Aventura, calidad de vida, solidaridad, impulso… Son diversas las razones que llevan a una enfermera española a lanzarse al mundo y aunque la enfermería española alcanza los cinco continentes, allí donde llegan a veces las cosas son muy diferentes.
En este reportaje, emitido en el programa En bones mans de Onda Cero Cataluña, nos sumergimos en la historia de cinco enfermeras españolas que han recalado en cada uno de los cinco continentes. Destinos en Peru, Camboya, Noruega, Chad o Australia, algunos con estancias temporales de cooperación, otras como periodo transitorio y alguna con espíritu de estancia definitiva.
Este es el reportaje sonoro:
Laura, de 21 años, se sumó a un voluntariado en América Latina de la mano de la orden de San Juan de Dios España. Su destino fue Perú y asegura que fue "el viaje de las primeras veces, una experiencia transformadora" de la que volvió "con una mochila llena de experiencias, recuerdos y de personas". Ahondando en su labor profesional, reconoce que uno de los aspectos que más le sorprendieron "fue la diferencia entre los hospitales públicos y los privados que encontré, al menos en Cusco, la ciudad donde estuve en Perú, por ejemplo. A nivel de recursos materiales e instalaciones había una diferencia muy notable en el público. Se apreciaba la manca de personal sanitario, de espacios materiales en consulta y quirófano. En cambio, en el privado las diferencias frente a los hospitales españoles no se notaban tanto".
El hilo de solidaridad conecta Perú con Camboya, donde recaló Ana, de la mano de la ONG Sauce y en el proyecto del jesuita Kike Figaredo, que define como "de gran magnitud en el país". Por supuesto, las diferencias con la enfermería en España, con la sanidad española en general, "son abismales", asegura. En el balance de su trabajo Ana destaca el que le haya permitido "ver cómo es atender a población en situaciones muy muy, muy muy desfavorables, con una cantidad de recursos mínima para atender situaciones de riesgo, con materiales escasos y tratando de echar la mayor imaginación posible y teniendo una barrera lingüística existente. Creo que te forman mucho como profesional para saber actuar en determinadas situaciones que en tu día a día no se te presentan. Y también te ayuda un poco a valorar el sistema sanitario que nosotros tenemos en nuestro país."
En busca de mejores oportunidades
No siempre es la cooperación lo que impulsa la marcha, Andrea buscaba y encontró, tranquilidad en Noruega. "Yo tenía ya una estabilidad en España -confiesa- y lo que me interesaba era mejorar mis condiciones tanto económicas como de calidad de vida. Y aquí es algo que se prioriza realmente la calidad de vida y tener tiempo para tener una vida personal de calidad. Nosotros realmente aquí sentimos que trabajamos para vivir y que tenemos una vida muy tranquila". Destaca de su experiencia "la calidad humana de las personas y sobre todo las compañeras" con las que se ha ido encontrando, pero también la oportunidad de romper un mito: "en Noruega hay mucha necesidad de enfermeras -asegura- y de personal sanitario en general, pero no porque estemos mejor formadas, ese mito es un poco prepotente. Simplemente somos valoradas, como el resto de enfermeras que trabajan aquí".
Aunque a veces las estancias son cortas, otras se alargan hasta convertirse en un modo de vida. Javier lo encontró en África y en Médicos sin Fronteras. Él habla de dolor, de guerra, de campos de refugiados en Sudán, de poner las manos donde más falta hacen. Y de cómo su pasión al contar un modo de vida hace que su entorno entienda por qué sigue aferrado a la solidaridad: "Al principio -reconoce- la gente pensaba que era una experiencia que iba a vivir, que era una etapa de mi vida. Luego la cosa se fue alargando y ya sé, ya empezó la pregunta de pero y hasta cuándo? Si la gente entiende porque yo cuento las cosas que veo, los cuentos, las cosas que hacemos y lo reconfortante que es esta labor humanitaria. Y lo entienden".
Cambiamos de continente porque fue la aventura la que convirtió Australia en un sueño para Sandra, tan asentada en las antípodas que ha conquistado hasta la ciudadanía australiana. Aporta el buen hacer de la enfermera que le enseñaron a ser en España y va anotando las diferencias con el sistema español: "Aquí -narra- la enfermera hace un poco de todo. En España no hacemos tanto cuidado. Aquí la enfermera tiene que lavar pacientes, cambiar pañales, curar heridas, dar la medicación. Porque aquí no hay auxiliares. Esas auxiliares que las echo tanto de menos o te caes como se llama ahora, creo. Perdón si ofendo a alguien, pero es así como se llamaba cuando yo trabajé en España. Y luego hay muchas técnicas que las hace el médico. Por ejemplo, poner vías, poner catéteres, lo hace el médico y en España lo hacemos nosotras".
"En Noruega he aprendido lo que es de verdad el trabajo interdisciplinar"
También nota esas diferencias Andrea en Noruega, con un punto positivo a favor de los nórdicos porque, asegura, "se habla mucho del trabajo interdisciplinar, pero realmente supe lo que significaba al llegar aquí. Aquí hay un debate abierto e inclusivo de todos los profesionales que tienen cabida en el tratamiento de cada paciente. Es muy normal y muy habitual tener reuniones multidisciplinares en las que todos los profesionales tienen voz y ninguna profesión tiene más valor que otra y es muy agradable trabajar de esta forma".
Las maneras de trabajar son distintas y hacerlo fuera de casa obliga a habituarse a los modos locales. Aportando y absorbiendo ideas. "En América Latina -explica Laura- el valor de cuidar lo tienen muy integrado a su forma de vivir gracias a su cultura, porque son mucho más familiares y eso se percibe mucho a la hora de tratar con el paciente". Desde Australia Sandra aporta su visión: "En España estamos más cerca de los médicos. Me refiero a conocimiento que aquí en Australia. Aquí en Australia, el nivel de enfermería es mucho más bajo. Lo bueno es que tienen todo especializado. Una enfermera es la especialista en respiratorio, otra enfermera, la diabetes..."
Cuando toca hacer balance lo que sale de la maleta es el "lo he conseguido" que le brota a Ana a su vuelta de Camboya, que completa con una confesión: "Creo que el mayor aprendizaje que me llevo no es tanto a nivel técnico, tanto a nivel profesional, sino a nivel personal. Yo fui con toda la ilusión del mundo y con muchas ganas de al menos poder poner ese granito de arena y ayudar en todo lo que se necesitara. Yo llegué a España con esa sensación de un trabajo bien realizado".
Echo de menos lo sociables que somos en España
Pero desde lejos también aflora la añoranza que muestra Sandra desde la barrera de coral de Australia por su barrio en España: "Echo mucho de menos -asegura- la cultura de sociabilidad de España, de oye, vamos a bajar al bar a tomarnos una cervecita, unas tapas o un café a cualquier hora". Esa empatía a distancia hace que Sandra se ofrezca a través de la red Dingoos para arropar a enfermeras españolas que estén pensando en ir a trabajar a Australia.
El contacto con la solidaridad en África lleva a Javier a soñar grande tras trabajar en Sudan, Chad, Yemen, Gaza, Mozambique o Camerún. Sueños que hablan de un mundo en paz. "Sueño -dice- con
volver algún día a esos sitios donde viví este mismo barrio en el que viví pero sin guerra. Pasear por la calle sin un toque de queda y poder ver a la gente con la que compartí y la gente que me acogió, pero sin tener que huir de ningún sitio y ningún conflicto".
Ana, Andrea, Javier, Sandra y Laura. Cinco enfermeras. Cinco continentes. Cinco formas distintas de ver la vida. O quizá muy similares. Porque son cinco maneras de conjugar el verbo CUIDAR.

