En el día de hoy se cumplen 35 años del fallido golpe de Estado encabezado por el general Tejero. Han pasado más de tres décadas desde que los disparos silenciaran al hemiciclo durante la votación de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno. Con gesto firme y gritos de "¡Quieto todo el mundo!", Tejero tomó el control del Congreso y mantuvo retenidos a los diputados casi 18 horas, marcando un momento clave en la historia de España.
En el programa conducido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola, La Rosa de los Vientos, cuentan la historia de Juan Rando, quien era entonces agente operativo del CESID, el servicio secreto español. Integrado en la Agrupación Operativa de Misiones Especiales, dirigía una sección de élite especializada en operaciones de alto riesgo.
La celebración tras los disparos

La tarde del 23F, mientras el país contenía la respiración, Rando escuchó por la radio los disparos en el Congreso. Pero lo que más le sorprendió no fue el asalto, sino la reacción dentro de su propia unidad. Según su testimonio, en el chalet de mando comenzaron a circular bandejas de pasteles y botellas de cava. Algunos celebraban lo que estaba ocurriendo. "Era evidente que aquello estaba previsto", sostiene.
Poco después, el segundo al mando de su sección, que se encontraba visiblemente alterado, le confesó que durante los meses previos habían coordinado la llegada de los autobuses de la Guardia Civil que debían confluir en la plaza de Neptuno para facilitar el asalto al Congreso. El objetivo: asegurar que todas las unidades entraran en "una sola oleada" y evitar así que la Policía pudiera cerrar el edificio. Antonio Tejero no era más que el ejecutor visible de un plan diseñado en instancias superiores. "El planeamiento y la organización estaban a otro nivel", afirma.
Convencido de que el 23F podía ser solo la primera fase de un movimiento mayor, Rando buscó aliados dentro del servicio. Junto a otros oficiales, intentó alertar a la cúpula del CESID. El entonces secretario general técnico, Javier Calderón, fue informado de la presunta implicación de mandos operativos como José Luis Cortina. Tras llegar esta información al propio Cortina, este llamó en constantes ocasiones a Rando para reunirse con urgencia.
"Como medida de precaución, ese día no dormí en mi casa. Llamaban al teléfono fijo cada diez, quince minutos, a pesar de que mi mujer les decía que yo no estaba", explica el agente. Finalmente, desvela que decidió contactar con él, ya que "tampoco podía estar rehusando el mantener el contacto con mi jefe superior". "Me dijo que tenía algo muy importante que decirme y que teníamos algo que hacer los dos, que quería que nos viéramos esa noche. Yo le dije que sí, que sin ningún problema. Entonces me citó en el parque de Berlín a las 03:00h de la madrugada", explica Rando.
"Era una encerrona clara"

El exagente del CESID cuenta que "tenía claro que si iba, no salía vivo de allí. Probablemente mi planteamiento es que probablemente me secuestraría o sencillamente, simulando un robo, me iban a quitar de en medio. Naturalmente no fui porque yo no tenía la menor posibilidad de salir vivo de aquello. Era una encerrona clara".
También explica que, al día siguiente, Cortina contactó con él para preguntarle por qué no había acudido a la cita, a lo que él respondió que "el sitio no le gustaba en absoluto". Cortina cedió y le propuso quedar a desayunar en un hotel, a lo que Rando accedió. "Me dijo que tenía que ser listo, que estaba dispuesto a cambiarme la vida por completo, ya que los intereses que había detrás eran del más alto nivel de España". Desvela que intentaron comprar su silencio, pues, "mantener la boca cerrada, le iba a cambiar la vida".
Rando no aceptó, lo que provocó que continuaran las amenazas de muerte durante tiempo después, incluso del segundo jefe de la unidad, Francisco García-Almenta. "Me amenazó con que me iban a volar", cuenta.
Versión edulcorada del 23F
35 años después, Rando sostiene que el país optó por una versión edulcorada del 23-F. A su juicio, la voluntad política fue "encapsular" la crisis y evitar que salieran a la luz las implicaciones de determinadas estructuras del Estado. "Vivimos en un país incapaz de afrontar situaciones complejas", lamenta. Y concluye que su actuación no fue heroica, sino un deber moral: "No podía permitir que España acabara en una reedición de Chile o Argentina".
La historia del 23F sigue generando debate. Entre documentos clasificados, testimonios silenciados y memorias enfrentadas, la pregunta permanece abierta: ¿se conoce toda la verdad sobre aquel día que puso en jaque a la democracia española?
