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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Susana Díaz es el antídoto del aparato contra la euforia escénica del pedrismo"

Candidata en diferido. Anuncia a mediados de marzo que anunciará a finales de marzo que hará campaña en abril para las elecciones internas de mayo.

 |  Madrid |  Actualizado el 13/03/2017 a las 08:12 horas

Susana Díaz. Era que sí. El antídoto del aparato contra la euforia escénica del pedrismo.

Quien más tiene que perder en el envite es Díaz. Hasta hoy presume de no haber perdido una elección en la que ella fuera la aspirante. Está por ver que pueda seguir diciéndolo en mayo. Por fin anunció la dirigente del PSOE andaluz que competirá por la la secretaría general de todo el partido. Un PSOE que hoy es tercero en intención de voto. Asegurándose si gana, y si lo desea, la candidatura en las próximas elecciones generales. Del tercer partido en apoyos. El que hoy tiene 85 escaños y al que las encuestas no le aventuran muchos más en la siguiente cita.

¿Ganará Susana la carrera interna?

Los susanistas dicen que no nos hagamos líos. Que su jefa espiritual gana seguro. De largo. Porque los militantes saben que ella es el futuro, y el presente, y la que más elecciones ha ganado en el pasado reciente. Ella es quien conserva para el PSOE el gobierno autonómico que no ha dejado de tener nunca: el de la Andalucía imparable que decía Chaves, el mentor de Griñán que fue, a su vez, mentor de Díaz. La Andalucía imparable que aun estando a la cola en los indicadores de riqueza —de PIB por cabeza— es ejemplo para el resto de España de las políticas socialdemócratas de prosperidad y justicia social, o eso dice ella.

Los susanistas dicen que no nos dejemos deslumbrar por los teatros que Sánchez llena de eufóricos militantes del no es no. Son los mismos que viajan de una ciudad a otra para rellenar huecos, explican, son la corriente minoritaria que abraza un eslógan que ya no significa nada —no es no, sí es sí, mi mamá me mima—, son los pedristas aparentando mucho más peso que el que serán capaces de acreditar en las urnas. Eso dicen los de Susana. Que lo de Sánchez es un espejismo. Y lo de Patxi es lo que parece que es. Una anécdota en el camino.

Este fin de semana se despejó sólo la más tenue de las dudas que había. Si perseveraba en la batalla que aún no ha dado o, por el contrario, inciaba Susana la espantada.

Ahora quedan por despejar todas las demás.

Y todas las demás se resumen en una: qué pasa si es Pedro el que gana. Pedro el rojo, que diría Lambán. Pedro el rojo sobrevenido que desafía al aparato que él nunca consiguió domar del todo y sueña con darle la misma medicina al baronazgo mútliple de su partido y al barón único del PP, o sea, Rajoy. Todos a morder el polvo si Pedro el depuesto recupera su corona.

Si el susanismo gana, se perpetua la situación que hoy ya existe. Continuidad sería la palabra. La gestora de hoy ya es susanista: se volverían a casa los hombres de paja y llegaría a Ferraz la general secretaria verdadera. Sólo si el pedrismo demostrara, aun perdiendo, tener más fuerza que el que le atribuye hoy el aparato habría riesgo de escisión, los perdedores constituyéndose en partido nuevo. Si flojeara del todo, el pedrismo se iría diluyendo hasta quedar en corriente residual, con Pedro obligado a buscarse un trabajo porque del aire no se vive (y del no es no tampoco, precisamente porque no es otra cosa que un eslogan gaseoso).

Pero, ¿y si en mayo gana Pedro?

Qué pasa entonces con un PSOE que levanta en Ferraz la bandera contra todo lo que sus gobernantes autonómicos hoy representan. Pedro en Madrid con los Page-Lambán-Vara-Fernández-Puig-Armengol derrotados. Pedro en Madrid con Rubalcaba y Zapatero y Felipe otra vez maniobrando para hacer la cama, como en los viejos tiempos. Pedro en Ferraz dándole otra vez la vuelta —qué sería de Antonio Hernando— al grupo parlamentario. Con Pedro en Ferraz se iba a volver a abstener la madre superiora. Ni acuerdo para los presupuestos ni acuerdo para pedir la hora.

¿Qué pasa si Pedro gana? Porque él lo tiene todo perdido —ya lo perdió— pero precisamente por eso quien más tiene que perder en la batalla es Susana.

Pedro el rojo sobrevenido ya no quiere saber nada del centro. Ahora invocar el centro le parece ser poco socialista. Ahora sostiene que el centro nunca existió.

Porque el PSOE es la izquierda sin más. Qué pasteleo será eso del centro. Lo que pasa es que hace nueve meses era él mismo quien definía al PSOE, ¿cómo era?

Eso es, como el centroizquierda. Las etiquetas volubles que Sánchez le pone al PSOE y a sí mismo.

La pequeña historia de Luigi, Bartu, Maciá y Lluis. O García, Muñoz, Alavedra y Prenafeta.

La pequeña gran historia de Pretoria, capital de Santa Coloma y sus alrededores. El presunto oasis catalán en el que, a diferencia del resto del España, no surgían de debajo de las piedras casos de corrupción urbanística por todas partes. Aún presumía en 2006 el consejero de política territorial del gobierno tripartito, Joaquim Nadal. Cataluña era distinta.

La propaganda de la higiene que tres años después quedaría desmentida, casi a la vez, en el Palau de la Música —tan convergente— y en el ayuntamiento de Santa Coloma —tan del PSC—. El de Santa Coloma, el de Badalona y el de San Andrés de Llavaneras. En todos ellos tenía mano el antiguo diputado socialista Luis García, cuya labor parlamentaria —doce años calentando el escaño— no dejó una sola aportación memorable pero que le procuró a él, el aguililla Luis —para los amigos, Luigi— una lista golosa de gentes influyentes y con dinero cuya cercanía cultivó con vistas a rentabilizarla económicamente cuando pudiera.

Y pudo, sí que pido. El ex diputado Luigi se dedicó a los negocios en el ambiente que mejor conocía: el del poder municipal, los ayuntamientos donde tenía conocidos. Persuadía a sus amigos inversores para comprar suelo a sabiendas de que luego sería recalificado por su otro amigo, el alcalde Bartolomé Muñoz, todos me llaman Bartu. El alcalde al que la interventora municipal Maite Carol le escuchó decir: “Esta ciudad son cuatro pobres y con todo lo que he hecho por ella lo mínimo es que me dé dinero”. El alcalde que dejaba hacer a su colega Luigi. Ignorando la directriz del partido de romper con el ex diputado porque no era trigo limpio. El Correa catalán, le llamaban, Correa como el de la Gurtel: un listo que aprovecha sus conexiones politicas para que otros hagan negocios y hacerlos él. Plusvalía para unos, comisiones para otros, dinerito para todos.

Ocho años después de que la guardia civil entrara en el ayuntamiento de Santa Coloma y se llevara todos los papeles que encontró, el caso Pretoria llega a juicio. Luigi, Bartu, Maciá y Lluis. Alavedra y Prenafeta. Dos pujolistas de primera hora, y de segunda, y de tercera, que lo fueron todo en Convergencia. Y de los que dijo Artur Mas, cuando fueron detenidos, que representaban el pasado. Aún no le había cambiado el nombre al partido pero ya había empezado a borrar de las fotos las primeras caras.