Podríamos pensar que la inteligencia emocional es una capacidad exclusiva de los adultos, pero en la infancia muchas niñas y niños comienzan a desarrollarla. Es más, los adultos somos los responsables de que puedan aprenderla desde pequeños y que, de esta manera, puedan tener mejores relaciones sociales, manejar el estrés con eficacia y tomar decisiones más equilibradas.
¿Qué es la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar tanto nuestras propias emociones como las de los demás.
Se compone de cinco habilidades principales: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.
Aprender la inteligencia emocional y las habilidades de afrontamiento y autorregulación emocional requieren tiempo, así que si tus hijos aún no están aplicando estas estrategias, no te preocupes. Hay que tener paciencia, y sobre todo, intentar darles ejemplo para que puedan entender cómo funciona.
Algunas acciones que puedes realizar para que tus hijos vayan aprendiendo los rasgos fundamentales de la inteligencia emocional son:
- Nombrar las emociones: “¿Estás enojado porque te quitaron el juguete?”
- Validar lo que sienten: “Entiendo que estés triste, eso es normal.”
- Modelar buena gestión emocional: que vean cómo tú manejas el estrés o la frustración.
- Leer cuentos con personajes emocionales y hablar sobre lo que sienten.
- Jugar a representar emociones con mímica, dibujos o títeres.
Normalizar y comunicar los que sentimos o sienten los demás es imprescindible para que poco a poco vayan mejorando su inteligencia emocional.
Niños con alta inteligencia emocional
Repasamos algunos de los rasgos más fundamentales de los niños que ya cuentan con inteligencia emocional:
- Reconoce y expresa sus emociones adecuadamente: los niños con esta capacidad saben que es natural sentirse triste, enfadado, frustrado o preocupado ante una situación difícil. Del mismo modo, han aprendido que está bien tener momentos felices, alegres o divertidos, incluso en momentos complicados.
- Muestra empatía hacia los demás: los niños emocionalmente inteligentes también pueden reconocer las emociones de los demás. Entienden que tanto los adultos como los niños pueden tener sentimientos fuertes durante momentos difíciles y que cada uno se enfrenta a ellos de manera diferente. Además, demuestran facilidad y comodidad al escuchar la perspectiva del otro, respetan sus necesidades e intentan trabajar juntos para mejorar la situación.
- Maneja bien la frustración: tener inteligencia emocional, no se trata de mantener la calma o evitar las lágrimas. Se trata de usar estrategias y habilidades para manejar, tolerar y reducir el estrés y la frustración cuando surgen situaciones desestabilizantes.
- Escucha activamente: este rasgo se une al de demostrar tener empatía, ya que dar espacio a los demás para expresarse les ayuda a entender y acompañar a los demás.
- Se adapta a cambios con facilidad: cuando los niños superan obstáculos y consecuencias en un entorno seguro, pueden desarrollar habilidades de toma de decisiones y flexibilidad, al mismo tiempo que cultivan la conciencia emocional y la autoestima.
- Resuelve conflictos de manera constructiva: es probable que esta habilidad la hayan aprendido al observar a sus padres. Modelar la autorregulación y la comunicación abierta es fundamental en la inteligencia emocional.
- Tiene una buena autoestima: poner límites es algo muy valioso en las relaciones sociales y en el autoconocimiento. Por eso, tener una alta inteligencia emocional implica saber cómo les gustaría que los trataran y comunicarlo con eficacia, a la vez que son sensibles con la otra persona.

