El escritor Jacobo Bergareche cruzó en 'Tío Grande' dos historias separadas por miles de kilómetros y por circunstancias vitales radicalmente distintas. Una es la de su hermano Roque, que murió asesinado en Luanda en 2012, cuando tenía 29 años. La otra es la de Amadou, un joven de Guinea que emprendió con 12 años un viaje hacia Europa y que acabó llegando a España después de atravesar una odisea marcada por el riesgo, las mafias, el desierto y el mar.
Carlos Alsina conversó con Bergareche en Más de uno sobre ese encuentro y sobre el viaje que ambos realizaron hasta Guinea para conocer el lugar del que partió Amadou. El escritor explicó cómo una historia de duelo familiar terminó conectando con la de un joven migrante al que conoció mientras trabajaba en uno de los torneos de mus que la familia organizó en memoria de Roque.
El torneo de mus que nació del duelo por Roque
Roque Bergareche murió en Luanda después de recibir un disparo durante un intento de robo. Tenía 29 años. Para su familia, el duelo encontró una forma particular de expresión: un torneo de mus que se celebró por primera vez tras su muerte y que después se convirtió en una cita anual.
"Nosotros jugábamos mucho al mus", explicó Jacobo. Recordó que jugaban con su hermano Nicolás, su padre, Roque y él, y que también compartieron partidas con su abuelo.
La familia organizó el torneo todos los años, el sábado anterior a Nochebuena. La cita reunió ya a casi un centenar de personas y se convirtió en un día de encuentro alrededor de quienes quisieron a Roque.
Fue precisamente en uno de esos torneos donde Jacobo conoció a Amadou
Amadou apareció en el torneo
Amadou trabajó en uno de los locales donde se celebró el torneo. Con unos 20 años, se encargó de prácticamente todo: limpieza, seguridad, puerta y servicio de bebidas. La fiesta se alargó más de lo previsto y Jacobo necesitó convencerle para prolongar el horario. Entonces le contó por qué organizó aquel torneo.
"Esto lo hacemos por mi hermano Roque, que murió en África, y tú tienes pinta de ser africano", recordó que le dijo.
La respuesta de Amadú cambió la conversación.
"Y él me dijo, pues ahora te voy a contar yo mi historia".
Jacobo quedó profundamente conmovido por el relato de aquel joven. Amadú salió de Guinea con 12 años y emprendió un viaje cuyo destino final fue España.
Bergareche explicó que su interés por la historia de Amadou surgió durante el trabajo de un libro sobre la amistad que realizó junto a Mariano Sigman. Grabó a 75 personas y decidió preguntar también a aquel joven que conoció en el torneo de mus.
La conversación terminó en el podcast Amistad y después en la propuesta de su editor de cruzar las historias de Amadou y Roque. Bergareche aceptó y viajó con Amadou hasta Guinea para conocer su aldea, su familia y el lugar del que salió.
El escritor defendió que la literatura permite acercarse a las personas desde una perspectiva individual. Bergareche explicó que el escritor no trabaja como sociólogo, politólogo o economista, sino que pone "el microscopio" sobre una persona para conocer su nombre, sus padres, su camino y su historia.
La tarea del escritor es humanizar
Para Bergareche, esa mirada permitió descubrir en Amadou una historia de viajes, sacrificios, solidaridad y amistad.
El regreso de Amadou a Guinea
Amadou consiguió sus papeles y regresó dos veces a Guinea. Bergareche relató que siempre apareció por sorpresa ante su familia. En una de esas ocasiones llegó acompañado por el propio escritor.
La relación de Amadou con su familia también apareció vinculada al dinero que envió desde Europa. Sus padres no saben leer ni escribir y tampoco hablan francés, por lo que necesitan a otro miembro de la familia para gestionar las remesas.
Bergareche explicó la incertidumbre que esto provoca en Amadou, que no sabe exactamente cómo se reparte el dinero que envía ni quién lo recibe.

El viaje con Amadou hasta la aldea
El viaje de Bergareche y Amadou hasta Guinea también incluyó situaciones de riesgo. El escritor contactó con un secretario de Estado de Asuntos Exteriores y con el embajador en Guinea, que le dio una recomendación clara: "Jamás viajes de noche".
Sin embargo, Amadou decidió emprender el viaje hacia el interior del país durante la noche. La llegada del Ramadán y el calor fueron, según explicó Bergareche, las razones para aprovechar el tiempo y continuar el trayecto.
Uno de los momentos que más recordó el escritor fue el viaje de la madre de Amadou hasta la aldea. La mujer quiso regresar pese a la distancia porque allí tenía sus vacas y sus cabras y porque aquel lugar representaba una parte esencial de su vida.
Bergareche explicó que los fulanis son una etnia pastora y seminómada. En la aldea, la madre de Amadou recuperó un estatus que no tenía en Conakry. Para ella, incluso un viaje de 20 horas mereció la pena para volver a ver sus animales.
Amadou, una vida que continúa en España
La historia que cuenta 'Tío Grande' no termina con el viaje de Amadou a España. Actualmente tiene papeles, completó 17 módulos de cocina y mecánica en el centro de menores de Melilla y aprendió boxeo.
Bergareche contó que Amadou trabaja con una furgoneta de reparto de Amazon en Mejorada del Campo y estudia para conseguir el carné de camionero.
También es padre y tiene claro qué quiere para su futuro: casarse, comprar una casa y tener hijos. Bergareche destacó la confianza de Amadou en el futuro y resumió su actitud con una frase: "Él lo fía todo a Dios, a la suerte y a su tesón".
Por qué se llama "Tío Grande"
El título del libro procede del nombre que Amadou utiliza para referirse a Bergareche. "Tío Grande" o "Rey" son las formas con las que lo llama.
Así, el libro une la historia de Roque, el hermano de Bergareche que murió en África, con la de Amadou, el joven que emprendió desde Guinea un viaje hacia España y que terminó convirtiéndose en amigo del escritor.
La anécdota escatológica que Bergareche vivió en Malawi
El viaje con Amadou también llevó a Bergareche a recordar otras experiencias que vivió durante sus viajes por África. Una de las más llamativas ocurrió en Malawi, cuando necesitó hacer sus necesidades al aire libre porque el agujero del hotel estaba lleno de cucarachas enormes.
La situación adquirió un carácter todavía más inesperado cuando varios habitantes del lugar se acercaron para observarlo. Bergareche contó que en África la gente reconoce a los animales por sus excrementos y que aquellos vecinos querían comprobar cómo eran las deposiciones de un hombre blanco.
"Yo fui a cagar y ellos se dieron cuenta de que estaba por ahí con esas intenciones", relató. Cuando ya estaba agachado, escuchó ruido detrás de unos arbustos y pensó que podía tratarse de un animal.
Sin embargo, no apareció ningún leopardo. "Estaba media aldea ahí detrás porque querían ver cómo era la caca del blanco", contó entre risas. La anécdota terminó con una reflexión sobre aquello que, más allá de las diferencias, iguala a las personas.

