MISIÓN ARTEMIS II

"Artemis II no es solo ir y volver: es aprender a vivir fuera de la Tierra", el mensaje de Aparici sobre la nueva era lunar

En pleno sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, Alberto Aparici sigue en directo el streaming de la NASA y desgrana en La Brújula el alcance real de Artemis II. El divulgador subraya que el récord de distancia batido por la misión es solo la parte visible de un objetivo mayor: convertir la Luna en laboratorio para quedarse y, algún día, dar el salto a Marte.

ondacero.es

Madrid |

El sexto día de la misión Artemis II dejó una imagen para la historia: cuatro astronautas —tres estadounidenses y un canadiense— se convirtieron en los seres humanos que más lejos han viajado del hogar, superando el récord que hasta ahora ostentaba el accidentado Apolo 13.

Desde el estudio, Rafa Latorre conectó con el físico y divulgador Alberto Aparici, "el hombre de la ciencia" del programa, para que explicara el verdadero alcance de una expedición que, más allá del golpe simbólico, está diseñada para convertir la exploración lunar en algo rutinario.

Un récord que esta vez se bate "aposta"

Aparici recuerda que el récord de distancia que hoy pulveriza Artemis II lo tenía "a su pesar" el Apolo 13, que se vio obligado a alejarse más de lo previsto tras sufrir una grave avería en vuelo. "Yo diría que hemos llegado un poquito más lejos de lo que habíamos llegado, pero por primera vez aposta, no sin querer, sino porque de verdad queríamos hacer esto", resume el físico, que destaca la diferencia entre aquel improvisado rodeo y la trayectoria cuidadosamente calculada de la misión actual.

El divulgador explica que Artemis II sigue una órbita que aprovecha la gravedad lunar para devolver la nave a la Tierra sin gastar combustible extra. En ese contexto, alcanzar el punto más lejano no es un capricho, sino una consecuencia de la ruta diseñada para probar el comportamiento de Orión y sus sistemas en condiciones extremas. "En ese sentido no es un hito espectacular, sino que es parte de la misión y es una cosa que ya estaba estudiada", matiza.

La emoción de mirar en directo la cara oculta

Mientras conversa con Latorre, Aparici confesó estar siguiendo en tiempo real la señal de la NASA. "Estoy viviendo este hito con verdadera emoción, porque además estoy siguiendo el streaming de la NASA y lo estoy viendo ahora mismo, lo que ellos están viendo", comenta.

En la pantalla, describe, desfilan "accidentes geográficos de la cara oculta de la Luna": el Mare Moscoviense, el cráter Tsiolkovski o la gigantesca cuenca Aitken aparecen con una definición inédita, gracias a las cámaras de alta resolución de Orión.

Aunque no es la primera vez que una misión orbita alrededor del satélite ni la primera en mostrar su lado oculto, el divulgador subraya el valor de que cualquier ciudadano pueda asomarse, en directo, a esos paisajes lunares desde YouTube. "Me parece espectacular", afirma, antes de recomendar a los oyentes que se conecten para verlo con sus propios ojos.

40 minutos sin hablar con la Tierra

Uno de los momentos más delicados de la jornada es el paso de Orión por detrás de la Luna, que deja a la tripulación incomunicada con la Tierra durante unos 40 minutos. "Efectivamente, hay 40 minutos que van a estar al otro lado de la Luna y, claro, la Luna va a hacer sombra a cualquier transmisión que pudieran enviar a la Tierra", explica Aparici, que atribuye este "apagón" a la ausencia de satélites repetidores estadounidenses en esa zona.

El físico recuerda que China sí dispone de esa infraestructura, con satélites como Queqiao para comunicarse con la cara oculta, algo que ya ha permitido a su programa espacial operar sondas en esa región. Aun así, tranquiliza a la audiencia: "No se espera que durante ese paso por debajo de la Luna pase nada especial, porque están en el vacío del espacio, así que volverán a salir y todo irá bien." El objetivo, insiste, no es asumir riesgos, sino comprobar que todos los sistemas se comportan como está previsto.

Orion, banco de pruebas para la "vida" en el espacio

Más allá de las imágenes espectaculares, Aparici insiste en que esta misión es, sobre todo, un ensayo general de la tecnología que deberá hacer posible una presencia humana sostenida en la Luna. "Básicamente, esta misión lo que quiere es comprobar que la nave Orión puede volar con astronautas y que cumple las especificaciones", explica. Entre las pruebas previstas cita:

  • Ensayos con los trajes espaciales, comprobando que los astronautas pueden ponérselos, moverse y operar con ellos.
  • La despresurización controlada de la cabina, con la tripulación dentro de los trajes, como simulacro de contingencias.
  • La identificación de las zonas de la nave con mejor blindaje frente a la radiación, pensadas como refugio ante una posible tormenta solar.

"Son todo ajustes previos, para cuando ir a la Luna sea una cosa más rutinaria y puedan ocurrir esta especie de imprevistos", resume Aparici, que ve en Artemis II un paso imprescindible para que futuras misiones con alunizaje se desarrollen con mayor seguridad.

La Luna como ensayo general de Marte

Cuando Latorre le pregunta si este avance acerca la llegada a Marte, Aparici distingue entre la tecnología necesaria para la Luna y la que exigirá un viaje al planeta rojo. "La tecnología necesaria para llegar a Marte no es la tecnología necesaria para llegar a la Luna", advierte, dejando claro que con lo que se está probando ahora "no podríamos ir a Marte".

Sin embargo, el físico subraya un cambio clave respecto a la carrera espacial de los años 60 y 70: "Ahora ambos contendientes, tanto Estados Unidos como China, dicen que el objetivo es ir y quedarse." Es decir, dejar de concebir la exploración como una demostración puntual de fuerza para empezar a pensar en términos de bases, infraestructuras y utilización de recursos locales.

Pone como ejemplo los planes chinos de fabricar ladrillos con regolito lunar y otras tecnologías de construcción in situ, habilidades que, recalca, serán imprescindibles si algún día queremos viajar a Marte, donde los trayectos durarán semanas o meses y no será viable "estar dos días y volverse".

"En la Tierra damos por sentado que tenemos hornos, material, tecnología… Ese material no está en la Luna, con lo que vamos a tener que aprender a hacer todas esas cosas en un cuerpo que no es la Tierra", concluye, enlazando la actual carrera lunar con una futura economía espacial en la que fabricar y mantener estructuras fuera del planeta será cotidiano.