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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Hoy Griñán terminó de interpretar el guión que él mismo escribió

Les voy a decir una cosa.

Si sólo hubiera dicho estas dos palabras, se habría evitado meterse en un jardín modelo laberinto.

Carlos Alsina | @carlos__alsina  | Madrid | 24/07/2013

José Antonio Griñán comparece ante los medios (Archivo)

José Antonio Griñán comparece ante los medios (Archivo) / EFE

Si sólo hubiera dicho “razones personales” -fin del discurso- nos lo habría puesto difícil para darle una vuelta, esta noche, a cada una de las afirmaciones que hoy hizo para explicar (seguramente el verbo está mal elegido) su anuncio de dimisión diferida y el procedimiento que eligió hace un mes para promocionar como sucesora a Susana Díaz. A medida que iba hablando, esta mañana, Pepe Griñán ante los periodistas, le iban creciendo los setos del jardín modelo laberinto obstaculizándole el camino.

Hoy Griñán terminó de interpretar el guión que él mismo escribió y que empezó a poner en pie hace casi un mes, cuando -contra pronóstico- declaró su deseo de no repetir como candidato (a tres años vista de las próximas elecciones autonómicas) y su intención de convocar con urgencia el proceso de primarias previsto en las reglas de juego de su partido. Obsérvese que esta primera parte de la obra discurría únicamente en este escenario, el del partido.

Quien sea el candidato a unas elecciones es una decisión que compete únicamente al partido político que concurre, y cuál sea el procedimiento para escoger ese candidato, también. Griñán mantuvo expresamente al margen al gobierno autonómico: lo que estaba anunciando era únicamente su deseo de no repetir en 2015, decisión que afectaba no a la gestión del gobierno andaluz -que dijo estar decidido a continuar-, sino sólo a los planes internos de la formación en la que milita. Estamos hablando de hace menos de un mes. Un mes después, Griñán ha hecho todo lo contrario: mezclar, como si fueran sólo uno, los dos escenarios: el de su partido y el del gobierno autonómico.

El relato que hoy hace (y que no es el que hizo hace un mes), el hecho de contar ya -el PSOE- con una candidata a la presidencia en 2015 es lo que hace aconsejable que sea ella quien dirija a partir de ahora el gobierno andaluz, y por eso, más las razones personales y negando que todo esto tenga algo que ver con los EREs, es por lo que él deja el cargo en septiembre. Recordemos: las primarias son un procedimiento interno del partido socialista para nombrar al cartel electoral, pero Griñán ha querido convertirlo en una especie de vía rápida para proceder al recambio al frente del gobierno, como si las primarias vinieran a ser un sucedáneo de la sesión de investidura, o al revés, como si la investidura parlamentaria no fuera más que el acuse de recibo de las primarias.

Hoy ha dicho Griñán que, si hubiera ganado las primarias alguien que no fuera diputado, entonces él habría permanecido como presidente autonómico toda la legislatura. Es decir, que las razones personales de tanto peso que le llevan a abandonar el cargo no deben de pesar tanto cuando él mismo dice que habría seguido si las primarias las hubiera ganado otro. Esta mezcla de escenarios (el del partido y el del parlamento) que hoy ha hecho Griñán sólo contribuye a aumentar la sensación de enredo, la falta de transparencia con que se ha conducido el presidente saliente a la hora de explicar, de verdad, de qué va todo esto. Pongamos que, como ha dicho hoy, Griñán tenga razones poderosas, personales y políticas, para querer abandonar el cargo que asumió hace un año, por los EREs o por lo que sea.

El procedimiento lógico, en ese caso, es el siguiente: Griñán hace saber que desea dejarlo, su grupo parlamentario señala a Susana Díaz como aspirante a sucederle, se convoca la sesión de investidura en el Parlamento andaluz y, con los votos de socialistas e IU sale elegida la nueva presidenta de la Junta. Punto. Ése es el procedimiento reglado para el relevo de un presidente autonómico, que nada tiene que ver con las primarias o con los procedimientos internos de los partidos. Y es un proceso reglado del que sale un nuevo presidente, o presidenta, perfectamente legítimo. Esto que ahora se dice de que Susana Díaz no ha sido votada por los andaluces es falsear la realidad, y en eso tiene toda la razón Griñán.

La señora Díaz sí ha sido votada por los andaluces, como lo han sido todos y cada uno de los diputados autonómicos. Y son esos diputados quienes, en representación de sus votantes, eligen a uno de ellos como presidente. Se podrá decir que Susana Díaz no ha sido cabeza de cartel, pero a las urnas ha acudido y de las urnas ha salido elegida. Es verdad que esto a quien tiene que recordárselo Griñán es, entre otros, a su compañero de filas Tomás Gómez, que es quien mantiene justo eso respecto de Ana Botella o Ignacio González. La legitimidad de quien va a ser nueva presidenta de Andalucía está fuera de duda. Su eficacia, su pericia, su grado de acierto en el gobierno, será lo que habrá de ir juzgando la opinión pública y el Parlamento.

Es el procedimiento (y los argumentos) empleado por Griñán para ungirla lo que ha levantado, en el propio PSOE, sorpresa. Porque se entiende que cuando un presidente autonómico toma sus decisiones debe considerar, antes que ninguna otra cosa, el interés general de los ciudadanos (eso dicen todos cuando gobiernan). Pero todos los argumentos que hoy empleó Griñán son de partido y de cálculo de posibilidades en el pulso electoral con el PP. No ha alcanzado a explicar por qué un gobierno de Susana Díaz es mejor para los andaluces que un gobierno de Griñán. Ha dicho, por ejemplo, que la nueva candidata del PSOE tiene, así, tiempo para darse a conocer ante los votantes (antes de las próximas elecciones, se entiende) y que al PP todos estos cambios le han pillado con el pie cambiado porque ni siquiera tiene candidato para las autonómicas.

Argumentos electorales. Salvo que las elecciones, según Griñán, serán en 2015. Ha venido a decir el presidente saliente que los EREs le han permitido al PP desgastar a su gobierno y que, una vez que él se vaya, eso ya no podrá hacerlo, pero éste es un argumento que servía ya en el 2010, y en el 11 y en el 12. Los EREs son anteriores a las últimas elecciones autonómicas y no impidieron que Griñán fuera candidato hace poco más de un año. Y si el motivo último es, en fin, el cansancio, o la salud, o los problemas familiares, cuesta entender que el dimisionario quiera seguir como diputado y conservando su doble cargo orgánico, el de secretario general de la federación andaluza y presidente del PSOE.

Estos semi-abandonos a lo Esperanza Aguirre -irse de unas cosas pero no de otras-, alimentan las dudas sobre las razones auténticas de batirse en retirada. Sea porque teme la imputación judicial, sea por lo que sea, todo indica que cuando Griñán anunció que no repetiría como candidato, lo que en realidad había decidido es dimitir ya como presidente. Hace un mes contó una historia hecha de verdades a medias. No estaba buscando la elección de una candidata para las próximas elecciones; buscaba la apariencia de un plebiscito popular que legitimara el traspaso, inmediato, del poder a su heredera. Y obligando a que, en su partido, todo el mundo se retratara, por lo que pueda pasar en los inciertos tiempos venideros.