Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez le debe explicaciones a la sociedad española representada en el Parlamento"

Sigue aumentando la lista, vicepresidenta, de gente que no entera de nada. Con lo claro que lo tiene todo usted, y no hay manera.

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 08/02/2019

play

El último desinformado es Felipe González. Incapaz, según se ve, de seguir el hilo argumental de Carmen Calvo.

E incapaz de entender por qué el Gobierno le ha comprado al Gobierno independentista una mesa de partidos nacionales con relator incorporado.

Esto le pasa a Felipe por no seguir los debates políticos donde ahora se hacen, que es un Twitter. Si lo hiciera habría leído a Adriana Lastra, número dos de su partido, que esto del relator no es más que una persona que toma notas y que escandalizarse por una mesa de partidos es ridículo.

 

Miren, éste no es un asunto de izquierdas o derechas, por más que la sobreactuación de Casado y Rivera no ayude. Casado y Rivera compitiendo por ver quién le suelta la pedrada más gruesa a Sánchez y quien agarra con más vigor la bandera. Hay una manifestaicón convocada el domingo. A la que no van a acudir los dos presidentes autonómicos de más peso que tiene el PP, partido convocante y manifestante. Razones de agenda, dicen. Feijóo tiene un viaje a América. Juanma Moreno había quedado ya con la familia. Las agendas se cambian cuando la emergencia nacional lo exige. Pero ni a Feijóo ni a Moreno les parece que la situación sea tan dramática como Casado se esfuerza en que parezca. La felonía, la alta traición. El lenguaje bravo y grueso del hay que echarle. El mismo tono y la misma rabia con que Podemos y el Sanchismo lo dijeron antes: hay que echarle. A Rajoy. El registrador de la propiedad del que un día exalta el PSOE lo moderado y prudente que era y al día siguiente le cargan el muerto de que Puigdemont se creyera capaz de cargarse la Constitución con diez mil urnas chinas y una comparsa de alcaldes agitando sus bastones.

A los presidentes los pone y los quita el Parlamento.

Y éste de Cataluña no es un asunto de derechas o izquierdas, es un asunto de lealtad a las instituciones y de transparencia en los procedimientos.

A quien le debe explicación de cuanto hace el presidente Sánchez no es a su partido, o al PSC, o a Podemos o a Urkullu. A quien le debe explicación es a la sociedad española representada en el Parlamento. Al Congreso, presidente. El Parlamento al que usted le debe el cargo que hoy tiene.

Es ahí donde debe situar él, ya, con urgencia, este debate.

Ya que el Gobierno y sus portavoces le han cogido gusto a esto de recordar que en el País Vasco también hubo un conflicto y todos los gobiernos recurrieron a negociaciones y mediadores para intentar resolverlo, ya que el señor Aragonés, vicepresidente catalán, mencionó ayer en este programa las conversaciones de Argel, que empiece el gobierno por hablar claro y por actuar en consecuencia.

• Si Sánchez se plantea la cuestión catalana como un proceso de paz, que lo diga.

• Si está pensando en mesas de diálogo y mediadores entre dos partes en conflicto, que lo diga.

• Y si el modelo es ése, recordemos entonces lo que hizo un presidente socialista llamado Rodríguez Zapatero.

Año 2006. Zapatero acudió al Congreso a exponer las reglas de un proceso de negociación con ETA. Dijo: ésta es mi propuesta, éste el marco, estos los compromisos que asumo. El Congreso levantó acta, como relator que es de la vida pública española, y le dijo al presidente: en estas condiciones, adelante. Luego es verdad que fue el presidente quien se saltó sus propias reglas por exigencia de Arnaldo Otegi y la cosa se torció. Y que antes de todo eso la ley de partidos había dejado fuera de las instituciones, y las subveciones a Batasuna. Pero bueno.

Pedro Sánchez compareció en el Congreso el 12 de diciembre en un pleno monográfico sobre Cataluña. Allí expuso el planteamiento que hacía entonces su gobierno. Fue aquel discurso, por cierto, que Esquerra Republicana atribuyó a Borrell, por la contundencia contra el independentismo. ¿Qué dijo el presidente ante la cámara? Que el diálogo debía producirse entre las fuerzas parlamentarias en Cataluña. Lo primero, dijo, es que en el Parlamento de Cataluña los grupos parlamentarios nacionalistas y no nacionalistas sean capaces de ponerse de acuerdo entre ellos. Y eso, remató buscando el aplauso, es algo que deben hacer entre ustedes.

En el Parlamento catalán, independentistas y no independentistas, pactando una propuesta. Mientras eso no existiera, no veía el presidente que el gobierno de España tuviera que mover ficha.

En aquel discurso no había ni mesas de partidos, ni relatores ni nada de todo lo que ha ido aceptándole luego Carmen Calvo al gobierno de Cataluña.

Por eso es obligación del presidente explicarse y exponerse.

Preséntese en el Parlamento español y exponga con transparencia lo que pretende y las reglas del juego que se compromete a respetar con claridad y con detalle: si cree que debe haber mesa de partidos, que lo diga. Si cree que relator, que lo diga. Y luego, que el Parlamento lo valore, lo debata y lo vote. Aquellos diputados del PSOE que están con el clamor por el diálogo que tiene diagnosticado la vicepresidenta, que arropen a Sánchez. Aquellos diputados que estos días reniegan del relator, de la mesa y de Sánchez, que se manifiesten con libertad y en consecuencia. Barreda, Soraya Rodríguez, los que sean. Sólo en esos términos puede sostenerse una negociación que afecta a una cuestión tan delicada y tan susceptible de ser bañada en gasolina. Es en el Parlamento, y no en un grupo de whatsapp, donde el gobierno tiene que fijar el marco, el perímetro (que diría Felipe) de lo que pretende.

Y está obligado a hacerlo con nitidez, con honradez y con palabras que todo el mundo entienda. Ponga fin cuanto antes a la farragosa exhuberancia propagandística de su número dos, la señora Calvo, y ahórrenos el trilerismo verbal de la parte contratante de la primera parte. Sométase al escrutinio público y deje de rehuir a la prensa.