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EL MONÓLOGO DE ALSINA

En tiempos de precariedad económica, todas las alianzas son pocas

Les voy a decir una cosa.

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Te convocan a una reunión que sabes que será un latazo y ¿qué haces? “Oye, que no voy a poder asistir, eh, que estoy en cama con un trancazo que no puedo ni moverme”. “Vaya por Dios, ¿no tendrás fiebre?” “Sí, ya lo creo que tengo, cincuenta o sesenta”. “Madre mía, sesenta de fiebre, deberías estar muerto”. El otro no se lo traga, pero qué va a hacer, salvo desear que te suba de verdad la temperatura.

Carlos Alsina | Madrid  | 16/11/2012

El Rey con el presidente colombiano en la Cumbre Iberoamericana

El Rey con el presidente colombiano en la Cumbre Iberoamericana / EFE

Quién no ha puesto alguna vez una excusa -creíble o increíble, casi da igual- para escaquearse de una reunión de trabajo o de una fiesta de vecinos. “El viernes por la tarde en mi casa, que viene toda la comunidad y lo vamos a pasar chévere”. “Uy, es que el viernes precisamente ya había quedado, eh, pero te lo agradezco, no dejéis de divertiros”. De la kedada vecinal pasas olímpicamente, pero procuras ser diplomático, ¿verdad? “Iría de mil amores, pero créeme que no puedo”.

En las cumbres iberoamericanas (esta kedada de países vinculados históricamente con la Península Ibérica) ya es costumbre que los jefes de Estado que se escaquean se busquen una excusa relacionada casi siempre con la salud, que son las que mejor cuelan. José Mújica, por ejemplo, contó ayer en su programa de radio -porque tiene un programa de radio- que tiene un dolor en la pierna derecha y problemas de circulación. ¿Que quién es José Mújica? Los uruguayos que viven en España seguro que no se lo preguntan, porque es su presidente, uno de los que menos trabajados tenemos los medios españoles, ¿verdad?, junto con Federico Franco, el de Paraguay, Otto Pérez, el guatemalteco, o Martinelli, el panameño.

Éste último sí ha venido, a pesar del baño que le dio la selección española anteayer a la panameña, lo que pasa es que si sale a la calle nadie le reconoce, porque a los presidentes iberoamericanos, quitando a Hugo, a Raúl y a Cristina, los españoles los identificamos poco. Piñera, el chileno, igual sí, porque salió mucho en televisión cuando los mineros. Y antes, Lula, que visitaba España con frecuencia, ¿verdad?

Hoy había gente que decía “¿y Lula, tampoco ha venido Lula?” Si es que Lula ya no es. Ahora es Rouseff, una señora. Menos conocida aquí que Cristina y bastante más ponderada. Los más populares, Hugo, Raúl, Cristina -que son también los más dados a la proclama populista y al discurso largo- se han zafado de la cumbre, Chávez y Castro sin mas explicaciones y Cristina alegando razones médicas. Dice que anda con la tensión baja y que los médicos le prohíben un viaje tan largo. En realidad a esta mujer, como sabemos, nadie es capaz de prohibirle nada porque manda todo lo que la ley le permite y más, pero es verdad que esta semana anda pachucha. Lo que pasa es que no es de hipotensión de lo que sufre, sino de cacerolitis.Le han montado unas caceroladas esta semana los colectivos críticos con su gobierno que aún no se ha repuesto la señora presidenta. Entre eso y que anda todavía enfurruñada con España por la trifulca de YPF, otra que no viene.

Dices: pero entonces, ¿hay quórum o no hay quórum? Sí, claro que hay. De hecho, es una de las veces que más gente ha acudido. Pero en estas cumbres ya se sabe que acaba siendo más noticia quién se escaquea que quién acude. Injusto a todas luces, ¿verdad? Si tú vas a una fiesta lo que peor te sienta es que todo el mundo pregunte por los que no han venido. Eh, que yo sí estoy aquí, hacedme caso. El gobierno español había puesto mucho empeño en conseguir en esta cumbre el pleno al quince de asistencia y en darle también un poco más de contenido que a las anteriores. Porque de las cumbres iberoamericanas, al final, nadie se acuerda porque casi nunca queda claro qué ha salido de ellas, más que declaraciones y más declaraciones. Sólo se recuerdan por el atuendo de lino blanco que lucen los presidentes cuando se hacen en el Caribe o por salidas de tono tipo “por qué no te callas”.

El Rey es muy de hacer frases impacto en estas cumbres. La de hoy ha sido “estoy un poco tullido”. Se lo dijo don Juan Carlos al presidente colombiano mientras le señalaba la muleta que necesita para moverse. Todo un símbolo de la España en recesión y pendiente del rescate: la muleta real. Con razón los presidentes iberoamericanos al verle pensaban: “pues sí que es verdad que está España para llorar”, otra frase-impacto de las que viene pronunciando el monarca. A Dilma Roussef, la brasileña, la situación que atraviesa nuestro país le parece que es la prueba del nueve de que la doctrina europea del ajuste y la austeridad a toda costa es equivocada. Ella viene repitiendo que lo que hay que hacer es incentivar el consumo y la actividad económica, crear empleo sin fijarse tanto, ahora mismo, en el déficit y la deuda. Tampoco es que en Brasil estén ahora mismo para tirar cohetes -su crecimiento está paradito- pero viene de vivir unos años bastante mejores que los nuestros y entre los asuntos que el gobierno español está hablando con el brasileño está la emigración de ingenieros españoles a aquel país.

Rajoy les está contando a todos que aunque ahora estamos en un momento muy bajo, él no tiene duda de que en 2013 se acaba la recesión y en 2014 estaremos creciendo. El Rey aludirá probablemente en su brindis de esta noche a la utilidad, también económica, de las relaciones estrechas que mantienen los países de la comunidad iberoamericana. En esta ocasión coincide la cumbre con el año 12, bicentenario de la Constitución de Cádiz con la que la España de este lado del océano se desentendió de la absorción napoleónica y la España del otro lado reclamó su derecho a tener voz propia, en la antesala de lo que acabaría siendo la independencia de casi todos los territorios españoles en América.

Cádiz se ha llenado de coches largos y agentes de policía para acoger a tanto gobernante que habla español o portugués y que sabe que una cumbre como ésta tiene mucho de puesta en escena, mucha cáscara, y menos nueces. Pero son las relaciones personas que se forjan en cumbres como éstas las que, a la larga, explican muchos de los problemas, o soluciones, que acaban surgiendo entre dos naciones.