El presidente de Estados Unidos, Donald Trump convirtió el debate sobre el Estado de la Unión en un ejercicio de reafirmación política. Durante 1 hora y 47 minutos —el discurso más largo ante una sesión conjunta del Congreso— el presidente repasó lo que considera los grandes logros del primer año de su segundo mandato y habló de un "cambio radical en tiempo récord" que, aseguró, será "para la posteridad".
Once meses después de regresar a la Casa Blanca, Trump reivindicó avances en economía, empleo, seguridad y control de la inmigración. Afirmó que Estados Unidos tiene ahora "la frontera más sólida" en décadas, defendió la caída de la inflación y del precio de la gasolina y se atribuyó éxitos en la lucha contra el narcotráfico y en la mediación de conflictos internacionales, incluida la guerra en Ucrania. También sacó pecho de la situación economica del país pese a la subida generalizada de precios que está experimentando, ha asegurado que Estados Unidos se ha convertido bajo su liderazgo en "una nación más grande, mejor, y más rica que nunca".
Calificó como "desafortunada" la última decisión del Supremo
Uno de los ejes del discurso fue su política comercial. Tras el revés de la Corte Suprema a sus aranceles recíprocos, calificó la decisión de "desafortunada", pero anunció que el nuevo gravamen global del 10% sobre las importaciones será permanente y no requerirá la intervención del Congreso, pese a las dudas legales sobre ese procedimiento. Incluso sostuvo que los ingresos por aranceles podrían sustituir en gran medida el impuesto sobre la renta.
El tono fue el habitual del trumpismo: críticas a jueces, gobernadores y medios de comunicación, y duros ataques a los demócratas. Las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib lo interrumpieron cuando cargaba contra la inmigración irregular y le acusaron de "matar a estadouindenses", en uno de los momentos de mayor tensión en el hemiciclo.
Amenazas a Irán
El presidente de Estados Unidos ha afirmado que Irán sigue sin renegar de un arma nuclear, algo que "nunca" permitirá, pese a lo que reiteró su apuesta por la vía diplomática con el país persa y por una resolución negociada del conflicto en Ucrania. También aludió a Venezuela y a la necesidad de una transición política en el país, en el marco de una estrategia más amplia para América Latina.
Con la vista puesta en las elecciones legislativas de medio mandato y con índices de popularidad en torno al 40%, Trump utilizó la tribuna del Congreso como plataforma electoral y como escaparate de un liderazgo que reivindica sin matices.

