Los adolescentes que ahora tienen 15, 17, 20, 25... consideran que agarrar una "cogorza" cada fin de semana no es divertido. Es viejuno y no va con ellos.
La bebida es accesoria y pasarse un día de resaca muerto en el sofá ya no es un triunfo. Los de mi generación, los millenials, crecimos en los 80 viendo a nuestros padres y abuelos beber, y beber mucho en cada reunión familiar. Los mayores te invitaban, entre risas, a probar el alcohol cuando igual aun tenías dientes de leche. De adolescentes, cuando empezábamos a salir los fines de semana quedábamos PARA beber. Y a partir de ahí ya, el ocio que surgiera, pero el alcohol era la premisa.
Los jóvenes ya no quieren emborracharse y la ciencia lo confirma. Así nos lo ha contado Eva Leal López, profesora ayudante Doctora de la Facultad de Psicología Evolutiva de la UNED, miembro de un equipo de investigación que estudia la relación de jóvenes y alcohol.
Asegura que es un fenómeno global que también está pasando en el resto de Europa, Estados Unidos y Nueva Zelanda. Y las causas son muchas. "Existe una disminución muy significativa en el tiempo de socialización que pasa cara a cara. Ahora es una socialización más virtual y esos momentos de consumo en grupo se han visto reducidos" afirma.
Quedan menos en general y salen menos de fiesta. Además son muy conscientes de los riesgos que tiene el consumo de alcohol para la salud, y esto es un éxito de las campañas de concienciación.
Son la primera generación que no siente presión social porque tus amigos tampoco beben. Los científicos tienen mucho interés en ver cómo evoluciona con los años la relación con el alcohol de esta generación que ha roto tendencias muy instauradas. La otra pata es la industria:
