CON JAVIER CANCHO

#HistoriaD: La Heroica, la sinfonía que lo cambió todo

Hubo una sinfonía, la 3ª de Beethoven, que aniquiló la elegante formalidad del siglo XVIII. Musicalmente, lo cambió todo. Beethoven iba a dedicársela a Bonaparte. Pero, algo pasó con Napoleón, algo que enfadó mucho al compositor. Una historia de Javier Cancho.

Javier Cancho

Madrid | 11.10.2023 06:21

Dos acordes bruscos, lanzando un juego aparentemente impetuoso de tensión armónica y rítmica. Escuchando… podemos percibir el sentimiento trágico, pero también el sosiego épico. La Tercera Sinfonía se interpretó por primera vez en un palacio, en la residencia de un mecenas: el príncipe Lobkowitz.

En opinión del musicólogo Paul Henry Lang, la Tercera Sinfonía de Beethoven es una de las hazañas más incomprensibles de todas las artes, es el mayor paso dado por un individuo en la historia de la música. Originalmente, la obra se tituló: Bonaparte.

La composición se inspiró en la personalidad política más influyente de la época. Aquel tiempo tuvo dos décadas en las que hubo unos cuantos acontecimientos y actitudes diferenciales. Fue un periodo especial. De ideas nuevas, de enfoques que podían resultar extraños.

Hubo un rumbo creativo en la ciencia, en la literatura, en la música. En la política, pareció que era más de lo que fue.

Tras la esperanza inicial, los políticos tienen la infalible costumbre de la decepción. En el manuscrito original de la Tercera Sinfonía, el nombre de Napoleón fue tachado con tal fuerza por Beethoven que solo queda una profunda rasgadura en el papel. Es un tachón en el título de una obra escrita con un espíritu de feroz independencia y autosuficiencia artística. Antes de Beethoven, los compositores eran, en general, ornamentos prestigiosos para una comunidad cortesana.

Beethoven rompió con las pleitesías. En la obra no hay otras reverencias que no sean las que concernían a su propia conciencia artística. El ritmo transcurre de un modo casi orgánico, para lograr una continuidad que no está en ninguna sinfonía anterior. La partitura de la Tercera trasciende más allá del mismísimo Napoleón. La Tercera triunfa para siempre, sin derrotas, sin prisiones, sin decepciones. Escribió

Carlos Zúmer que el ascenso fulgurante de aquel taciturno cabo de artillería, llamado Bonaparte, la proyección de su figura y lo que representaba viniendo desde abajo, asombró a Beethoven y a muchos de sus contemporáneos.

Pero, fue una devoción evanescente. El hombre y sus ambiciones pronto sucumbieron, tras su autoproclamación como emperador. Beethoven prescindió del título previsto. Su tercera sinfonía se llamó Heroica. Y a día de hoy sigue consiguiendo resultar tan impredecible como acertada. Beethoven venció a las reglas: el contenido fue el que dictó la forma. La apariencia fue moldeada por su interior.

Beethoven estuvo allí. Estuvo en el rincón de la creación, en ese espacio-tiempo único donde lo imaginado cobra sentido y presencia. Beethoven estuvo allí antes antes que todos los modernos que por el mundo han sido durante las últimas dos centurias. En cambio, Napoleón, como la épica, como las guerras, como la Historia, Napoleón es sangre seca.