LA PRIMERA DE LA MAÑANA

Marta García Aller: "No parece muy progresista, acordar con Puigdemont esta retórica racista"

Marta García Aller reflexiona sobre el pacto entre PSOE y Junts para la cesión de las competencias de inmigración a la Generalitat de Cataluña.

Marta García Aller

Madrid |

Cuando lo mejor que un Gobierno puede decir de sus proyectos de ley es que son legales, malo. El acuerdo entre PSOE y Junts para la cesión de las competencias de inmigración a Cataluña no sé si va a romper España o no, pero deja claro que teme que la inmigración rompa Cataluña. Cuidado con los inmigrantes que, según dice el acuerdo textualmente, “puede representar un riesgo para la convivencia y la cohesión social”. De los creadores de buenos y malos catalanes, llegan ahora buenos y malos inmigrantes.

Junts insistió en su rueda de prensa en lo propia que es su lengua, lo propia que es su cultura y lo propia que es su identidad. Que la inmigración, meh, tiene sus ventajas porque mano de obra barata Cataluña siempre va a necesitar. Pero que si no se integran, fuera. Vamos, que si le quitas catalanidad y le pones españolidad Vox lo firmaría corriendo. Porque otra cosa no, pero los nacionalistas se parecen muchísimo entre sí. Tanto como los xenófobos, valga la redundancia.

Vale que los inmigrantes que vengan a trabajar ordenadamente, pero ay de ellos como les duela algo y tengan que ir al médico. Ahí ya les van a mirar mal. Y si encima no hablan bien el catalán, están queriendo romper Cataluña. Inmigración como peligro para la identidad. Como contaminación.

¿De qué me sonará esto? Eso de que los autóctonos se ven amenazados por los de fuera y que si llegan muchos desdibujan la pureza de la raza ibérica, como si en vez de personas fuéramos jamones. El pacto que PSOE firma con Junts alimenta de forma obvia el tufillo xenófobo y la identificación de la inmigración con la criminalidad.

Los socialistas dicen que no hay de qué preocuparse, que es todo simbólico, que esto no cambia casi nada. Como si siempre fueran a gobernar ellos. Como si cuando vuelva a gobernar la derecha catalana, independentista, identitaria y xenófoba, no fuera a aprovechar estas cesiones para un mayor control migratorio de fronteras y de expulsión de extranjeros. ¿Y a quiénes consideran extranjeros los de Puigdemont?

¿Moraleja?

No parece muy progresista, acordar con Puigdemont esta retórica racista.