TERRITORIO NEGRO

Un descuartizador en libertad: las claves del crimen de Romina Celeste Núñez

Manu Marlasca y Luis Rendueles explican en Territorio negro de Julia en la onda el caso del crimen de Romina Celeste Núñez Rodríguez una mujer presuntamente asesinada por su marido Raúl Díaz Chacón, que ha sido acusado de matarla, asarla y descuartizarla.

📌 El acusado de asesinar y descuartizar a la joven Romina Celeste queda en libertad a la espera del juicio

ondacero.es

Madrid | 16.01.2023 17:11

Un descuartizador en libertad: las claves del crimen de Romina Celeste Núñez | Foto: EFE/ Adriel Perdomo

Luis Rendueles y Manu Marlasca hablan en Territorio negro el caso de un hombre acusado de matar, asar y descuartizar a su esposa está en libertad desde hace unos días porque han pasado cuatro años sin que haya llegado el juicio en el que tiene que sentarse en el banquillo y la ley no permite que pase un día más en prisión preventiva, sin ser juzgado.

Empecemos por contar los detalles de esa puesta en libertad, de este sinsentido. Raúl Díaz, ese presunto asesino, es un hombre libre desde la semana pasada. Se considera presunto asesino, porque de momento sigue disfrutando de la presunción de inocencia que le otorga nuestro estado de derecho, habida cuenta de que no ha sido juzgado ni, por tanto, condenado.

Y además, en este caso, como veremos más adelante, este hombre, que se llama Raúl Díaz Chacón, no reconoció en ningún momento haber matado a su pareja, Romina Celeste Núñez Rodríguez, una mujer paraguaya de veintiocho años. Lo cierto es que la mañana del pasado viernes salía de la prisión de Tahíche, en Lanzarote, donde ha permanecido encarcelado desde el enero de 2019.

Porque la ley dice que el tiempo máximo para estar en prisión preventiva, es decir, sin ser juzgado, son solo dos años, pero agotado ese plazo se puede prorrogar excepcionalmente hasta los cuatro. En enero de 2021, Raúl Díaz Chacón pidió salir de la cárcel aduciendo que llevaba dos años preso y que tenía que hacerse cargo de su madre y su hermana enfermas, pero la realidad es que ambas vivían en la Península y estaban al cargo de otras personas. Para intentar convencer al juez de que no había riesgo de fuga habló de sus dos hijas, fruto de una relación anterior, residentes en Lanzarote, aunque las crías nunca fueron a visitarle en prisión. Pasados otros dos años sin juicio, no había más remedio que ponerle en libertad.

Es decir, un tipo acusado de matar, asar, descuartizar a su pareja es un hombre libre desde el viernes. Aunque no es libre del todo porque la Audiencia Provincial de Las Palmas dictó para él algunas medidas cautelares: se tiene que presentar todos los lunes en sede judicial, debe designar un domicilio en España, país del que no puede salir, se le ha retirado el pasaporte y se le ha prohibido obtener uno nuevo. Pero, salvo por esas medidas, es un hombre libre que, por ejemplo, podría estar ya fuera de la isla de Lanzarote.

La acusación particular, que representa a la familia de Romina y que ejerce la abogada Emilia Zaballos, intentó que el acusado tuviese que comparecer a diario ante la autoridad judicial para extremar así el control, pero a la Audiencia le pareció suficiente con una presentación a la semana.

Pues no tiene tan complicado fugarse: una vez en la Península, las fronteras son bastante porosas. Veremos si no hay que buscar responsables de este desastre… Y ahora, me pregunto y se preguntarán todos los que nos están escuchando: ¿cómo ha sido posible que se llegase hasta aquí? ¿Por qué han pasado cuatro años y no se ha celebrado juicio?

Aunque parezca mentira, a este tipo no le han hecho falta grandes ni imaginativos abogados para llegar a este punto. Ha sido el propio sistema y su pesado engranaje el que ha acabado poniéndolo en libertad. No ha habido un juez de instrucción especialmente lento, sino todo lo contrario: el juzgado de instrucción número uno de Arrecife, pese a lo complejo del caso, como veremos en unos minutos, actuó con mucha diligencia y en el año 2020 –se abrió en enero de 2019– el caso estaba prácticamente para fijar fecha de juicio.

¿Y qué ha pasado para haber llegado hasta 2023 sin juicio?

El primer responsable de esto es, como en otros asuntos, la pandemia, que dilató todo el proceso. Después ya comenzaron a llegar los cambios de abogados defensores por parte del acusado. Los últimos ya jugaron con el calendario: en julio de 2022 estaban listos los escritos de calificación, en los que la Fiscalía solicitaba veinte años de cárcel para Raúl Díaz, al que acusaba de cinco delitos: maltrato habitual, lesiones, homicidio, profanación de cadáver y simulación de delito. La causa llegó finalmente a la Audiencia de Las Palmas el 29 de septiembre de 2022, el órgano competente para fijar la fecha de la vista oral.

¿Y por qué razón no se fijó esa fecha, la del inicio del juicio? Aún quedaban unos meses para que se agotase el plazo de la prisión preventiva. Aquí ya comenzaron las tretas de la defensa. El abogado de Raúl dijo que faltaba por practicar una prueba pericial:determinar si un tipo de tijeras de jardinería eran capaces de seccionar vísceras humanas. Para ello había que determinar peritos, recibir el dictamen, por lo que la causa volvió al juzgado de instrucción. Pasó casi un mes más, hasta el 20 de octubre de 2022, para que fuese enviada otra vez a la Sección II de la Audiencia de Las Palmas y en ese punto fue en el que el abogado de Raúl echó el resto para dilatar el proceso hasta llegar a los cuatro años de prisión preventiva.

¿Y no se puede hacer nada? ¿No se pudieron evitar estas dilaciones?

No, la defensa tiene todo el derecho a hacerlo: presentó una serie de recursos y cuestiones previas que afectaban, por ejemplo, a la presunta vulneración de derechos del acusado. Todos se resolvieron en su contra el pasado 1 de diciembre, pero este auto de resolución de recursos es susceptible de recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que lo dará trámite en los próximos días, pero hasta entonces la ley no permite dejar al reo en la cárcel.

El TSJ de Canarias informó el viernes que iba a abrir una investigación, encabezada por el presidente de la Audiencia de Las Palmas, para investigar –leemos textualmente– "posibles disfunciones en la instrucción del caso". Veremos en qué queda. Y sí, Emilia Zaballos, la abogada de la familia de Romina, la víctima, hizo todo lo posible por evitar que se cumpliese el plazo de cuatro años de prisión preventiva.

Hasta en dos ocasiones pactó con la defensa del acusado un acuerdo de conformidad. Es decir, pactar una rebaja de pena con la defensa a cambio de que no se llegase hasta este punto, donde quizás veamos cómo se fuga el acusado. ¿Por qué tampoco se pudo llegar a este acuerdo?

Cualquier acuerdo de conformidad tiene que contar con el visto bueno de la Fiscalía y en este caso la Fiscalía no dio el visto bueno ni el malo: no se pronunció. Nos consta que, pese a los esfuerzos de la abogada de la acusación y también del letrado de la defensa por contactar con el fiscal y trasladarle la intención de llegar a un acuerdo no obtuvieron ninguna respuesta. La abogada de la acusación no nos quiso revelar el acuerdo, pero la rebaja de pena no era nada inaceptable; la condena pactada estaba por encima de los doce años.

Hasta aquí todos los detalles de este enredo, este galimatías, este sinsentido jurídico. Ahora hablemos de este crimen y sus protagonistas. Empezad por contados quién era Romina, la víctima. Romina Celeste tenía veintiocho años cuando murió, en la madrugada del 1 de enero de 2019. Había llegado a España un par de años antes procedente de Ñemby, cerca de Asunción, la capital de Paraguay. Romina ejerció la prostitución, primero en Madrid –donde vivía su tía– y luego en Lanzarote, donde conoció al que luego sería su marido y su presunto asesino, Raúl Díaz Chacón, un ingeniero madrileño con dos hijas. Romina dejó en Paraguay a un hijo, al que cuidan desde entonces sus abuelos maternos. En agosto de 2018, Romina y Raúl se casaron en Lanzarote, pese a que él ya había dado malas señales.

Raúl era aficionado a las drogas, a la bebida, a los locales de alterne y a ponerle la mano encima a su pareja. Días antes de su boda, Romina sufrió una paliza, pero no llegó a ratificar la denuncia. En los días previos a su desaparición, en los últimos días del año 2018, compartió con varias amigas y personas de confianza el temor a ser asesinada que le rondaba. Decía cosas como "en la próxima paliza me mata". En el sumario del caso consta que fue atendida en hospitales de la isla a consecuencia de estas palizas el 8 de agosto –poco antes de su boda–, el 21 de octubre y el 29 de diciembre de 2018, muy poco antes de morir.

Apenas un par de días antes de morir, Romina acude al hospital José Molina Orosa de Lanzarote, víctima de una paliza más el 29 de diciembre. Fue atendida en el servicio de urgencias, pero ningún médico llegó a verla porque su marido acudió al centro a recogerla. La convenció para volver a casa en una decisión que le costó la vida. De hecho, la acusación no descarta que esa paliza le pudo haber provocado a Romina lesiones que acabaran matándola y que la confesión de Raúl sea cierta en ese punto.

Él solo confesó el descuartizamiento, pero sí dice que la última noche de 2018 discutió con Romina porque ella le pidió dinero para traer de Paraguay a su hijo. Raúl asegura que se marchó de casa y al regresar, el 1 de enero, tras haber bebido y consumido drogas, la encontró muerta en el baño. Se asustó y decidió deshacerse del cadáver de una siniestra forma.

¿Qué dice la investigación?

La investigación sostiene que en un momento no determinado del 1 de enero, Raúl mató a Romina, sin que se pueda determinar el mecanismo de la muerte. El hombre hizo creer a su familia y amigos que se había marchado tras una discusión. Pero lo que hizo fue deshacerse de su cuerpo: lo descuartizó en una habitación de la parte de arriba de su casa de Costa Teguise, donde nuestro querido amigo Marley, un perro especialista de la Guardia Civil, halló muchísmos restos de sangre, pese a que el acusado limpió con cal la estancia. Para trocear el cadáver siguió las instrucciones de un blog, según confesó después.

¿Qué hizo con los restos?

El tronco lo quemó en una barbacoa en el patio de su casa, que ardió durante tres días. Las llamas –la grasa humana es un combustible muy potente– alcanzaron varios metros de altura, hasta el punto de que los vecinos llamaron a los bomberos. El hombre dijo que estaba quemando libros. El 3 de enero, Raúl alquiló un coche con el que recorrió más de mil kilómetros en dos días, buscando lugares para deshacerse de las extremidades y la cabeza de la mujer: dijo que las piernas las ató a la rejilla de una parrilla y las tiró a la zona de los Hervideros, pero los especialistas de la Guardia Civil no encontraron allí ningún resto: ni de las piernas ni de la parrilla.

¿No encontraron ni un solo resto de Romina?

Un socorrista de la playa de las Cucharas, en Costa Teguise, halló el 5 de enero un pulmón. El hombre pensó que era de un delfín y lo arrojó a un contenedor, pero al enterarse de la desaparición de Romina avisó a la Guardia Civil, que recuperó el pulmón. Una vez analizado, el ADN no dejó dudas: era el de Romina Celeste. Es el único resto que se halló.

La Guardia Civil lo puso bajo si radar en las primeras horas de la investigación, entre otras cosas porque él no denunció la desaparición de su esposa hasta el 8 de enero, una semana después de que se produjese. Para entonces ya se había convertido en sospechoso y estaba siendo vigilado y sus comunicaciones intervenidas. Así la Guardia Civil comprobó cómo Raúl fue a ver a tres abogados penalistas de Lanzarote en busca de asesoramiento, aunque todos se acogieron al secreto profesional para no revelare el contenido de sus conversaciones con él.

Los investigadores creen que todos los abogados debieron coincidir en que lo mejor sería que se entregase o que hiciese lo que hizo. El 13 de enero llamó a un familiar, policía nacional, y le contó por teléfono la versión que siempre sostuvo después: que encontró muerta a Romina y que después se deshizo de su cadáver, de sus ropas y de los útiles con los que la descuartizó. Lo que no pudo explicar, por ejemplo, es el origen de las proyecciones de sangre había por toda la casa y que, seguramente, eran la huella de todas las palizas sufridas por Romina.