponente manifestación de Bilbao que unió en la calle a simpatizantes de todos los partidos menos uno –-HB--, evidenciando una capacidad inaudita para empañar incluso los aniversarios.

Lo de Madrid es para hacérselo mirar. Lo del ayuntamiento de Madrid. La polémica generada por un cartel. Una pancarta. Que al final no existirá en la fachada de palacio de Cibeles pero sí, un ratito, en manos de los concejales que asistirán esta mañana al acto que convoca la Federacion de Municipios.

Empecemos por recordar algo que está quedando difuminado por la tensión verbal que ha alcanzado la discrepancia entre el PP y Podemos. Los primeros acusando de bajeza moral a los segundos y éstos poniendo el foco en que la Fundación Blanco aparezca mencionada por la policía en la financiación irregular del PP. Todo muy constructivo, muy ponderado y muy de navajeo.

Quien pidió poner una pancarta que recordara a Miguel Ángel Blanco no fue el PP, fue el Movimiento contra la intolerancia. A quien le dijo “no” el ayuntamiento de Carmena fue a esta asociación. Quien, al conocer la negativa, lo calificó de iniquidad fue Movimiento contra la intolerancia. Quien dijo que era falso que se pretendiera destacar a una víctima por encima de las otras fue Movimiento contra la intolerancia.

Lo que han venido después son opiniones sobre esa decisión, en un debate público en el que, ahí sí, ha participado todo el que ha querido.

Y ahí es donde ha quedado en evidencia el afán de quien cometió el error de negar esa pancarta de achacar a los demás los errores propios.

Este empeño —tan del gusto de Podemos— en acusar a quienes sostienen, o sostenemos, que no hay razón seria alguna para negarse a poner un cartel de estar clasificando a las víctimas del terrorismo en aquellas que merecen pancarta y aquellas que no la merecen. Oiga, no ofenda.

Es usted quien se resiste a poner un cartel que recuerde a una víctima pero son los demás quienes cometen el odioso pecado de clasificar a las víctimas en de primera y de de segunda.

Miren, los errores son humanos —ninguno estamos a salvo de equivocarnos— y cuando uno entiende que se ha equivocado rectifica y fin del problema.

Pero la mezquindad es otra cosa.

Demos por hecho que nunca más volverá a homenajear Podemos a Salvador Puig Antich. No vaya a parecer que hay muertos por la dictadura franquista de primera y de segunda. No me hablen del estudiante Ruano, que va a ser menosprecio a los otros detenidos que murieron en circunstancias extrañas.

No me citen ya más a Rosa Parks, no vaya parecer que le dan a ella más relevancia que a los demás negros que, en Estados Unidos, se rebelaron contra la injusticia y la discriminación racial. No mencionen más de Rodney King: hablen, si acaso, de todas las víctimas de los abusos policiales en Los Ángeles. Sin destacar ninguna. No fastidien.

No hay víctimas de primera y de segunda. Es una buena frase. Podría haberle añadido esta otra que dice que, en realidad, no hay dos víctimas iguales. Me cuesta creer que para Pablo, y para casi todo el mundo, signifique lo mismo Blanco, Miguel Ángel que Blanco, Carrero Blanco. Pero oye, a los dos los mató ETA.

Lo que hay —y esto lo sabe Pablo porque se subió a la tribuna del Congreso el día de su investidura frustrada para predicar que hay que conocer nuestra historia— son momentos en la historia de un país que suponen un hito y que como tal hito se recuerdan. En el caso de Miguel Ángel, con la empatía que generó aquella injusticia, aquel crimen horrendo, y con el orgullo con que se vivió entonces la rebelión cívica contra los cómplices de ETA.

No hay víctimas de primera y de segunda. El nombre de Jesús Cuesta, ¿qué le dice a Pablo Iglesias? ¿Y el de Domingo Puente? A usted mismo, o a mí: Modesto Rico, ¿le suena? José Manuel García Fernández. ¿Sería usted capaz de decir algo de él? Yo tampoco. Son cuatro nombres que he extraído de la lista de asesinados en los meses previos a Miguel Ángel Blanco. José Manuel García Fernández era un guardia civil al que mataron de un disparo en la nuca en un restaurante de Vizcaya. Mayo de 1997. El anterior, en la lista, a Miguel Ángel Blanco.

Uno puede envolverse en esta actitud tan digna de yo no hago distingos entre unas víctimas y otras. Pero eso es sólo camuflaje. Pregunta: ¿es capaz de citar Pablo Iglesias por su nombre a cada una de las personas que fueron asesinadas por ETA? Respuesta: no. Ni él, ni nadie. ¿Es capaz de explicar quién fue y qué le sucedió a Miguel Ángel Blanco? Respuesta: por supuesto. Él y casi todos los españoles que entonces tuvieran 18 años.

Tú puedes esquivar la pregunta declarando que homenajeas por igual a todas la víctimas de todos los terrorismos en todos los países del mundo. Es más, a todas las víctimas de cualquier tipo de violencia en cualquier lugar habitado.

Pero la pregunta seguirá estando ahí: ¿a quién, a quienes, dígame sus nombres, les molesta que se ponga una pancarta en memoria de Miguel Ángel Blanco? ¿Y qué es exactamente lo que les molesta?

Es encomiable el deseo de Rita Maestre de que no caigan en el olvido las demás victimas del terrorismo. Los guardias civiles anónimos, como dijo ayer. Seguro que el ayuntamiento de Madrid tiene ya en mente todos los actos que va a realizar para contribuir a que esa memoria permanezca viva en la ciudad. Enhorabuena por ello.