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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Si hay pacto en Andalucía será para un gobierno de dos y haciendo lo que Rivera habría llamado el reparto de sillones"

Fraguándose ya el cambio de gobierno en Andalucía. Cuánto cargo de confianza habrá empezado ya a empaquetar sus cosas y a buscarse la vida. La caja de cartón y un vistazo rápido a lo que pueda haber debajo de la alfombra. Porque esto se acaba.

@carlos__alsina |  Madrid |  04/12/2018

En el mundo virtual en el que ha elegido quedarse a vivir Susana Díaz, aún es posible que ella siga de presidenta previo pacto con Ciudadanos y la abstención de algún diputado suelto con el cuento de que así se frena el auge de la ultraderecha.

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En el mundo real, el PP y Ciudadanos terminan de tomarse la medida y preparan las bazas de cada uno para una negociación que puede ser más rápida de lo que el susanismo habría querido. Ambos saben que el premio gordo, el caramelo, es la presidencia de la Junta (los dos lo quieren) pero también que la palabra mágica es cambio y que eso exige dejar fuera de la ecuación al Partido Socialista. A Rivera le gustaría que el mundo real fuera una serie de televisión danesa, pero ni Andalucía es Dinamarca ni Marín se llama Birgitte.

Susana Díaz cerró ayer la posibilidad de que sus diputados hagan presidente al aspirante de Ciudadanos.

Lo normal en democracia es que aquel que consigue apoyos parlamentarios gobierna y el que no, pues no, da igual el puesto en la clasificación que haya obtenido. Muy predispuesta al sacrificio, como se ve, no está la candidata. Susana no llores más por mí aún sueña, o quiere que pensemos que aún sueña, con seguir gobernando ella. Pero sólo ella sueña con eso. Hoy sabremos cómo respira Pedro Sánchez, el hombre que prometió mirarse en su espejo...

…sobre esta negociación imposible en Andalucía. Pero ayer ya envió Sánchez a su profeta Ábalos por delante para que predicara la bondad de quitarse de enmedio.

El sanchismo al desquite contra el susanismo. Y el susanismo intentando salvar sus muebles y culpando del batacazo al coqueteo de Sánchez con los independentistas. Ayer se revolvió el profeta Ábalos cuando le preguntaron los periodistas si su partido está pagando el precio de haberse aliado con los independentistas.

No pactó nada para la moción de censura, pero sí está intentando pactar los Presupuestos que garanticen la continuidad de este gobierno. No hay cordón sanitario del PSOE a los dos partidos que ya intentaron tumbar la Constitución en Cataluña. Por muy inconstitucional que sea no sólo su programa de gobierno, sino su actuación al frente de la Genralitat de Cataluña.

La ventaja que hoy tiene Moreno Bonilla con Vox es la misma que tuvo Sánchez con Esquerra Republicana: que le prefieren de presidente de él y no va a necesitar ni sentarse a negociar un pacto.“No seremos obstáculo”, dijo ayer Santiago Abascal.

Los doce votos de Vox en el Parlamento andaluz ya se los puede apuntar Moreno sin bajarse del autobús. Los veintiuno de Ciudadanos le van a costar un poco más, pero ahí confía el PP en que le valga a Albert Rivera la presidencia del Parlamento y una vicepresidencia vistosa en un gobierno de coalición. Así como Pablo Casado cambió la doctrina del PP sobre el gobierno de la lista más votada por esta nueva que dice que donde la suma salga, los pactos de perdedores pasan a ser llamados bloque del cambio, Ciudadanos cambió también su doctrina anterior de facilitar investiduras pero quedarse fuera del gobierno por una esta nueva que dice que el apoyo al candidato se le cobra en cuota de poder. Si hay pacto, será para un gobierno de dos y haciendo eso que en otros tiempos Rivera habría llamado el reparto de sillones.

Y entonces veremos al PSOE recriminando al PP y a C’s que se hayan echado en manos de la extrema derecha como hoy vemos al PP y C’s recriminando al PSOE que se haya echado en brazos del independentismo.

El cambio en el gobierno de la Junta andaluza ya está en marcha —se ha acabado la fortaleza inexpugnable socialista— y todo lo que empieza a hacerse y decirse ahora hay que leerlo ya en otra clave: las elecciones que vienen. Las generales, que pueden ser en cualquier momento (no le den mucha importancia a lo que diga el gobierno, el adelanto sólo se admite el día que se convocan) y las municipales llegan en mayo.

Los dos grandes partidos de la izquierda, el PSOE y Podemos, han elegido ya el acicate para la movilización electoral (porque la movilización, como se ha visto, anda floja entre su electorado): el acicate se llama Vox. Presentar a Vox como un partido de riesgo y en situación de llegar a gobernar España y declararle la batalla no sólo en el discurso. También —lo ha hecho Pablo Iglesias— en la calle.

El partido que nació y creció al calor de la indignación contra la casta busca ahora que la indignación reverdezca contra Vox. Unos cuantos miles de personas consideraron oportuno anoche manifestarse en varias ciudades andaluzas.

La retórica de la batalla, la lucha, la tumba, el estado de emergencia y los terroristas que siempre son los otros. A ver cómo le explican a Joan Tardá esta emergencia nacional porque la extrema derecha ha entrado en un Parlamento regional cuando él lleva meses viendo el Hemiciclo lleno de fascistas. A ver quién le explica ahora al señor Ábalos, tan alarmado por la extrema derecha, que según su compañera de gabinete Delgado la extrema derecha ya tiene en el Congreso 134 diputados. ¿Se acuerdan de aquella bobada?

Cuando has banalizado tanto las etiquetas, no puedes esperar que se te tome en serio. Ahora que ha irrumpido Vox, a Rajoy le ven todos como un centrista. Aunque en vida le trataran como todo lo contrario.