Monólogo de Alsina

Alsina comenta cómo Abascal se ha "chuleado" de la propuesta del PP: "El sumo pontífice de Vox se siente ofendido"

El director de Más de uno ha resaltado la "bofetada" que el líder de Vox le ha propinado a Alberto Núñez Feijóo al mostrar su desprecio por su plan de acuerdo para alcanzar gobiernos autonómicos.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Eran dos lobos, Calila y Dimna. Protagonistas de la colección de fábulas orientales traducida al español en tiempos de Alfonso X el Sabio. Ellos son los protagonistas, pero aparecen otros muchos animales. Se cuenta, por ejemplo, la historia de aquel ratón que, al ver cómo el gato caía en la trampa de un cazador, lo celebró porque quedaba, así, neutralizado su enemigo. Pero entonces vio un lirón enorme que lo acechaba, un búho que, al otro lado, le impedía la huida y comprendió que necesitaba al gato para tener alguna oportunidad de salir vivo.

De modo que, resignado, le ofreció al gato un gobierno de coalición. Perdón, un documento marco. Le dijo: "Gato, sé que quieres acabar conmigo pero te necesito para salir de ésta. Yo roeré los nudos de la trampa que te tiene inmovilizado para que el lirón, al vernos aliados, desista de acercarse y me deje tranquilo. Tú, con mi ayuda, evitarás ser presa fácil para el búho".

Aceptó el gato la unión temporal de fuerzas y se comprometió a abstenerse de cazar al ratón durante, al menos, una legislatura. Pero en cuanto tuvo roído el último de los nudos, el ratón salió pitando aprovechando que el lirón se había ido. Le gritó el gato: "¿Por qué huyes, si ahora somos amigos?"

¿Por qué huyes, si ahora somos amigos?

Y el ratón, a mucha distancia, le dijo: "Hay dos clases de amigos, gato. El amigo de verdad y el amigo de circunstancias que sólo lo es para enfrentar temporalmente un mismo enemigo. Nuestra alianza no es fruto de la afinidad sino de la conveniencia, y sé que eres como el agua que se calienta al fuego, que en cuanto se la aparta de él, vuelve a ser fría".

La fábula la recoge la profesora Rosa Navarro, especialista en el Siglo de Oro, en un libro reciente titulado 'El festín de la palabra'. Donde también se ocupa de Calderón, y 'La vida es sueño.

Sólo quisiera saber

para apurar mis desvelos

qué más os pude ofender

Ahí donde el príncipe Segismundo, cautivo, se revuelve contra un desconocido que ha escuchado sus lamentos porque ahora ese desconocido conoce sus debilidades y puede usarlas para dominarlo.

Pues la muerte te daré

por que no sepas que sé

que sabes flaquezas mías

Anteanoche se felicitó Alberto Núñez Feijoo en La Brújula de lo encarilada que veía él la negociación para el reparto del poder con Vox en Extremadura y Aragón. Y más adelante en Castilla y León, y en cualquier otro lugar donde el PP se quedara corto de escaños para gobernar él solo.

Fructífera y esclarecedora. Celebró también Feijóo los siete folios que, a modo de manual del usuario para forjar gobiernos de coalición con Vox -respeto al estado autonómico, a jefe del estado, a las leyes, pero también rechazo de políticas climáticas que encarecen la energía, rechazo a las paguitas, identificación de la inmigración irregular con la inseguridad, reivindicación de la figura del padre (en fin, cosas con innegable aroma Vox, su feminismo ya se sabe que es el de Guardiola-, celebró Feijóo su documento (autocelebró, más bien) porque por fin ponía orden y acababa con el ruido.

No habían pasado doce horas cuando Abascal, el gato de la fábula que quiere merendarse al PP, le despreció a Feijóo sus siete folios, su discurso y la percepción que tuvo de su conversación. La derechita cobarde. El documento es un error, no son las direcciones nacionales las que tienen que negociar, reclamar respeto a la Constitución y las leyes es una ofensa y el sumo pontífice de Vox, de piel delicada, se siente ofendido.

Vox, de piel delicada, se siente ofendido

Pliégate en un papel a revindicar la figura del padre y combatir el adoctrinamiento en las aulas, pliégate a reconocerle a Vox que le corresponde al menos una consejería, o ministerio, por cada tres tuyos, pliégate a apartar a Guardiola del regateo de medidas y sillones para que al día siguiente salga Abascal -porque no sepas que sé / que sabes flaquezas mías- a regodearse en su papel castigador haciéndote aparecer como un ratoncillo con el que juega a capricho mientras en Castilla y León hace campaña. Contra ti. Para quedarse con tus votantes.

Por supuesto, no llegó a concretarle ayer Abascal a Susanna Griso qué es lo que le reclama a Guardiola, y esta no le garantiza, para tener bloqueada la investidura. Es lo menos que le debe a los votantes extremeños: aclararles cuál es el tremendo obstáculo que le impide hacerla presidenta ya. No vaya a ser la pura conveniencia partidista de quien ha venido a salvar España del sanchismo.

Escuchado Abascal, que para ser tercera fuerza política habla como si fuera la primera y le hiciera el favor a los votantes de bloquear la investidura de quien ha sacado el doble, o el triple, de votos y de escaños, se confirma que lo único en lo que coincidió con Feijóo en la fructífera y esclarecedora conversación del domingo es en la meta y motor que les mueve a ambos. Y que es echar a Sánchez.

El PP dilapidó su tiempo llenando siete folios de párrafos que pudieran sonarle bien a Vox sin llegar a firmarle una rendición. Le habría salido más a cuenta limitarse a poner que el marco para los gobiernos de coalición se resume en tres palabras: 'Echar a Sánchez'. Tan elaborado está el programa electoral de los aspirantes a gobernar en coalición -echar a Sánchez- que bien podrían compartir, en adelante, lema electoral: echar a Sánchez.

El 'somos más' antisanchista

Después de todo es la versión anti sanchista del 'somos más' del presidente en la noche electoral de 2023. 'Somos más', dos palabras, significó (y aún significa) aliémonos partidos que tienen ideas distintas sobre el estado, la Constitución, la jefatura del Estado y las políticas de todo tipo con tal de que no gobierne Feijoo.

En el 'somos más' caben lo mismo las izquierdas que las derechas independentistas como en el 'junts pel sí' catalán cupieron lo mismo las derechas y las esquerras porque lo prioritario era combatir al enemigo común, que el Estado opresor. Alianzas cuyo único músculo es compartir bestia negra y supeditarlo todo a doblarle el brazo.

Alianzas cuyo único músculo es compartir bestia negra y supeditarlo todo a doblarle el brazo

En México y El Salvador, según la RAE, el verbo chulear se usa en sentido positivo, como quien piropea, alaba o ensalza a otro. En España me temo que no. Aquí cuando uno se chulea de otro le hace de menos, le desdeña, se burla. Chulear podría ser, por ejemplo, que cuando alguien que intenta ganarse tu favor se resigna a rectificar sus posiciones y, aun sabiendo que el otro quiere merendárselo, le tiende la mano, el otro responda con un desaire haciéndole la cobra y fingiéndose ofendido. Chulearse de alguien vendría a ser usar el documento que ha escrito pensando en ti paran envolver el pescado o limpiar cristales. Chulearse de alguien vendría a ser responder a su mano tendida abofeteándole.