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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Puigdemont invocando la Constitución para criticar al Rey al que él está intentando doblegar"

No hay freno. Pero ha llegado el vértigo. De quedar como responsable del descalabro de Cataluña.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 05/10/2017 a las 08:14 horas

Carles Puigdemont. El presidente autonómico que se enamoró de su personaje y alimentó a su alrededor un tsunami (por utilizar un término que él frecuenta) que ahora, claro, no es capaz de mantener bajo control.

Ya va entendiendo Puigdemont que los tsunamis son fenómenos devastadores y nada ilusionantes. La CUP, Esquerra, los Jordis de las entidades agitadoras, empujan para que la independencia se declare el lunes. Al PDeCAT le ha entrado el mal de altura. Y a los empresarios catalanes, la urgencia porque se pise el freno.

Incendiada Roma, ahora sale Puigdemont a tocar la lira. El nuevo estribillo se llama "la mediación".

Se busca obispo que interceda para blanquear el proceso de embestida y convertir el asalto a la legalidad democrática en el proceso de paz colombiano.

Puigdemont siente el vértigo. De arruinar el autogobierno catalán para una temporada larga. De acabar detenido. De que la Historia, lejos de absolverle, le ridiculice.

La mediación. Quiere negociar quien no atiende a razones y, a la vez, persevera en la rebeldía contra todas las instituciones del Estado.

Todas ellas.

Puigdemont invocando anoche la Constitución para criticar al jefe del Estado al que él está intentando doblegar. La broma pesada continúa.

Hombre, president. El rey tiene encomendada la función moderadora entre las instituciones del Estado que cumplen y hacen cumplir la Constitución. Que es justo lo que usted ha conseguido que no haga la Generalitat de Cataluña.

Y ya que dice que el Rey no hizo apelación a la concordia, ayudemos a Puigdemont, que debía de estar jugando él también a la pocha porque se perdió este párrafo del monarca.

La concordia. En la unidad.

El Rey sí cree en el diálogo. Ha apelado al diálogo decenas de veces en sus discursos de los últimos años. El diálogo dentro de la ley. Que aquí es donde Puigdemont se excluye. Se auto-excluye.

Es enternecedor que reclame concordia Carles Puigdemont. Dos años como presidente autonómico y dos años trabajando para dinamitar la concordia entre los ciudadanos catalanes. Reclame diálogo, atención, quien no ha querido dialogar nada con los partidos que, en el Parlamento catalán, representan al 52 % de los votantes. ¿O es que para dialogar con la oposición necesita también al obispo Omella y al abad de Monserrat?

El president, que le reprocha al rey que no hablara para todos los catalanes (sí que lo hizo, pero eso también se lo perdió) eligió anoche hablar sólo para una parte de los españoles. Los que respaldan su doctrina.

A estos ciudadanos a los que tanto aprecia es a los que está queriendo privar de su derecho a decidir sobre un asunto que les afecta tan directamente como dónde empieza y dónde termina su país. Del resto de los ciudadanos españoles, los que no le alientan, el señor Puigdemont no se va a acordar nunca. Nunca los ha tenido presentes y nunca los va a tener.

La preocupación por la situación que vivimos es general y alcanza, sí, a todos los ámbitos de la sociedad.

• El IBEX resintiéndose de la incertidumbre ante el futuro inmediato.

• Los clientes de los bancos catalanes preguntando en las oficinas del resto de España por sus depósitos.

• Padres y madres preguntándose qué se hace con los profesores que hacen propaganda política en sus clases y enfrentan a unos alumnos con otros. Cómo no han sido inhabilitados de por vida para la docencia.

• Y el fútbol, claro. La selección española de fútbol.

Mañana hay partido contra Albania y los responsables del equipo intentan atajar la posible pitada a Gerard Piqué. Que ayer tuvo el gesto de presentarse ante los periodistas con voluntad de aclarar que no está en su ánimo ofender los sentimientos de nadie.

Hizo bien Piqué. En explicarse y en tener presente que sentimientos tiene todo el mundo. Quienes creen que su nación es Cataluña y quienes creen que la única nación es España. Y dijo una gran verdad Gerard: uno puede opinar lo que quiera sobre la situación en Cataluña y está en su derecho a expresarlo libremente.

Las opiniones son libres y son diversas. Nada que objetar. Ahora, el asunto no es estar a favor o en contra de que la gente vote. Sino estar a favor o en contra de que unos puedan votar y otros no siendo todos iguales, que no es lo mismo. Miren, ayer le escuché a Gerard Piqué, que seguro que es un buen tipo que intenta honradamente explicarse, esta frase que me hizo recordar otra que se ha escuchado mucho últimamente.

La analogía de España como el padre y Cataluña como el hijo. O esa otra que dice que es como un matrimonio en el que uno de los cónyuges se quiere separar y el otro no le deja.

Bueno, enterremos de una vez estas analogías. Porque no hay analogía alguna. Nada que ver ni con hijos que se emancipan ni con parejas peleadas. Este asunto no va de nada de eso. Va de derechos individuales y de igualdad entre los ciudadanos.

Es verdad que hay cientos de miles de personas en Cataluña y también en el resto de España que, sin maldad alguna, dicen: “Oiga, qué hay de malo en querer votar”.

Es muy posible que los medios no hayamos hecho bien nuestro trabajo cuando hay tantas personas que no entienden, como Piqué, qué problema hay en poner una urna.

A estas alturas seguramente está condenado al fracaso el esfuerzo didáctico, pero de perdidos al río tampoco perdemos nada por hacerlo.

Estimado Gerard:

Las decisiones sobre las cuestiones más importantes que nos afectan a todos los españoles las tomamos entre todos.

El derecho a decidir sí que existe. En efecto. Existe. Es un derecho que corresponde a cada ciudadano. No es un derecho colectivo, es individual. Y mi derecho no me lo puede expropiar el ciudadano que tengo al lado.

Para entender la postura del Estado, del TC, del gobierno, del Parlamento, hay que empezar por admitir que la decisión sobre dónde empieza y dónde termina España nos corresponde tomarla entre todos. Yo entiendo que hay muchos catalanes que piensan: bueno, la decisión de qué queremos ser será nuestra, que somos los que vivimos aquí. Ya, pero Cataluña es, hoy, una parte de España. Y si cambia esa parte, está cambiando el todo. Si un territorio decide por su cuenta romper e irse, está decidiendo en solitario sobre una cuestión que no es patrimonio exclusivo de los habitantes de ese territorio.

Esto de la soberanía nacional no es una cuestión de patriotismo rancio. Soberanía nacional significa quién tiene la facultad para decidir sobre los asuntos nacionales. Y la respuesta es que esa facultad corresponde a todos los ciudadanos en conjunto y, atención, no es troceable. ¿Qué significa que no es troceable? Pues que no es aceptable que decida sólo un grupo de ciudadanos.

• No se puede convocar un referéndum para que sólo los hombres decidamos si debemos seguir en la Unión Europea, pongamos por caso.

• No se puede convocar un referéndum para que sólo los mayores de cincuenta años decidan cuáles son las lenguas oficiales del Estado.

• No se puede convocar un referéndum para que sólo los solteros decidan sobre la cadena perpetua.

La soberanía sobre esas materias no es fragmentable bajo ningún criterio: ni el criterio de género, ni el de edad, ni el de estado civil, ni de religión, ni el de territorio.

• No se puede convocar, por tanto, un referéndum para que sólo los que residen en Cataluña decidan dónde empieza y dónde termina España.

Impedir ese referéndum no es un acto arbitrario, ni una forma de mostrarle al gobierno autonómico quien manda, ni por supuesto es una forma de oprimir a nadie. Es aplicar a esta cuestión el mismo criterio que rige para el resto: la igualdad de todos los ciudadanos en sus obligaciones y sus derechos.

La única forma de modificar eso es que todos los españoles decidamos juntos que, de ahora en adelante, las decisiones sobre asuntos de país las puede tomar sólo una parte de los ciudadanos. De nuevo, habiendo decidido ese cambio entre todos y plasmándolo en una nueva Constitución.

Estimado Gerard:

Los impulsores del proceso independentista todo esto lo conocen sobradamente. Está en los informes aquellos que elaboró el Consejo para la Transición Nacional, el grupo de supuestos expertos que reclutó Artur Mas para darle una pátina de legalidad a su hoja de ruta.

• Saben desde hace cuatro años que la vía del referéndum de autodeterminación sólo conduce al enfrentamiento con el Estado. Y a la obligación de éste de defender los derechos de todos los ciudadanos.

• Saben desde hace cuatro años que la única vía inobjetable es la reforma constitucional, pero como es un camino más largo y no está garantizado que acabarán logrando lo que buscan, lo han rechazado.

• Eligieron la vía de la colisión a sabiendas de que conducía a donde hoy estamos. No puedes declararte en rebeldía contra el gobierno, el Parlamento, el TC, el Tribunal Supremo y la Corona y esperar que reaccionen agradeciéndote el gesto.

¿No te parece, Gerard?

Suerte, Piqué, en el partido de mañana. Ojalá nadie te pite. Y suerte también en la pocha.