MÁS DE UNO

El sueño de Alsina: "Los políticos habían prometido ponerse de inmediato a la tarea de resolver el problema de la vivienda"

Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé... que despertaba.

Y soñar se había puesto de moda. De pronto, todo el mundo quería compartir sus sueños conmigo, como si yo fuera Mauricio Xandró y pudiera descifrar su significado. Yo no sé lo que significan los sueños. Ni quiero. Una vez soñé que el comisario Villarejo me ofrecía una grabadora de segunda mano y un pack de siete cintas de cassete que según él eran de cromo y estaban vírgenes pero que, en realidad, estaban regrabadas y eran de Camela. Me decía Villarejo, con el palillo en la boca y el carajillo de media mañana: ‘Es una grabadora estupenda, con forma de satisfyer para obtener informaciones vaginales’. A saber lo que quería decirme mi inconsciente. Que digo yo que, si fuera importante, me lo diría a cara descubierta, o sea, con plena consciencia.

Leonor me contó el otro día –-Leonor Lavado, no la princesa-- que soñó que yo estaba retirado del todo y me pasaba el día paseando pulpos por una playa. Los pulpos, al parecer, caminaban erguidos sobre sus brazos perfectamente estirados y, si percibían algún peligro, ladraban. Me pareció inteligente pasar el tiempo con seres que tengan más cerebro que yo, pero le hice ver a Leonor que si ladraban, igual es que pulpos, lo que se dice pulpos, no eran. ‘Mi sueño es mío’, dijo ella, con razón, y me explicó que el ladrido de sus pulpos, a diferencia del de mis perros, es un ladrido ahogado.

En el New York Times, que es el único periódico que leo los viernes, cuentan que los hombres jóvenes y modernos no tienen perro sino gato, pero yo creo que es porque viven todos en Manhattan, tienen apartamentos minúsculos y sospechan que el perro se les va a comer el espacio. Ellos se lo pierden, porque se ha hecho un estudio que revela que los perros se fijan más en las consonantes que en las vocales exactamente igual que hacemos los humanos. Las consonantes nos dan más información. Sirve para distinguir un cartero de un carnero, que es algo francamente útil sobre si todo si eres perro… pastor. Yo a los míos les digo: ‘A comer’ y vienen todos a la carrera. Pero si les dijo ‘a correr’ no mueven una pata los comodones. Las vocales se repiten mucho, pero las consonantes marcan la diferencia. No es lo mismo un ‘te quiero’ que un ‘te hiero’, aunque haya hombres que no alcancen a distinguirlo.

Intenté explicarle a Rosa lo de los perros y las consonantes pero ella no estaba para nadie porque había leído, como yo, el New York Times y estaba desolada. Han hecho una lista de las cien mejores series de televisión de este siglo y ‘El juego del calamar’ salía varios puestos por delante que ‘Las chicas Gilmore’. Yo intenté animarle porque ‘Happy valley’ le gana a ‘House of cards’, pero ‘The good wife’ sale muy abajo y eso Rosa ya no lo remonta.

El problema de la vivienda

Me volví para la cama y escuché en la radio que la vivienda es una asignatura pendiente de país. Aquí no tenemos término medio. O inflamos burbujas inmobiliarias o dejamos sin aliento a los inquilinos ancianos. Los políticos habían prometido ponerse de inmediato a la tarea de resolver el problema. Como habían hecho el año anterior, y el año anterior al anterior y la década anterior y el siglo pasado. Como le escuché decir a un tertuliano, ‘si, total, Sánchez sólo lleva ocho años gobernando España’. Y como le escuché replicar a otro: ‘Si, total, el PP sólo lleva treinta años gobernando Madrid’. Soñé que las dos cosas era capaz de decirlas un mismo tertuliano y me explotó la cabeza poniendo perdida de neuronas basura la sábana bajera. Tengo que aprender de Patxi López, el hombre al que le molestan los matices.

Soñé que le regalaba al ministro Torres unos miguelitos de La Roda y él se ponía perdido el traje de azúcar mientras improvisaba una doctrina disparatada sobre las joyas de Zapatero y los productos típicos. Tengo que preguntarle a Marta, que es quien mejor explica los despropósitos. En mi sueño, la Junta Electoral había decidido que los nietos, para ser considerados nietos, tendrían que resucitar a sus abuelos y presentarse con ellos en los consulados acompañados de padrón municipal, certificado de penales y fotocopia del pasaporte compulsada. Fruto de la medida en España desaparecieron los nietos para siempre. Y a los abuelos que quedaban, los desahuciaron. Los inmigrantes fueron todos deportados y el voto quedó restringido a señores de edad mediana, mujeres adultas y alumnos matriculados en la Jaime Vera. La población quedó tan reducida que, de pronto, sobraban casas y, sobre todo, sobraban perros.

Le pregunté a Mari Carmen qué había soñado ella y me dijo: ‘Que cumplía ochenta y ocho años en casa y me dejaban soñar de nuevo’.