La segunda jornada del juicio por el caso mascarillas ha dejado un momento inesperado, que ha generado tensión en la sala. El letrado de José Luis Ábalos, Marino Turiel, ha preguntado a la expareja del exministro si su profesión tenía que ver con "una contraprestación económica a cambio de sexo". La pregunta cuestión ha generado tal sorpresa dentro y fuera de la sala que el propio tribunal ha solicitado al abogado a replantearla antes de que la testigo pudiera contestar.
Cuando por fin pudo responder, Jéssica Rodríguez lo ha negado: "No, no se preocupe. Yo le contesto. Soy dentista y estoy colegiada". El letrado ha incidido, preguntándole si en los años en que mantuvo relación con Ábalos, en torno a 2019, se dedicaba a esa actividad. "Era azafata de imagen", ha zanjado ella.
Una estrategia de la defensa para desacreditarla
Turiel ha comenzado su interrogatorio preguntando a Rodríguez si había sido una "captación" del empresario Víctor de Aldama para el entonces ministro.
Las defensas de Ábalos y de Koldo García intentaron fijar ante el tribunal que la testigo era una prostituta a la que ambos habrían conocido a través del presunto conseguidor del caso Koldo.
Sin embargo, Jéssica Rodríguez se ha mantenido en el relato que ya era conocido: fue la novia del ministro y se comportó como tal. Según declaró, le conoció en un pueblo, a la vez que a Koldo García, aunque no recordó más detalles sobre las circunstancias del encuentro.
Una prebenda ha llamado la atención del resto de los presentes en la sala: a diferencia de los demás testigos, el tribunal permitió a Jéssica Rodríguez declarar sin que la señal de imagen distribuida a los medios mostrase su rostro, con el fin de preservar su intimidad.

