Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Era tan bueno, tan bueno, que cuando alguna de sus ovejas sorteaba la valla y se metía en el terreno del vecino, le pagaba al pasto que la oveja se hubiera comido de su propio salario, que era bien escaso. Las ovejas, en realidad, no eran suyas, sino del dueño de la finca en la que había encontrado trabajo. Apenas era un niño.
Un niño pastor que caminaba descalzo sobre piedras y espinas porque sentía que le purificaban las mortificaciones. Un niño cuya devoción a Cristo fue pronto motivo de admiración en la comarca. Se decía que, estando en el campo, al escuchar la campana de la iglesia del pueblo que tocaba al consagrarse la hostia en la misa, el pastorcito se arrodillaba en tierra, miraba hacia la torre de la iglesia y adoraba a Jesús. Diecisiete años trabajó en el campo antes de pedir el ingreso en el convento franciscano.
Y no, en contra de lo que dice la tradición popular, la alegría que le proporcionaba la oración no le llevó jamás a ponerse a bailar ni en el convento, ni en la iglesia, ni en el monte. No es canónica la creencia de que el joven Pascual, elevado luego a los altares -San Pascual- debe su apodo a su inclinación irrefrenable por marcarse, en cualquier momento, unos pasos de baile. Piensa en la fe y se le van los pies, nunca fue eso. Bailón lo era, sí, pero no por apodo sino por apellido paterno. Pascual Bailón Yubero, San Pascual Bailón, nunca fue bailongo.
Tengámoslo presente los opinadores y columnistas antes de lanzarnos a hacer bromas con el baile que empezó anoche y terminará en Andalucía el próximo 17 de mayo. Domingo, 17 de mayo. Ese día es San Pascual Bailón. Noche de baile electoral, hagamos ya hoy todos los juegos de palabras.
El día en que sabremos si Juanma Moreno, que muy bailón sospecho que no es, consigue respaldo suficiente como para seguir bailando solo -perdón, gobernando solo-, o como les sucede a sus compadres Azcón, Mañueco y Guardiola tiene que sentarse a repartir sillones con Vox, porque ellos -y ella- no bailan solos.
Anoche se apareció Moreno ante los andaluces para ponerle fecha a las elecciones autonómicas. Y para utilizar, él también, la guerra en Irán y la crisis de inflación que viene como argumentos para acelerar la elección de nuevo Parlamento. Está clara la idea, ¿no?, o el mensaje electoral: ante tiempos inciertos, un gobierno fuerte y estable. Que no tenga que andar negociándolo todo con partidos pequeños, como le pasa a Guardiola, o a Mañueco, o a Sánchez.
Anoche fue el anuncio, hoy será la disolución del Parlamento andaluz. Y a correr. Vamos, a darse prisa quienes aún no tienen decididas alianzas, candidatos y listas porque el tiempo apremia y el reloj ya marca la cuenta atrás. A ver Maíllo, líder de la Izquierda Unida que tiene en Andalucía su motor más engrasado; a ver cómo navega las aguas turbulentas de las marcas de izquierdas porque cualquier carrera electoral se convierte, en este espacio político, en una mezcla de cacería y ajustes de cuentas.
No habrá superdomingo electoral
Hoy, por tanto, se despeja otra de las incógnitas que más conjeturas ha despertado en las últimas semanas: si las andaluzas coincidirían con las elecciones generales. Es decir, si en vista de la deriva que llevan las encuestas, le interesaría a Sánchez hacer coincidir los dos exámenes. El momento pasó.
Y eso que si el no a la guerra es tan movilizador como sostienen, entusiastas siempre, los gurúes de la Moncloa (entusiastas de sus propias estrategias, es natural), y si la crisis energética devuelve a los gobernados su fe en el gobierno anti crisis, igual la tentación de convocar debería ser alta. Pero no.
Lo que sí habrá de producirse pronto es el hito, el momento histórico, en que una de las pocas personas que ha mantenido la confianza del jefe desde 2018, una de las pocas supervivientes del primer gobierno Sánchez, de sólo ministra de Hacienda a número dos pluriempleada, abandona el ministerio para entregarse a la tarea de intentar restituir el gobierno de izquierdas que durante treinta y seis años tuvo Andalucía. Treinta y seis años gobernó la izquierda. Siete y medio lleva gobernando la derecha. Y cualquiera diría que Juanma Moreno lleva toda la vida y que el PSOE siempre lo tuvo crudo.
El gobierno de Sánchez no ha sido muy productivo para la izquierda andaluza. Ni para María Jesús Montero, que vuelve a casa vuelve con su financiación singular bajo el brazo, los acuerdos con Esquerra esperando a que pasen estas elecciones, y habiendo dejado de hacer su principal trabajo, que era presentar a las Cortes cada año el Presupuesto. La ministra que más veces dijo que ya estaba próximo el día en que las cuentas serían presentadas va a abandonar el cargo habiéndose desmentido a sí misma.
Las encuestas, en el comiendo de esta carrera electoral, sitúan al PP cerca del 40% del voto y al PSOE veinte puntos por debajo. En dura competencia no con el PP sino con Vox, que aspira al 20% y a empatarle al PSOE las elecciones. Pero ya ha dicho la ministra-candidata que Moreno convoca ya temeroso del repunte del PSOE. No de la victoria, entiéndeme, sino del repunte. 'Tiembla, que repuntamos'.
El gobierno de Sánchez no ha sido muy productivo para la izquierda andaluza
Al presidente que va purgando su gobierno a base de enviar ministros a perder elecciones le preguntó Ainhoa Martínez el viernes -lo recordábamos ayer- cuándo abandonaría el gobierno la ministra aspirante. Ya responderá el presidente a estas otras preguntas cuando él quiera. Porque es él quien decide cuánto toca responder a según qué cosas y, si de él dependiera, decidiría también cuándo toca preguntarlas. ¿Usted qué dice, ministra, cuándo va a dejar el Gobierno?
Nunca es fácil traducir a María Jesús Montero pero parece que esto que dijo el año pasado significa que dejará el Gobierno cuando su jefe le diga que lo deje, tampoco hay mucho misterio. Objetivo: restituir el gobierno andaluz para el PSOE. El 17 de mayo, por cierto, además de San Pascual Bailón es Santa Restituta. Eso sí es un duelo, el del santoral. ¿Usted con quién va, con Pascual o con Restituta?
Sánchez en Oriente Medio
Por cierto, cuando uno se equivoca lo suyo es rectificar cuanto antes. Ayer les dije que la exigencia que, con toda la contundencia de que es capaz -o sea, en un tuit- hizo el presidente Sánchez el domingo para que las centrales eléctricas de Irán fueran respetadas y las plantas de energía de Oriente Medio preservadas no había tenido ningún éxito.
Pero ayer Donald Trump anunció que congela su amenaza de bombardear las centrales eléctricas de Irán y el régimen iraní aparcó su amenaza de destruir las plantas de energía de Oriente Medio. Sánchez exigió y Trump y los ayatolás recularon. Dices: fue casualidad, no hubo relación causa-efecto. Bueno, pero como diría Zapatero, son los hechos.

