Monólogo de Alsina

Alsina explica la "nueva tesis" del PP para gobernar España: "No hay más camino que la alianza con Vox"

El director de Más de uno se ha detenido en el etentendimiento que tanto el Partido Popular como Vox ya consideran como necesario para poder gobernar en las comunidades autónomas y en España.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Un ratón corre por el desierto junto a un camello. Y le dice: ¡mira la nube de polvo que vamos levantando! Fin de la historia. La autoestima del ratón es encomiable. Pero cada uno aporta lo que aporta.

La derecha ha obtenido en las elecciones del domingo el cincuenta y cinco por ciento del voto. Cabe hablar ya en estos términos, la derecha, como una entidad, una, porque tanto Feijóo como Abascal han dado por hecho que gobernarán juntos Castilla y León, Extremadura y Aragón.

Si Juanma Moreno no alcanzara la mayoría absoluta en Andalucía, también juntos en Andalucía (tampoco se mate el candidato por obtener la absoluta que con el comodín de Vox lo tiene hecho, no sé si esto le ayuda en su campaña o todo lo contrario, pero seguir en el gobierno, seguirá, solo o en compañía del otro).

  • La derecha, digo, obtuvo el domingo en Castilla y León el cincuenta y cinco por ciento del voto. La izquierda no llegó al treinta y cinco.
  • En Extremadura, pasado diciembre, PP-Vox obtuvo el sesenta por ciento. PSOE-Podemos-Izquierda Unida, el treinta y seis.
  • En Aragón, mes de enero, PP-Vox obtuvo el cincuenta y dos por ciento del voto. PSOE-Sumar-IU-Podemos-Chunta, el treinta y seis por ciento.

Este es el paisaje que, asumido ya por todos los partidos la dinámica de bloques -incluido el PP e incluido Vox, por mucho que el PP haya tardado en llegar hasta aquí y que Vox vaya de enemigo del bipartidismo, más de medio bipartidismo que del otro-, este es el paisaje que dejan las tres elecciones autonómicas que se han celebrado.

La derecha en el 55%, mínimo, de voto; la izquierda, en el 35%, punto arriba, punto abajo. No parece que Andalucía vaya a cambiar ese tanteo. En realidad, el tanteo, hoy, sólo es distinto en Cataluña, Navarra y el País Vasco, donde en el bloque de izquierda se incluye a la derecha nacionalista e independentista, filiaciones singulares (derechas de izquierdas) de la España plural.

El problema que encara la izquierda -no hace falta ser Rufián para entenderlo- es que cada vez que se ponen urnas la derecha se muestra mayoritaria. Y el alivio que se percibe en los líderes de la derecha es que, superado el trance de proclamar a los cuatro vientos su voluntad de casarse en todas partes, y presumir de matrimonio, tienen casi asegurado que la derecha siga gobernando en casi todos los territorios.

Cada vez que se ponen urnas la derecha se muestra mayoritaria

Ahora bien, el 55% obtenido en Castilla y León es un 35,5 del PP y un 18,9 de Vox. Y como decían en Barrio Sésamo no es lo mismo arriba que abajo ni es lo mismo un 35 que un 19. El 60% cosechado en Extremadura es un 43 del PP y un 17 de Vox. El 52% de Aragón es un 34 del PP, un 18 de Vox. "¡Mira la nube de polvo que estamos levantando entre los dos!" Ya, pero uno más que otro.

Tres años repitiendo el estribillo de "el PP necesitará a Vox" –el estribillo que se le ha agotado al PSOE de tanto usarlo- tres años repitiéndolo habían hecho olvidar a muchos analistas, incluso a muchos dirigentes del PP, que Vox sin el PP difícilmente va a derribar ni a Sánchez ni a nadie.

Aunque solo sea porque para derribar a Sánchez hay que pasar por las urnas y armar una mayoría que supere al somos más. Y si el PP, con su treinta y tantos por ciento de voto, ha exigido contar con Vox para, juntos, ser más que la gran coalición del PSOE con Sumar-Podemos-Esquerra-PNV-Bildu-y Junts, qué cabe decir de Vox, si con su dieciocho por ciento, o diecinueve, sueña con el veinte, sigue siendo tercero, a dieciséis puntos del PP este domingo y a doce puntos del PSOE. Porque el PSOE, o el sanchismo como prefiere decir la derecha, no ganará elecciones en casi ningún sitio pero le gana en casi todas partes a Vox.

El primer apóstol de Trump en España

Restablecido a duras penas del baño de la ducha de agua fría que fue el escrutinio en Castilla y León, Santiago Abascal, primer apóstol en España de Trump, se revolvió ayer contra quienes entienden que estas urnas le han bajado los humos. O que tanta purga interna y tanto no es no a las investiduras pendientes le han pasado factura.

Es verdad, ha crecido. Un diputado. El PSOE y el PP han crecido dos. Todo aquello que, según él, le iba a pasar factura tanto al sanchismo como a la izquierda pepera (antes derechita cobarde) habrá que admitir entonces que tampoco se la pasó.

Él sostiene (o ha de sostener, qué remedio) que diferir las investiduras de Extremadura y Aragón no le ha penalizado, pero admite que la demora se debía sólo a no querer llegar a las urnas castellanas como socio de hecho del PP (que es lo que es, el socio pequeño de la pareja).

"Nos tenemos que entregar ya", subráyese la palabra clave, que es "ya". Las urnas en Extremadura hablaron hace tres meses. En Aragón, hace mes y medio. Pero ahora es cuando hay que ponerse ya a traducir en un amable reparto de sillones lo que los electores, al parecer, votaron. Que es que, por dios, gobiernen en coalición. La interpretación de las urnas, como se sabe, es libre.

Si Sánchez interpretó en 2023 que los electores le habían dicho: por dios, traga con cualquier cosa que te pida Puigdemont con tal de que no gobierne Feijóo, Feijóo y Abascal interpretan ahora que los electores han dicho por dios, gobernar juntos en todas las regiones para que el sanchismo expire de una vez. Y en ello están. En rematar de una vez las tres investiduras pendientes para que en Aragón, Extremadura y Castilla y León siga gobernando el que ya estaba pero compartiendo (de nuevo) el poder con el socio menor.

Más allá del antisanchismo

Ya está bien, dijo ayer (o le dijo ayer) un reforzado Feijóo a Abascal y a quienes han sostenido estos últimos tres años -analistas y comentaristas incluidos- que el PP estaba en condiciones de gobernar en solitario tanto las comunidades autónomas como la nación porque, llegado el caso, Vox no sería capaz de bloquear las investiduras so pena de ser castigado en una repetición electoral.

Es decir, aquella idea de la propia dirección del PP según la cual "sacándole una ventaja grande, Vox tendría que investir sin gobernar" ha quedado aparcada por la propia dirección del PP. La nueva tesis es que no hay más camino que la alianza con Vox. Para gobernar España, también. Hacer de la necesidad, virtud.

Y entre tanto, la paradoja. La paradoja es que la derecha presenta los tres resultados electorales autonómicos como el voto mayoritario por el cambio. Por la alternativa. Por el anti sanchismo. En rigor, lo que han votado extremeños, aragonés, castellanos y leoneses es justo lo contario, que siga gobernando el que ya estaba.

O sea, el PP. Las tres elecciones han sido un refrendo a su gestión (presentarlo como una reprobación al sanchismo debe de ser un acto de humildad). La izquierda carece de opciones para gobernar. Lo que eligieron los votantes este domingo es que no haya cambio en Castilla y León, que treinta y nueve años después siga el PP.

Mucho sanchismo que derribar no había en las tres administraciones autonómicas dado que el sanchismo, o el socialismo, hace tiempo que no gobierna ninguna de las tres. Por eso lo que está pretendiendo ahora Vox hay que entenderlo como lo que es: no la corrección del sanchismo, sino la corrección del rumbo de quien ya gobernaba en Extremadura, en Aragón y en Castilla y León, o sea, el PP.

El socio chico, franquicia en España de Trump, quiere que su peso se note. Y de eso, qué programa de gobierno se pacta, qué diferencias con la etapa anterior se introducen, es de lo que trata esta negociación. Si todo consistiera en abominar de Sánchez y su colección de socios, no sólo estarían resueltas ya las investiduras, es que el PP y Vox podrían presentarse a las elecciones en coalición.

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