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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Encuentro en Moncloa de Pedro el ruin y Mariano el indecente, dos supervivientes"

Que va Pedro Sánchez a la Moncloa. Tantos meses después. Y a verse con el mismo que había entonces. Dos supervivientes de la política mano a mano.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 06/07/2017 a las 08:21 horas

Y con un grado de desdén similar el que sienten el uno por el otro. Pedro y Mariano, juntos de nuevo en una foto. Pedro el ruin y Mariano el indecente, según la definición con la que se despreciaron mutuamente en aquel debate de antes de las elecciones.

El tiempo ha pasado. Rajoy sobrevivió al intento de la oposición de sacarle de la Moncloa aun habiendo ganado las elecciones. Y Sánchez ha sobrevivido al plan de exterminio que decretó Susana Díaz. ¿Quién era Susana Díaz? Pues una señora que iba a haber sido secretaria general del PSOE hasta que este Pedro regresó de la tumba.

El regresado, libre ya de la mortaja y habiéndose enfundado de nuevo el traje de timonel del PSOE, será recibido —según se dice— por el presidente del gobierno al pie de la escalinata monclovita (que esto en el lenguaje de signos marianista significa que le tratará con distinción suprema, casi de tú a tú, Pedro, pelillos a la mar no vayas a pensar tú que se lo estoy poniendo a huevo a Pablo y a Irene —los de Podemos— para que la oposición me la hagan ellos y no tú, que estás fuera del Parlamento.

Hoy toca llevarse bien en la Moncloa —-sonreir muchísimo, más incluso de lo que acostumbra a sonreír Pedro, que es todo— porque el asunto que motiva el encuentro es la never endind story, la historia interminable de la cuestión catalana. Hoy podrá explicarle Sánchez a Rajoy en qué consiste eso que él llama hacer oposición de Estado, con el gobierno para impedir el referéndum de autodeterminación y contra el gobierno en todo lo demás. Incluido el techo de gasto. O empezando por el techo de gasto.

Bueno, todo lo que Sánchez le pueda decir hoy a Rajoy se lo sabe de sobra el presidente. Y viceversa. Sánchez sabe tanto de lo que tiene en mente Rajoy que la semana pasada se lanzó a proclamar su certeza de que no se aplicará el articulo 155 de la Constitución. Quiero decir que el gobierno no lo aplicará. Y si el señor Sánchez tiene esa certeza es porque así se lo ha transmitido el presidente.

Hoy, por tanto, el mensaje es la foto. No sé si se la harán en los jardines mirando al cielo, como hace año y medio, o si preferirán un escenario más cerrado. Pero el mensaje es el mismo: discrepamos todo lo que se puede discrepar menos en un asunto, Puigdemont, que lo tengas claro: de falso referéndum, nada. Y de falsa ley de autodeterminación, tampoco.

Los tres ex presidentes de gobierno coinciendo en una misma opinión: Puigdemont es un peligro público. Que es un diagnóstico que hacen también compañeros de partido de Puigdemont. En privado, claro. “Para alcalde de Girona estaba bien”, dicen, “pero lo de president le ha venido grande”.

Hoy en la prensa se habla mucho de los tres tenores. Los jarrones chinos. Los tres ex presidentes de gobierno juntos en una charla sobre Cataluña y Venezuela, que fueron los dos asuntos sobre los que más opinaron. Tres ex gobernantes que conservan más predicamento en algunos medios de comunicación que en sus partidos respectivos. El PP se fija poco en lo que que a estas alturas pueda decir Aznar y Pedro Sánchez, con su resurrección en Ferraz, ha enterrado para unos cuantos años a Felipe y Zapatero, ambos susanistas.

Sobre Venezuela, lo más sonado fue el tonito con que Felipe y Aznar se refirieron a la crisis nacional, sabiendo del papel que intenta desempeñar allí Zapatero como mediador entre el gobierno y una parte de la oposición. O como blanqueador del gobierno represor, que es como le ven los opositores que no comparten lo que está haciendo.

En realidad hace meses que esta teórica negociación no avanza hacia ninguna parte. El presidente bolivariano está en lo que está: deshacerse de una Constitución que ante le parecía ejemplar y que, desde que perdió la mayoría parlamentaria y se asustó ante la idea de que le hicieran un referendum revocatorio, le parece una rémora. Pretende cambiar la Constitución para desactivar al Parlamento, ése es el origen de esta última etapa de enconamiento en el pulso institucional y de movilizaciones callejeras.

Ayer un grupo de partidarios del gobierno —alguno de ellos con la cara cubierta— entró por las bravas a la sede de la Asamblea Nacional respondiendo al discurso del vicepresidente de Maduro, en el que se llamaba al pueblo a impedir el trabajo de los diputados.

Hay parlamentarios heridos que han grabado vídeos denunciando las agresiones. Y hay un presidente haciéndose el loco y proclamando su absoluto rechazo a la violencia.

Quién puede creer, ¿verdad?, que Maduro vea con buenos ojos que haya grupos violentos sacudiendo a quienes intentan que su presidencia se acabe. Quién lo puede creer, viendo a los motorizados campando a sus anchas por las calles y persiguiendo manifestantes.

A Puigdemont y Junqueras les va a tocar hacerse un crowfunding. Una colecta para poder pagar las urnas del referéndum. Por orden del Tribunal Constitucional, queda prohibido destinar dinero público a un acto ilegal (no parece que haya que bucear en la jurisprudencia para llegar a esta conclusión, de manera que tampoco parece que haya podido cogerle por sorpresa a los promotores del 1-0, o el uno “o”, que es como gustan de llamar a lo que siempre fue el primero de octubre.

Por enésima vez el Constitucional recuerda que ni el gobierno autonómico, ni el Parlament, ni el pueblo de Cataluña es titular del poder soberano que corresponde al conjunto de los españoles. Es decir, que por mucho que el independentismo repita que tiene derecho a decidir dónde empieza y termina España, no lo tiene.