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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Venir a La Rioja es como que te inviten a las bodas de Caná. Pase lo que pase, sabes que vas a beber vino.

Les voy a decir una cosa.

El rey vuelve a estar hecho un chaval, ¡tiembla, Botswana!

Carlos Alsina | @carlos__alsina  | Logroño | 21/11/2013

Una copa de vino

Una copa de vino / Agencias

Muy aficionado a la zarzuela no debe de ser el rey (la zarzuela, género musical, no el palacio al que debe su nombre) porque si lo fuera habría entrado esta mañana al hospital cantando “La del manojo de rosas”, esa parte que dice “hace tiempo que vengo al taller / y no sé a qué vengo. / Eso es muy alarmante / eso no lo comprendo”.

Don Juan Carlos se pasa la vida en boxes pidiendo repuestos -una cadera izquierda, una rodilla derecha y un par de muletas, por favor-, y, sin embargo, nunca lo dejan arreglado del todo. En la clínica Quirón ya le tratan como a uno más de la plantilla. “Hombre, Juan Carlos, cuántos días sin verte, ¿qué has estado, librando?”

Y los que han ido cogiendo más confianza le preguntan por la familia: “¿qué tal los nietos, qué tal la nuera, cuánto falta para que encarcelen al yerno?” Hoy la noticia es que el rey ha vuelto al hospital para cambiarse la prótesis de cadera y le gente pregunta: pero a este hombre cuántas veces le van a operar de lo mismo. Expliquémoslo. La cadera que le habían puesto la última vez sabéis era temporal, “temporal” como la subida del IRPF. Y la que le han puesto hoy se supone que ya es para siempre, “para siempre” como la subida del IVA (eso no nos lo van a bajar nunca). Esta cadera es la última.

Hoy, cuando el doctor Cabanelas le dijo al rey: “bueno, majestad, vamos con la refinitiva”, el rey debió pensar “cruza los dedos, cruza los dedos”, que la ley de Murphy la hicieron pensando en mí. Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal.Cuando se cae la tostada...siempre lo hace por el lado que te rompe la cadera.

El doctor ha dicho luego que todo ha ido bien y que en seis semanas tenemos al rey otra vez en plena forma. Un tipo simpático este doctor Cabanelas. La otra vez le preguntaron si el rey podría volver a su trabajo habitual y respondió, en un alarde de sinceridad, “bueno, es que yo no sé en qué consiste exactamente el trabajo de rey”.

Al Príncipe Felipe, doctor, le pasa lo mismo, pero está deseando descubrirlo. Básicamente el trabajo de rey consiste en recibir gente en Zarzuela. El otro día fue a verle Rosa Díez. Ella, zalamera, le dijo al monarca: “le veo muy guapo”. Y él ahí  estuvo poco diplomático porque solo respondió “muchas gracias”, cuando debería haber dicho, “para guapa, usted”. Con lo seductor que ha sido siempre él con las señoras.

Sabéis que la vinculación del rey con la Rioja viene de lejos. Cuando estaba de cadete en Zaragoza, las maniobras en verano las hacían en Ezcaray (hace muchos años, cuando el Echaurren aún no tenía su segunda estrella Michelín, ¿verdad?). Y se sabe que el rey, en Valgañón, siempre llegaba tarde al toque de retreta porque pasaba mucho tiempo con una jovencita que le traía loco. Dices: ¡no sería Corina! Noos, aquella joven era riojana, era morena y no conocía príncipes saudíes. Y tampoco cobraba por sus gestiones.

Luego ya vino el rey como Rey a la Rioja hace 36 años (noviembre de 1977), para celebrar el milenario de la lengua castellana. “Tierra de la Rioja, punto de convergencia de los distintos pueblos de España”, dijo. Allí estaban vuestros paisanos, con la boina y bota riojana, decían las crónicas, celebraban el reconocimiento a su patria chica. Como si fueran Carmen, Jesús e Iñaki cantando

“La Rioja existe”.

La Rioja existe /

pero no es /

si nos unimos /

la hemos de hacer. /

 

Aunque su nombre es pequeño, /

sólo lleva cinco letras, /

qué grande suena la Rioja, /

¡La Rioja!, que bien me suena. /

 

La Rioja, y el vino que iluminó a Gonzalo de Berceo. Un otoño más estamos agradecidos al Consejo Regulador por abrirnos sus puertas. Venir a La Rioja es como que te inviten a las bodas de Caná. Pase lo que pase, sabes que vas a beber vino.

Cada vez que venimos, el Consejo nos trata tan bien tan bien que yo me siento Robert Parker. No, Peter Parker no, ése es el hombre araña. Robert Parker, el gurú del vino al que todo el mundo le hace mucho la pelota. Es un señor de Baltimore que era abogado de una entidad financiera hasta que empezó a escribir sobre vinos y tuvo tanto éxito que dijo “al infierno la abogacía, bendito sea el vino”. Y ahora se gana la vida así, probando y poniendo nota. Es como una agencia de calificación de riesgos, pero en vinícola. El Moody’s del vino. Y pasa lo mismo que con las agencias de calificación de riesgos, que si luego compras un vino que él recomendaba mucho y te sabe un poco a subprime, ah, a él no le pidas cuentas, sólo te dio su opinión.

Bueno, si nadie lo impide, el gobierno considerará el cambio de prótesis del rey como “reforma estructural” (de la jefatura del Estado) y la añadirá a su lista de grandes éxitos: las cosas que hacemos por España. Ayer el presidente nos dio las gracias a todos por los sacrificios que hemos hecho estos dos años. No es por ser puntilloso, pero uno da las gracias cuando alguien ha hecho algo por ti: gracias por haber venido a acompañarnos, por ejemplo.

Y no quisiera yo darle un disgusto al presidente, Soraya me libre, pero...los sacrificios no los hemos hecho por él, sino porque él nos ha obligado. Dices: hombre, es que a él le obligó Angela Merkel. De acuerdo, pero tiene que quedar claro que no ha sido voluntario. Gracias por pagar más impuestos. ¿Podíamos elegir? El lenguaje es traicionero, eh. A Rajoy, que es un hombre sobrio, sólo se le recuerda un verdadero momento de entusiasmo, que fue aquel en el que exclamó, ebrio de emoción, ¡Viva el vino!Por eso la gente, cuando llega su cumpleaños, le regala botellas de Rioja.

Antes le regalaban puros. Pero resulta que el presidente ha dejado de fumar. Esto lo ha confirmado él esta mañana en RNE, en la ¡segunda! entrevista radiofónica que ha dado en dos años -no quiere quemarse-. Hay dos versiones sobre por qué ha dejado los puros. Una, que se ha hecho muy deportista. La otra, que cuando Bárcenas contó que le llevaba los sobresueldos a un ministro en una caja de puros, a Rajoy empezaron a caerle mal los cigarros. Y Bárcenas, también. Por eso se quitó de los dos, los puros y el tesorero.

Hoy ha admitido que en el caso Bárcenas algunas cosas podía haberlas hecho mejor, no ha dicho cuáles, y también que de los errores se aprende. Ya ni fuma puros ni manda sms. En este segundo cumpleaños, Rajoy ha querido hacerles un regalo a sus ministros. La confirmación. Si puede, ha dicho, no cambiará de ministros en toda la legislatura. Y quedan dos años. Dos años más de Wert, amigos erasmus. Dos años más de Montoro, amigos contribuyentes. Dos años más con Gallardón de ministro, Soraya. Dos años le quedan a Margallo para conseguir que nos devuelvan Gibraltar.

Yo creo que el mejor regalo que le han hecho al gobierno en este cumpleaños son los libros. Los libros de memorias que están escribiendo otros. Aznar, que cada vez que habla convierte a Rajoy en un señor verdaderamente moderado;

Solbes, con La venganza de don Pedro; Zapatero, quepresenta su libro la semana que viene. Subrayo: no es un libro de Economía. Aclarémoslo cuantas veces haga falta para atajar la alarma social que esto ha creado.

A Monserrat Caballé le han contado que Zapatero ha escrito un libro de economía y ya veis la expresión que se le ha quedado. Le preocupó de verdad. Envió a Raphael a meterle miedo a Zapatero para que no lo escribiera. Y el presidente dudó. Tú eres Zapatero, estás en casa, de noche, escuchas como crujen los escalones de madera y te imaginas a Raphael subiendo mientras dice “nananá nanana”.¿Y qué haces? Decir “yo no he sido, yo no he sido”. O sea, hacerte un Solbes.(Que es como ahora se llama a cargarle a otro el muerto). Las madres, ahora, cuando regañan a sus niños: “Mamá, que yo no he ido”. “¡No me seas Solbes!

A disfrutar de vuestra compañía y del vino de esta tierra. Que como dijo Napoleón” en las victorias lo merecemos y en las derrotas lo necesitamos”. Y Napoleón sabía bastante de las dos cosas.

Gracias por pagar más impuestos, digo por haber venido, y bienvenidos a La Brújula.