Cuando un perro muestra signos de agresividad hacia su familia, otros animales o personas ajenas al entorno familiar, no conviene restarle importancia. Así lo advierte el veterinario Carlos Rodríguez, director de Como el perro y el gato, que insiste en la necesidad de actuar desde el primer momento.
"Esto es algo que tenemos que tomarnos en profundidad y con ayuda de un profesional de forma inmediata al primer signo de agresividad de un perro", explica en Por fin. De hecho, señala que comportamientos aparentemente menores, como que el animal gruña cuando alguien se acerca a su comida o a un objeto que considera suyo, pueden ser una señal de alarma: "Esa es la puerta abierta a que lo siguiente sea un mordisco".
La genética, uno de los factores clave
Según apunta Rodríguez, la agresividad tiene distintos orígenes, y uno de ellos es la propia genética. "Hay problemas que vienen instaurados en el disco duro del animal y nosotros no podemos quitarlos", señala, aunque insiste en que la educación del animal puede ayudar a reducir determinadas conductas. Por ello, considera fundamental informarse antes de elegir un perro, especialmente en el caso de determinadas razas. "Hay razas que son más cañeras, más fuertes y que generalmente se destinan al trabajo, pero no a compañía".
Las hormonas y el comportamiento
Junto a la genética, las hormonas también desempeñan un papel importante. El veterinario destaca especialmente la influencia de las hormonas sexuales tanto en machos como en hembras. En estas últimas, situaciones como el celo, la gestación o la protección de una camada pueden provocar cambios significativos en el comportamiento.
Además, recuerda que determinados trastornos hormonales pueden estar detrás de conductas agresivas. "Hay veces que hay alteraciones en la tiroides" que pueden desencadenar este tipo de respuestas. En esos casos, explica, una simple analítica puede detectar el problema y permitir que el tratamiento médico reduzca o elimine la agresividad.
Otro de los factores que pueden provocar reacciones inesperadas es el dolor. Rodríguez compara esta situación con la de una persona que sufre una dolencia intensa y rechaza el contacto físico. "Cualquier tipo de enfermedad que le provoque dolor al animal evidentemente le va a tener en una situación incómoda".
Educación y coherencia en casa
Más allá de las cuestiones puramente biológicas, el veterinario pone el foco en la responsabilidad de los propietarios. "Todo el mundo que hay en casa tiene que dar los mismos comandos al animal". Las contradicciones en las normas o en la forma de relacionarse con el perro pueden generar desestabilización y favorecer problemas de comportamiento.
En cualquier caso, el mensaje final es claro: "Si vemos que no somos capaces de educar a nuestro perro, vamos a un especialista".
