Antonio Alonso ha rememorado cómo los atentados del 11 de marzo de 2004 marcaron un punto de inflexión en su trayectoria profesional y personal. Ha explicado que, hasta entonces, había trabajado como biólogo forense desde la distancia del laboratorio, analizando muestras "aisladas" como sangre o saliva, pero aquella noche en Ifema se enfrentó directamente a la muerte. "Estuvimos delante de las muertes y de los cadáveres en la mesa de autopsia", ha recordado. Meses después, ha señalado, llegó el impacto emocional diferido: "Los profesionales también somos vulnerables".
En La huella invisible, Alonso ha repasado ocho casos que han definido la evolución de la ciencia forense en España. Entre ellos, ha destacado el de Lasa y Zabala, que evidenció el antes y el después de la introducción del ADN en los tribunales. Ha explicado que los cuerpos permanecieron diez años sin identificar hasta que, en 1995, se logró obtener perfiles genéticos de restos óseos antiguos y compararlos con familiares. "Pudimos poner nombres y apellidos a estos dos cadáveres", ha subrayado.
El experto ha defendido que el ADN se ha convertido en una herramienta "muy fiable" para la identificación humana, aunque ha advertido de sus límites. "El ADN por sí solo no resuelve delitos", ha afirmado, insistiendo en que debe interpretarse junto a otras pruebas, como la evidencia digital o los testimonios, dentro de un "rompecabezas" más amplio.
También ha recordado el caso de Campo de Criptana, donde la aplicación del cromosoma Y permitió identificar al asesino de una menor tras analizar decenas de individuos con el mismo linaje paterno. Aquella investigación culminó con la confesión del culpable.
Uno de los episodios más duros que ha relatado ha sido el accidente del Yak-42. Alonso ha calificado el proceso como una "ignominia" y una "historia de una indignidad", al demostrarse que muchos cuerpos fueron enterrados sin identificar correctamente. "Se mintió a las familias", ha denunciado, subrayando el daño añadido al duelo.
A lo largo de su carrera, ha destacado, la ciencia también ha servido para exonerar a inocentes. Ha explicado que el ADN permite no solo identificar, sino también "excluir falsos culpables".
Finalmente, ha insistido en la necesidad de contextualizar cualquier hallazgo genético, ya que la transferencia de ADN puede producirse de múltiples formas. Por ello, ha reiterado que la clave está en interpretar todas las pruebas con rigor para acercarse a la verdad y dar respuesta a las familias.

