TRUMP

Trump acorrala en el despacho oval al presidente de Sudáfrica y lo acusa sin pruebas de un genocidio contra la raza blanca

En un encuentro que buscaba recomponer las relaciones bilaterales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo sudafricano, Cyril Ramaphosa, sostuvieron una reunión en la Casa Blanca que terminó dominada por acusaciones de discriminación racial y tensiones diplomáticas.

Rafa Sanz del Río

Madrid |

Donald Trump durante su confrontación con el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa.
Trump acorrala en el despacho oval al presidente de Sudáfrica y lo acusa sin pruebas de un genocidio contra la raza blanca. Reuters | Reuters

La visita de Ramaphosa a Washington tenía como objetivo principal restablecer la cooperación entre ambos países, deteriorada en los últimos meses por desacuerdos sobre política internacional,comercio y, especialmente, por las reiteradas críticas de Trump a la gestión sudafricana en materia de derechos humanos y propiedad de la tierra.

El contexto era particularmente delicado: Estados Unidos había reducido la ayuda a Sudáfrica, rechazado invitaciones a eventos del G20 organizados por Pretoria, capital del país, y expulsado a su embajador, mientras que Sudáfrica había impulsado acciones legales contra Israel en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), lo que aumentó el malestar en Washington.

Antecedentes entre Washington y Pretoria

El gobierno de Sudáfrica aprobó recientemente una controvertida legislación que autoriza, bajo ciertas condiciones, la expropiación de tierras sin compensación. Esta medida, impulsada para corregir las desigualdades económicas heredadas del apartheid, ha sido duramente cuestionada por Donald Trump, quien la ha calificado reiteradamente como una "discriminación contra los blancos". Según el economista, los ciudadanos blancos sudafricanos, en particular los agricultores, estarían siendo víctimas de violencia y marginación.

En febrero, Trump comunicó la suspensión de la ayuda estadounidense destinada principalmente a programas de lucha contra el VIH/sida en Sudáfrica, justificando la decisión por lo que describió como "confiscaciones de tierras" y "malos tratos a determinados grupos".

Por su parte, representantes sudafricanos han acusado a la administración Trump de respaldar el discurso de la minoría blanca 'afrikaner', con el objetivo de debilitar la posición de Sudáfrica ante la CIJ, donde el ejecutivo de Ramaphosa ha señalado a Netanyahu por presuntas delitos en Gaza.

Los 'afrikaners', descendientes de colonos europeos, sostienen que han sido objeto de discriminación sistemática desde el fin del apartheid y denuncian un aumento de la violencia contra los agricultores blancos, narrativas ampliamente difundidas en redes sociales que hablan incluso de "docenas de asesinatos diarios".

Sin embargo, las cifras oficiales muestran una realidad distinta: se registraron alrededor de 50 homicidios de agricultores de todas las razas al año, en un país donde entre enero y septiembre de 2024 se contabilizaron más de 19.000 asesinatos en total.

Expertos consideran que al poner el foco en este tema, Trump busca enviar un mensaje a su electorado conservador, especialmente sensible a las cuestiones de derechos de las minorías blancas en el extranjero, y utiliza el asunto como herramienta de presión política y económica sobre el gobierno sudafricano.

Una reunión tensa

La reunión comenzó en un tono cordial, con bromas e incluso la presencia de figuras sudafricanas del golf, pero rápidamente viró hacia la confrontación. Trump, acompañado por el empresario sudafricano-estadounidense Elon Musk, desvió la conversación hacia la situación de los agricultores blancos en Sudáfrica. El mandatario estadounidense mostró a Ramaphosa un video y varios artículos impresos que, según él, evidenciaban una "persecución racial" y un supuesto "genocidio" contra los granjeros blancos, una narrativa que ha sido rechazada por el gobierno sudafricano y que carece de sustento en datos oficiales.

Durante el encuentro, Trump insistió en la veracidad de estos hechos y llegó a mostrar imágenes de tumbas y declaraciones del líder opositor Julius Malema, conocido por sus arengas radicales, para reforzar su argumento. Ramaphosa, visiblemente incómodo, defendió la democracia sudafricana y subrayó que la violencia afecta tanto a blancos como a negros, recordando que el partido de Malema no forma parte del gobierno y que sus declaraciones no representan la política oficial del país.

El mandatario sudafricano intentó explicar que las reformas sobre la propiedad de la tierra buscan corregir las desigualdades heredadas del apartheid y que la ley que permite expropiar terrenos sin compensación está siendo revisada por los tribunales. A pesar de sus esfuerzos, Trump desestimó las aclaraciones y mantuvo su postura, generando un ambiente tenso y dejando en suspenso la posibilidad de avanzar en los temas comerciales y de cooperación tecnológica que motivaron la visita.

La reunión entre ambos presidentes evidenció la profundidad de las diferencias entre ambos gobiernos y dejó claro que las percepciones sobre la situación interna de Sudáfrica siguen siendo un punto de fricción. Mientras Pretoria buscaba restablecer la relación y avanzar en acuerdos económicos, la insistencia de Trump en teorías desacreditadas sobre un "genocidio blanco" desvió el diálogo hacia el terreno de la confrontación. El resultado fue una oportunidad perdida para el acercamiento y la cooperación, y un reflejo de las complejas dinámicas diplomáticas que marcan la agenda internacional actual.